Camilo Gonzáles: “La paz de 2016 es una paz inconclusa”
¿Qué es la paz total? ¿Cuál fue la concepción de paz que modeló los acuerdos de La Habana? ¿El diálogo es un mecanismo eficiente para acabar con el conflicto? Camilo Gonzáles, presidente de Indepaz y exnegociador del Gobierno en los diálogos de paz, estuvo en Univalle el pasado viernes 5 de septiembre para resolver todas estas cuestiones en el marco de la Cátedra de Paz y Democracia.
Por: William Rosero
Estudiante de Licenciatura en Literatura, Univalle

Camilo Gonzales (1947) fue miembro de la Comisión Nacional de Garantías de Seguridad, designado por los firmantes del Acuerdo de Paz de La Habana, además de ministro de Salud en el gobierno de Cesar Gaviria y firmante del acuerdo para convocar la Asamblea Constituyente. Actualmente es presidente de Indepaz.
El conversatorio corrió a cargo de Adolfo Álvarez Rodríguez, director del Instituto de Investigación e Intervención para la Paz.
Camilo Gonzales también es univalluno. Salió de aquí como ingeniero químico. Su papel como líder e intermediario se dejó ver desde bien temprano. No por nada es considerado —de acuerdo con Álvarez— como el dirigente más importante del movimiento estudiantil de los años 70. Se proyectó hablar de esto en algún punto del conversatorio, pero el momento nunca llegó.
La agenda dio inicio con las reflexiones de Camilo Gonzáles alrededor del concepto de paz total. Para él no se trata de una dimensión que atraiga el consenso de la comunidad; por el contrario, es un “terreno” en disputa, dado los diferentes tratamientos que recibe.
La paz total de los documentos políticos no es la misma que la de los diálogos, ni la del pueblo ni la del mismo presidente (esta última instancia fue una incorporación propuesta por el moderador). Esta inestabilidad semántica fue el motivo principal para que Gonzáles abogara por un cambio de paradigma: en lugar de paz total, propone que hablemos de negociaciones fragmentadas.
Gonzales también hizo un alto para explorar la concepción de paz bajo la que se firmaron los acuerdos de 2016. En su opinión, se trata más bien de una visión neoliberal, basada en el principio de pacificación de los territorios, lo que ignora la verdadera transformación objetiva del Estado. Tal vez fuera eso lo que lo llevó a afirmar que la paz de 2016 está inconclusa. Es una pena que por falta de tiempo no pudiera profundizar en este asunto.
Gonzáles afirmó que el diálogo no debe ser la columna vertebral para la paz. Simplemente, porque no es posible. La realidad va en detrimento de estas ilusiones. No se puede establecer una mesa de diálogo con un grupo como totalidad, pues las condiciones objetivas de los grupos armados es que están dispersos bajo diferentes autoridades.
Esa es la lección que nos queda de las primeras negociaciones. Gonzáles mencionó cifras alarmantes. Del 15% de quienes firmaron el acuerdo, 10% acabó por reincidir en la vida delictiva (producto de una mala reinserción social). El 85% restante no traspasó el umbral de irreversibilidad. Este principio distingue los procesos exitosos de los que no lo son.
En un escenario de estas características, con negociaciones fragmentadas y grupos armados sin vocación política, no es posible identificar a un interlocutor válido. Gonzáles piensa que no se construye paz sobre este precedente; de ahí que haga un llamamiento a recuperar la noción de paz como negociación política, lo cual también puede resumirse en uno de sus postulados más importantes: pasar de una paz total, a la perspectiva de una construcción integral para la paz.
Gonzáles afirmó que el diálogo no debe ser la columna vertebral para la paz. Simplemente, porque no es posible. La realidad va en detrimento de estas ilusiones. No se puede establecer una mesa de diálogo con un grupo como totalidad, pues las condiciones objetivas de los grupos armados es que están dispersos bajo diferentes autoridades.
No iremos a ningún lado si dejamos la responsabilidad del cambio en manos de grupos aislados o de sujetos que han tomado el camino de la “veeduría armada”.
También hubo espacio para las preguntas. La primera atacó el fenómeno de la rentabilidad del narcotráfico. Gonzáles tiene una perspectiva amplia al respecto. Durante su época como funcionario público hizo viajes a la OMS con el propósito de discutir el asunto del prohibicionismo. Él considera que en un sistema neoliberal y capitalista, las mafias son un elemento casi imprescindible. Así lo requiere la circulación del capital. Esto representa una barrera. Tampoco se puede dejar de lado que la economía ilegal también se nutre de otras fuentes, como la minería de oro.
Gonzáles no es optimista con respecto a la abolición. Para esto se necesita de un acuerdo nacional. Sin embargo, considera que el tratamiento de esta problemática es imprescindible para pasar de la solución de conflictos a la atención de conflictos creativos.

También se cuestionó el papel del presidente Petro en la movilización a favor de la paz. No parece muy “prudente” que convoque a la población para defender una reforma, y no para enviar un mensaje contra la violencia. Gonzáles opina que esto no debe sorprender a nadie. El presidente debe gobernar, esa es su verdadera función. No le corresponde asumir el rol de líder del movimiento para la paz. El cambio solo puede venir desde abajo. Pone, por ejemplo, lo que sucedió durante las conocidas papeletas del 94. Si entendimos bien, Gonzáles aboga por una transformación que dé cuentas de un cambio de actitud nacional y no de un simple papel con directrices infecundas. Eso explicaría el énfasis que realizó en el poder popular como agente transformador.
Hubo otras intervenciones, solo que con un ánimo más bien de puntualización. Gonzáles no pudo contestar a todas. Debía asistir a un almuerzo. Adolfo Álvarez prometió que la charla continuaría en una segunda invitación, algo con lo que el invitado se mostró de acuerdo. No faltó quien lo detuviera de camino a la salida para resolver alguna duda, por lo que es razonable conjeturar que se retrasó más de la cuenta.



