¿Qué pasa con la financiación de la investigación en Colombia?
La inversión en investigación y desarrollo ha disminuido considerablemente en los últimos años, poniendo en riesgo el desarrollo económico del país. Un análisis de este fenómeno explica cómo las causas son principalmente políticas y económicas.
Por: Jhon Restrepo Aparicio
Estudiante de Administración de Empresas

El discurso fue tan sobrio como el mensaje. El presidente Juan Manuel Santos, en una conferencia ante la ANDI, propuso que los recursos de Colciencias fueran usados para construir vías terciarias. En un país con pretensiones de convertirse en una nación desarrollada (al menos esa es la tónica de los discursos) sus palabras sonaron como un balde de agua fría y una contradicción.
La caída en los precios del petróleo golpeó fuertemente las finanzas de Colombia. Esta situación fue una de las causas de la famosa reforma tributaria que aumentó el IVA al 19% (uno de los más altos de la región). También ha suscitado el traspaso de unos fondos hacia otros considerados prioritarios para el país. Cambiar la inversión en investigación por carreteras en un país que no tienen vías para transportar sus productos puede tener cierta lógica. Sin embargo, un análisis más exigente muestra cómo esta visión es de corto plazo y no necesariamente es beneficiosa para la nación.
Desde hace mucho tiempo, la receta para el crecimiento económico y de la calidad de vida de los países ha pasado por elevados aumentos en la inversión tecnológica y en educación. Autores como Paul Romer han desarrollado teorías económicas diferentes al tradicional modelo neoclásico donde se explica como el crecimiento económico no depende exclusivamente de la liberalización de la economía y del aumento de capital, sino también de un aumento sostenido de inversión en tecnología y desarrollo. Este modelo es conocido como la teoría del crecimiento endógeno y explica muy acertadamente el motivo por el cual las principales economías del mundo invierten ingentes cantidades de dinero en investigación y conocimiento, con la consecuencia de que países que hace solo unas décadas eran pobres y sin grandes recursos naturales como Corea del Sur, Singapur y Taiwan, ahora son más ricos que Colombia.
Estas naciones se caracterizan por producir mercancías complejas que generan grandes ganancias. Por el contrario, las economías de los países más pobres se encargan de productos menos preparados como el sector minero energético o la agricultura. Como se dice: “Colombia exporta café, pero importa Nescafé, exportamos petróleo, e importamos gasolina”.
Las razones por las cuales este modelo no se aplica en el país son varias, algunas coyunturales, pero por lo general se relacionan con 3 factores, falta de visión política, corrupción y financiación.
La inversión en educación no da resultados inmediatos, y esto puede ser chocante para una clase política que necesita exhibir resultados rápidos a la opinión pública. De la misma manera, es un sector con pocos votos y poder político. Por esa razón se prefiere invertir en cemento y carreteras que en conocimiento.
También tiene que ver con la manera como se reparte la inversión en Colombia. La mayor parte del dinero en investigación en Colombia es administrada directamente por las gobernaciones. Hace parte de la muy conocida mermelada santista y la misma historia de cómo los dineros públicos son manejados por políticos y no por la gente idónea.
La inversión en educación no da resultados inmediatos, y esto puede ser chocante para una clase política que necesita exhibir resultados rápidos a la opinión pública. De la misma manera, es un sector con pocos votos y poder político. Por esa razón se prefiere invertir en cemento y carreteras que en conocimiento
El contralor Edgardo Maya, en un informe realizado este año, mostró cómo en el periodo de 2012 y 2015, de 2,2 billones de pesos para la investigación en Colombia 2,1 fueron gastados por las gobernaciones y el resto por las universidades y Colciencias. Entre sus hallazgos se encontró cómo dinero destinado para investigación tecnológica terminó en un asadero de pollos y un spa. Y no, no es un chiste. “Una buena parte de los proyectos de ciencia y tecnología son ejecutados por contratistas poco idóneos y no responden a las necesidades puntuales de las regiones”, señaló el informe.
De la misma manera el monto de los recursos no es equilibrado de acuerdo al perfil de cada región. Departamentos como el Valle y ciudades como Bogotá, cuyas universidades siempre rankean entre los principales puestos en investigación ejecutan un presupuesto inferior al de Choco.
Del poco dinero que recibe Colciencias, la entidad más importante del país para el desarrollo científico, solo una pequeña parte va destinada para generar conocimiento. Enrique Forero, presidente de la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, comenta cómo el presupuesto de Colciencias bajó de 427 millones de pesos en 2013 a 276 mil millones en 2016 y que “del total de ese dinero, el 70% está comprometido en becas doctorales y maestrías. Les aseguro que la ciencia está sufriendo mucho por esta desfinanciación”.
El dinero que se invierte no solo está mal invertido, también es poco al compararlo con otros países de la región y del mundo. En naciones más desarrolladas la inversión en este rubro está cerca del 2% al 4% del PIB. En Colombia esa cifra es tan solo del 0,18%. Incluso comparándonos con otros países en vía de desarrollo de la región, Colombia se encuentra rezagada. Brasil y Chile invierten entre el 1,16% y el 0,48% respectivamente.
La inversión en generación de conocimiento es vital para el desarrollo de un país. Sin una adecuada financiación el desarrollo de Colombia seguirá siendo importante solo en el discurso de los políticos, pero no en la realidad.



