Perfil

Sebastião Salgado: una vida dedicada a la denuncia social

Durante más de medio siglo, este brasilero universal, fallecido el pasado 23 de mayo, retrató con su cámara fotográfica aquello que estaba mal alrededor del mundo. La explotación despiadada de la Amazonía, la opresión ejercida sobre los trabajadores por parte de las grandes transnacionales, el deterioro ambiental y la depredación de los ecosistemas, fueron los ejes que estructuraron su trabajo. En tiempos de un creciente interés por la preservación del planeta, la vida y el agua, La Palabra le rinde un homenaje a este artista que supo encontrar la belleza en las fealdades del capitalismo contemporáneo.

Por: Alejandro Alzate

Sebastião Ribeiro Salgado Júnior (1944 – 2025), fotógrafo, periodista y economista brasileño. Foto: Kevin Scanlon. Tomada de nytimes.com
Sebastião Ribeiro Salgado Júnior (1944 – 2025), fotógrafo, periodista y economista brasileño.
Foto: Kevin Scanlon. Tomada de nytimes.com

Sebastião Ribeiro Salgado Júnior despertó desde muy joven una conciencia social que lo llevó a defender las causas de los oprimidos. La avaricia de las transnacionales, y las subsidiarias problemáticas ambientales derivadas de su accionar, movilizaron sus denuncias y cuestionamientos a lo largo de los años. Nacido en 1944, en Minas Gerais, este fotógrafo, periodista y economista se dio a la tarea de evidenciar la sistemática y creciente degradación del planeta. En ese sentido, la fotografía fue el dispositivo ideal para dar voz a aquellos que muchos hubieran preferido mantener en silencio.

Bajo la técnica del blanco y negro  que Salgado consideró siempre óptima por no distraer al espectador ― fueron cobrando vida proyectos como Amazonía y Trabajadores. El primero, se ocupó de mostrar tanto la exuberancia de fauna y flora de la región, como las problemáticas que ningún gobierno ha podido ― ¿o querido? ― frenar. En relación con esta exposición, cabe destacar que tuvo una acogida sin igual alrededor del mundo. Más de 1,5 millones de personas la vieron en París, Roma, Londres, Aviñón, Manchester, Los Ángeles, Madrid, Río de Janeiro, Milán, Sao Paulo, Zurich y Trieste.

El Amazonas, la mayor selva tropical del mundo mostrada en blanco y negro por Sebastião Salgado. Foto: Sebastião Salgado.
El Amazonas, la mayor selva tropical del mundo mostrada en blanco y negro por Sebastião Salgado.
Foto: Sebastião Salgado.

Fiel a su interés por despertar la conciencia colectiva en torno a la preservación ecosistémica, la multitudinaria acogida de este proyecto permitió a su creador compartir su grito de lucha y su búsqueda estética, que no se ancló a la idea de hacer arte en un sentido académico. Lo suyo, por el contrario, fue siempre la búsqueda de la vitalidad y de la esperanza en medio de una realidad que asusta. Según indicó el propio Salgado, durante la presentación de Amazonía en México, “al día de hoy se ha perdido el 18% de esta zona geográfica; sin embargo, enfatizó que en las imágenes quiso mostrar el 82% de este paraíso en la tierra que sigue vivo”.

Ahora bien, en relación con Trabajadores puede decirse que constituye la exploración de otro tipo de naturaleza, quizás mucho más compleja que la anterior: la humana. Como sucede en los predios de la literatura hispanoamericana y universal, el hombre también es punto de partida y llegada en la reflexión artística de Salgado. En virtud de esto, su discurso fotográfico cuenta historias alrededor de la fatiga, de las pieles cuarteadas y del hastío de peones que pretenden la satisfacción de contratantes sin rostro. Las fotografías de este proyecto ponen en tensión modelos desarrollistas con patente de funcionamiento, pero carentes de humanidad, increpan modelos en los cuales la avaricia desmedida se forja en torno a la fascinación por el oro, el acaparamiento de tierras y la empresa rentista.

Fiel a su interés por despertar la conciencia colectiva en torno a la preservación ecosistémica, la multitudinaria acogida de este proyecto permitió a su creador compartir su grito de lucha y su búsqueda estética, que no se ancló a la idea de hacer arte en un sentido académico. Lo suyo, por el contrario, fue siempre la búsqueda de la vitalidad y de la esperanza en medio de una realidad que asusta.

Trescientas imágenes evidencian, en este caso concreto, el ocaso de los métodos tradicionales de producción. Bellos y dolorosos resultan los registros obtenidos en el enrevesado paisaje de las minas en Indonesia, en los litorales pesqueros de Italia y en los ríos profundos del Brasil. Como si lo anterior fuera poco, las migraciones de poblaciones, es decir, los procesos diaspóricos, también han ocupado parte central dentro de la obra de Salgado. Para él, el drama humano alcanza niveles preocupantes una vez que las gentes tienen que subsistir en sitios diferentes a los que han enmarcado sus biografías. Bien sea por asuntos políticos, económicos o culturales, las comunidades se ven obligadas a desarraigarse para sobrevivir, lo cual afecta la armonía con la especie y con el universo.

Construcción del complejo Rasuna en el distrito financiero y comercial Kuningan, Jakarta, Indoesia. 1996. Foto: Sebastião Salgado
Construcción del complejo Rasuna en el distrito financiero y comercial Kuningan, Jakarta, 
Indoesia. 1996.
Foto: Sebastião Salgado

En suma, puede decirse que la muerte de Salgado cierra un ciclo en el que estética y denuncia dialogan sin cortapisas, sin guardarse nada porque la consigna es decir ―mostrar― mucho. Con su obra, el brasilero entra al selecto club de fotógrafos que hicieron ―y  hacen― de las gentes, las luces, las sombras y la fenomenología del mundo, un lenguaje poderoso. Adriana Lestido, Alberto García-Alix, Alec Soth, Alfred Eisenstaedt y Alfred Stieglitz abren un espacio a la obra del universal y a la vez amazónico Salgado. ¡Buen viaje, maestro!

Bombay (Mumbay), India. 1995. Foto: Sebastião Salgado.
Bombay (Mumbay), India. 1995.
Foto: Sebastião Salgado.

Publicaciones relacionadas

Botón volver arriba