Nuestro Gardel antimoderno. La caravana de Gardel de Fernando Cruz Kronfly
Decía Aristóteles que la historia representa las cosas como son, mientras la ficción como podrían y deberían ser, dejando en claro la importancia esencial de la imaginación en la vida humana. Observación verídica si reconsideramos a la vida humana que precisa siempre elementos artísticos fuera de sí motivadores a la acción moral. De esta manera el motor propulsor es nuestra necesidad fundamental cuando nos confiere un sentido de vida magnificente y exitoso que podríamos perseguir. Tal tarea la desarrolla magistralmente la ficción como un ideal a alcanzar, donde la fantasía nos concede vitales energías configurando vastas pasiones que nos imbrican a actuar exitosa y coherentemente en nuestra existencia. Y cabe recordarnos, la novela es ficción y por tanto plasma la función en el arte de las letras.
Por: Jhonatan Mejía
Est. Ing. Mecánica

Foto: Alejandro Salazar
¿Qué podríamos apreciar en la novela colombiana? Parecemos extraviados cuando pasamos revista a la literatura nacional que evidencia, en su inmensa mayoría, su oscilante pendular apesadumbrado, el avance sobre arenas movedizas y los oscuros personajes endiosados en la osmosis cultural incomprendida que afectan sus vidas, la religiosidad sin freno ni parangón de su ensimismamiento místico antirazón, la soledad y el humor engañosamente tragicómico y más irresueltos asuntos plasmados el sentido de vida literario, que debería ser luz motivante para vivir.
Fernando Cruz Kronfly en La caravana de Gardel hace acopio de su magnífico estilo narrativo y evidencia lo antedicho con un personaje sin identidad propiamente cultivada y formada por sí y para sí: nuestro modelo de Gardel quijotesco de antimodernidad. Sin prisas haré una concisa revisión del edificio arquitectónico novelero evaluando aquellas verdades insalvables, poniéndolas al curioso lector.
El tema como abstracción del universo literario en La caravana de Gardel es la penuria y antimoderna cultura colombiana de época en que el cadáver del cantante argentino Carlos Gardel es transportado, de manera misteriosa, por las cordilleras pueblerinas y diversas del Cauca colombiano, desde Medellín a Buenaventura.

Foto: http://jorgeisaacs.univalle. edu.co
La trama de la novela gira alrededor del turbado y rústico arriero, Arturo Rendón, uno de los responsables de guiar a su destino la caravana a lomo de mula, en berlina y en tren. En general, Rendón se ve envuelto en una odisea y conflictos internos de arrastrada juventud religiosa pecaminosa que tensara la novela e incrementa el hilo y energía expositiva. Además, la idolatría como su modelo espiritual a Gardel llena su vacua vida, transformándose en nuestro Gardel antimoderno originalmente por razones de desamor de su única y fugada esposa. Como Gardel es aliciente existencial, las canciones le envuelven en falso estupor los pesares y justifican al ritmo de la temporalidad de raíces pesimistas en prostíbulos, bares y callejuelas pueblerinas arruinadas.
Rendón hace la travesía pese a las considerables desventuras de tres romances inmerecidos e incomprendidos, y el antagonismo del profanador y compañero Heriberto Franco, compa que turba la mente de Rendón en sus oníricos y difusos recuerdos a medida que avanza la trama dejando claramente el robo de las pertenencias fúnebres de Gardel vendidas indiferentemente de pueblo en pueblo, a su tránsito hasta Buenaventura. Finalmente ocultándose en Umbría. Pero Rendón con la remembranza del futuro y sus anhelos gardelianos, quince años después, desea para sí tan solo un pedazo de la bufanda o un jirón del sombrero de Gardel que podría ser suficiente para no sentir la vacuidad existencial, ahí empieza de nuevo el futuro de la travesía. Al final él encuentra lo que ha de encontrar en la oscuridad de sus lamentos y metas en vano, la muerte. Típica forma novelera pesimista.
No obstante, es de alabar a Kronfly con su estilo poético. Narrativamente la historia intercala en forma antedicha con los comparendos de Rendón por la itinerante cordillera, no sobran los pasajes poéticos de canciones populares del tango, las milongas y valses inspiradores que jalonan la historia, las descripciones lúcidas y visualmente claras y conectadas de nuestros paisajes colombianos multidiversos que decantan en la repetitivas conjunciones “y” como si la tensión se incrementase más y más sin fin, y las acciones de los personajes que hilvanan evidente una trama y desenlace magníficamente labrado e integrado.

Foto: http://www.bbc.com
Y los diálogos no se quedan atrás, dejan en claro la hilarante conducta y las interrelaciones impresionistas de la oscuridad de la vida y su ausencia de metas que han sido opacadas por las raíces de aquellos masacres de la época que no quiere avanzar, que va a lo que va a tono con su perdición, que no aprecia la vida y su libertad, que desea la antimodernidad viviendo en el fango de la vida lluviosamente acida y atacando sin tregua ni son a quien se aventura a ir más allá.
Aunque Kronfly tiene el mérito clásico de darnos una novela integrada de manera magistral, no podemos obviar la similitud entre su estilo y lo tragicómico que visibiliza la perversidad y malignidad de apreciar la vida. Apreciaciones propias a aquellas visiones tenebrosas de la Edad Media donde la razón y la vida eran malditas, sin sentido, y no se apreciaban el heroísmo ni la luz al final del túnel para permitirnos sentir la dicha de vivir, sino la penosa felicidad. Y es de lamentar que tales concepciones están presentes en la novela de Kronfly.
Es fundamental recordarnos que la ficción tiene un papel preponderante, ella puede orientar la construcción de literatura vital que guie a las mentes jóvenes y cultive un mundo donde la vida sea vista como es: una posibilidad para disfrutar, sentir la dicha de existir y luchar por lo que amamos. La idea hemos de cosecharla, pero cuanto antes pensemos en su importancia, orientemos la ficción a ello, usémosla sabiamente. Amanecerá y veremos.



