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Orlando Fals Borda: un siglo de sociología científica y compromiso social

El pasado 12 de septiembre se realizó en la Universidad del Valle un homenaje a la vida y obra del sociólogo colombiano Orlando Fals Borda por el centenario de su natalicio. La ocasión fue propicia a la discusión de problemáticas contemporáneas y a la divulgación de las aportaciones más relevantes del fundador de la sociología en Colombia.

Por: William Rosero
Estudiante de Licenciatura en Literatura, Univalle

Orlando Fals Borda (1925-2008), sociólogo, investigador y escritor colombiano.
Orlando Fals Borda (1925-2008), sociólogo, investigador y escritor colombiano.

Ya lo dijo el profesor Alberto Valencia, el primer ponente en tomar el micrófono: “Fals Borda es un embajador cultural de nuestro país junto a Gabo y Botero”. No necesita presentación.

Algunos de sus neologismos, incluso, se han infiltrado en el habla popular. Como es el caso del término “sentipensar”, frecuente en círculos progresistas que abogan por un paradigma epistemológico que no haya sido “higienizado” por el logos científico.

Este conversatorio contó con la participación de uno de los alumnos más destacados de Fals Borda, José María Rojas, bautizado por el profesor Luis Carlos Castillo —también ponente— como su heredero intelectual, y por Alberto Valencia.

Orlando Fals Borda (1925-2008) fue un intelectual controvertido. Su formación académica no empezó, como cabría suponer, en una biblioteca imponente. Antes de viajar al interior del país en busca de respuestas, dedicó buena parte de su juventud a la música. Alberto Valencia recuerda con especial entusiasmo el concierto que se realizó en Univalle y que revivió una buena parte de su trabajo en música coral y de cámara.

Se lo recuerda por haber fundado una de las primeras facultades de sociología de toda América Latina, la de la Universidad Nacional, pero también por la enorme repercusión de su obra. La violencia en Colombia (1963) fue un verdadero hito cultural. “La sociología salió del claustro”, afirma Luis Carlos Castillo para dar cuenta de su impacto.

También participó en la Asamblea Nacional Constituyente. Fue el promotor más destacado de una reorganización territorial que nunca llegó. Todos los días podía vérselo con cientos de mapas distintos de cómo se debían trazar los nuevos límites de las poblaciones.

La reacción fue inmediata. La Iglesia y el Estado reaccionaron de forma contundente. Lo cierto es que Fals Borda no tuvo mucho qué ver. Solo escribió un prólogo en el primer tomo, y en el segundo aprovechó la oportunidad para comentar el recibimiento del libro anterior. Su recorrido intelectual da cuenta de esto: estudió comunidades indígenas de cerca. Fals conocía mejor que nadie el impacto de la violencia colonial. Lo suyo fue, más bien, un trabajo de compilación. Había una barrera ética que le impedía tomarse el asunto a la ligera.

Alberto Valencia habla de tres pilares en el proyecto intelectual de Fals Borda:  pensar la sociedad desde un punto de vista comunitario —el saber sociológico solo tiene sentido como punto de partida para la transformación social—; la unión de mente y corazón (sentipensar), y la armonización de voces para contrarrestar la amenaza de una voz dominante.

José Rojas se encargó de elaborar un retrato humano del sociólogo. Fals nació en una familia evangélica, lo que podría explicar su modo de vida abstemio, aunque debiera interrumpirlo durante alguna investigación. Hay poblaciones que solo están dispuestas a hablar en medio de una “tomatiza”.

Fals Borda podía ser impredecible, o “locato”, como afirma Rojas.  A veces salía corriendo de la nada o se ponía a inventar palabras sin ton ni son. “Sentipensar” pudo ser una de ellas.

Alberto Valencia habla de tres pilares en el proyecto intelectual de Fals Borda:  pensar la sociedad desde un punto de vista comunitario —el saber sociológico solo tiene sentido como punto de partida para la transformación social—; la unión de mente y corazón (sentipensar), y la armonización de voces para contrarrestar la amenaza de una voz dominante.

Esto no le quitaba lo ordenado. La facultad de Sociología fue un remedo de su tenacidad. Todo estaba siempre en su lugar, así como en su apartamento, donde Rojas fue invitado varias veces. La pulcritud orientó la vida del sociólogo.

Para contener a los de espíritu rebelde, dados a introducir el caos, no le quedaba más que hacerse el “enojado”, ya que no podía estarlo de verdad.

Quizá José Rojas sea el más autorizado para hacer estas confidencias. Ha hecho grandes contribuciones a la sociología colombiana. Su libro Territorio, economía y sociedad Paez (1985) es todo un referente en el área. Además, fue el responsable de escribir la biografía intelectual de Fals Borda.

Esto nace de su estrecho contacto. Rojas trabajó junto a él en distintos proyectos. Estuvieron en la única investigación de orden telético que realizó alrededor de los sindicatos y cooperativas de Colombia, Venezuela y Ecuador.

La teoría telética fue el precedente teórico de su mayor aportación, la investigación-acción participativa IAP. Esta podría entenderse como un método que encuentra su significado en los fines y en la acción. Ejemplo de ello es la utopía. La diferencia entre ambas está en el modo como se aborda el objeto de estudio. La IAP es menos especulativa y se mueve bajo los supuestos de que no existe la neutralidad valorativa y que el sociólogo debe comprometerse con la transformación social.

También hubo tiempo para responder a las preguntas del público. Hubo quienes se interesaron en la relación entre el territorio y el movimiento social dentro de la obra de Fals Borda; otros que cuestionaron su noción de desarrollo, y algunos que estaban interesados en explorar las conclusiones de la IAP con respecto al saber popular. José Rojas respondió a todos con solvencia. La cuestión del saber popular lo retuvo por más tiempo. Este tipo de conocimiento no puede entenderse como la manilla del vendedor ambulante. José Rojas, en consonancia con su maestro, afirma que debe ser comprendido como una pauta de orientación.

La IAP —continúa— es el método de investigación empírico que le faltaba al marxismo. Su facultad para exponer el saber popular es sumamente valiosa. No se trata de un conjunto de reglas, su naturaleza contingente le permite plegarse a la realidad del objeto, lo que favorece su aplicación en momentos de inestabilidad.

José Rojas confía en que estas ventajas sean un aliciente para que la academia permanezca fiel al legado de Fals Borda. Su vigencia contribuye a que las nuevas generaciones sigan actualizándolo con perspectivas inéditas. La lectura de su obra es una garantía de independencia intelectual y de progreso para la nación.

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