Esgrima de Machete y Bordón. Un juego que le apuesta a la Memoria
Sabes lo que quiero yo, al machete
gústele a quien le guste, pésele a quien le pese.
Mira como vienen to’s mis negros. Al machete
díselo, cógelo. Al machete.
Machete, Orishas
Por: Juan Sebastián Mina
Estudiante de Lic. en Literatura

Jugar en tiempos convulsos y vacilantes es un acto revolucionario: como los niños judíos brincando por los campos de concentración; como los esclavos apostando a las cartas después de una jornada entre flores de algodón al sur de los Estados Unidos; como los negros bailoteando con sus armas tras la guerra de Independencia de Colombia y, 207 años después, los bisnietos de aquellos negros esgrimiendo su machete en el Norte del Cauca.
“Jugar a la esgrima con Machete es una tradición”, dice don Miguel Vicente Lourido, hombre de manos fuertes y de agilidad felina, candidato al título de Maestro y uno de los líderes de la iniciativa de la Escuela de esgrima y bordón.
El escenario de este Patrimonio Municipal es la Casa del Cacao, en Puerto Tejada. “Antiguamente todas estas tierras eran haciendas esclavistas”, puntualiza don Miguel. Belalcazar llegó al Cauca en 1536; en sus barcos traía negros y semillas de caña de azúcar. Al disminuir el trabajo en las minas, el auge de la caña convierte a los esclavizados en expertos macheteros. Hombre y machete eran uno. Al norte del Cauca llegó una gran cantidad de esclavizados desde principios del siglo XVII, y haciendas como La Bolsa, Quintero, Pìlamo y Japio hicieron gala de bienvenida entre grilletes, fusta y hambre. Todas estas tierras eran surcadas por los ríos Palo y Paila; estas carreteras sin asfalto y pez en abundancia constituían rutas de comercio y delimitaban la zona: del rio pacá las tierras, del río pallá el monte.

En todas las Américas, donde quiera que la esclavitud fuera una institución fundamental, la resistencia esclava, el miedo a las revueltas y el problema de los esclavos fugitivos atormentaron a los colonos. Y esta zona no fue la excepción. “Un grupo de esclavizados se fugó atravesando el río y se estableció en el monte. Esto era pura selva ojcura. Ahì empezaron a construir sus casitas y vivían de lo que sembraban y de lo que lograban robarle a los españoles. Una vez se robaron un ternero. Y los dueños búsque que búsque el verraco ternero. Hasta que dieron con las huellas, y vieron que cruzaba el río. Lo atravesaron. Y lo que encontraron fueron a estos cimarrones que estaban cocinando. Y salie-ron corriendo y dejaron todo tirao. Desde ahì acostumbraban a venir a la hora de la comida, hasta que un día, hermano, uno de ellos se la pilló y antes de salir corriendo, envenenó toda la comida. Ese murieron como diez”. Asì nació el Palenque de monte oscuro, cuenta don Miguel.
Cuando las comunidades Cimarronas se hicieron muy peligrosas y difíciles de destruir, las sociedades coloniales no tuvieron más remedio negociar tregua. Después se vendría el tiempo de la guerra. Eran pocas las opciones. Los negros no podían cantar, bailar o adorar a sus dioses, ¿por què deberían pelear por una patria que no era de ellos? Una carta de Bolívar a Santander, explica la orden de reclutamiento de esclavos en el ejército: “las razones militares que he tenido para ordenar la leva de esclavos son obvias. Necesitamos de hombres robustos y fuertes acostumbrados a la inclemencia y a las fatigas, de hombres que abracen la causa y la carrera con entusiasmo, de hombres que vean identificada su causa con la causa pública y en quienes el valor de su muerte sea poco menos que el de su vida”.

El negro ha fecundado estas tierras con su sangre, alimentado los gusanos con su cuerpo y contribuido a la historia con su lucha. Historia que Don Miguel y su gente quieren seguir construyendo. ¿La razón? La mayoría de las 45.000 personas que habitan este municipio son negros (afros), descendientes de esos hombres libertos del Palenque de monte oscuro. “Nosotros podemos coger cualquier persona de aquí del pueblo, sobre todo gente de la etnia nuestra (la negra) y todos van a tener al menos un ancestro que practicó la esgrima con machete y bordón”. Este juego de la esgrima es una apología a la Memoria.
Abelardo Carabalí, antropólogo caucano, dice que “lo que destaca a Puerto Tejada es su gran habilidad para el arte del machete”. Es una frase polémica, que sin duda despertaría, fuera de contexto, los más diversos comentarios. Sin embargo, apunta a destacar del Pueto, como lo anuncian buses y piratas que de Cali parten para allá, el papel fundamental que detenta frente a este arte marcial.
El juego de esgrima con machete y bordón es una práctica inquietante y reveladora, pues rompe con el imaginario de la Esgrima europea, generalmente vista como un deporte estilizado y con visos elitistas. A diferencia de ésta, las paradas de la esgrima con machete no son en línea recta. Tampoco se lleva protección, asì la responsabilidad de no morir o quedar herido está al vaivén del machete y la destreza.
Aunque “este juego no se usa como ofensa”, dictamina don Héctor Elías Sandoval, quien detenta el título de Maestro.
Don Héctor Elías se hizo machetero por allá en las tierras del Huila, una tarde en la que su peinilla huérfana y un bejuco le salvaron de ser degollado. Allá empezó lo que hoy se conoce como la Escuela Itinerante de esgrima. El destino de uno depende de muchos destinos ajenos, cruzados, caprichosos. Sus maestros, don Miguel María Caicedo y don Fidel Castillo, lo introdujeron en algunas de las más de 20 modalidades de la esgrima: el granadino, el elástico de sombra, el zaragozano, el venezolano, el español y el español reformado. Este último es su especialidad y el más extendido en la región.

Don Sandoval y don Miguel enseñan cada domingo, con paciencia de relojero y gracia de armadillo, los ejercicios para fortalecer los músculos y hacer del machete y el bordón una extensión humana. Entramos en materia: “hay un tiro que va a las piernas. Hay uno vertical, que es el que va derechito a la cabeza; uno transversal que va a la cintura y al que los maestros antiguos le decían cinturero; uno que corta en diagonal, que también le dicen carrilero, debe ser porque así se cuelga el carriel; hay un tajo que le dicen sobaquero, que va hacia arriba, ese es contrario al diagonal; también está la estocada… ” Puntualiza don Sandoval.
Estocada es lo que ha dado este juego a la Iglesia católica. Satanizado por una casta criolla afrancesada, tullidos por naturaleza, el machete se afiló entre bundes, plátano, candela, sudor y sangre, hasta convertir a Colombia en el mayor productor y exportador de machetes del mundo. El machete es a Colombia lo que la navaja a Suiza.
El de don Miguel es un Águila Corneta de 20 pulgadas. El preferido de don Sandoval es uno que llaman Seguida, cuya hoja ser doblada hasta hacer un arco. “Es livianita y flexible. Especial para practicar esgrima” afirma el jovial octogenario, símbolo vivo de una etnia que reclama con el brillo de esta arma rasgando el cielo, OTRO lugar en la Historia. Mientras, seguimos Pa’ Lante alta la frente/ De frente vamos a demostrar/ Que no nuestro no fue un golpe de suerte/ Somos hacha y machete y esta es la verdad.




