Gracias por no quedarse en casa. Un poco más. Brújula Al Sur Festival Escénico
Brújula al Sur Festival Escénico Cali 2015 dirigido por Teatro La Concha, reúne en su tercer encuentro teatral, ocho grupos teatrales ganadores del estímulo artístico correspondiente a sus países. Cuatro compañías extranjeras, quince funciones en nueve escenarios, hacen parte de esa muestra versátil.
Por: Jimena M.
Estudiante de Lic. en Literatura

No faltará en el folleto programático la exclamación de júbilo. Un festival dirá siempre: convergencia, difusión, iniciativa, aliados, mejor, mucho, más. Las palabras, en su deseo por resaltar la propia labor, sugieren cierto carácter heroico, mártir; nosotros, aprendices de nuestra tradición, sabremos devolver. Tal vez haya en el gesto del presente un síntoma de auténtico entusiasmo, como el aplauso uniforme y la sonrisa inflexible. Tal vez las jovencitas, modelos del genuino aprendizaje, desfilen en medio del ímpetu engañoso del saberse culto, y los amigos, círculo fugaz pero intacto, las protejan en el brillo frágil e ingenuo de la opinión. Siempre hay más, dirá el anuncio, mientras los asistentes repiten las conocidas palabras, porque todos merecemos algo de esa amable retórica.
Algunos recordarán por pintorescos y protagónicos los nombres de ciertas entidades, digamos Domus Teatro, Teatro Salamandra, Fundación Castillo Sol y Luna. Prevalecerá también el recuerdo de aquella alianza en pro de una cultura teatral en el conocido Festival de Teatro de Cali, como muestra del cooperativismo y la condescendencia artística. Otras, más discretas pero igual de solidarias, se recuerdan por el “préstamo” continuo de sus salas, siempre afines a espectáculos de teatro cabaret y a muestras irrisorias de stand up comedy; diremos que Cali Teatro y Teatro la Concha no son la excepción. Las más recientes o memorables continúan presentes en menciones ordinarias de la prensa, a modo de columna añeja que algún escritor de renombre se empeña en escribir. Solo algunas compilaciones, libros publicados con vehemencia por los mismos y trabajos de grado forjados desde la iniciativa individual, rememoran aquellas propuestas teatrales. Se recordará entonces no un método, ni un conjunto de obras, ni siquiera el rostro iluminado de la actriz; permanecerán los detalles más ridículos, aquel almendro inadmisible, la sucesión de cuadros folclóricos que trazan con pobreza lo capturado magistralmente por otro, el conjunto de aparatos inútiles, una línea de elementos incongruentes con el ejercicio teatral. Se dirá que el Teatro Salamandra dirigió el Festival de Teatro de Cali, que solo ellos trajeron, nadie más, a la reconocida compañía Odin Teatret. Se agradecerá el esfuerzo, y todos, actores y estudiantes, celebrarán la sentencia insoportable que nos invita a admirar la lista numerosa de invitados. Mucho teatro, sí, mucho teatro.
Se recordará entonces no un método, ni un conjunto de obras, ni siquiera el rostro iluminado de la actriz; permanecerán los detalles más ridículos, aquel almendro inadmisible, la sucesión de cuadros folclóricos que trazan con pobreza lo capturado magistralmente por otro, el conjunto de aparatos inútiles, una línea de elementos incongruentes con el ejercicio teatral
Hablar del nombre escogido para la realización del festival parece necesario, porque exige construir un sentido que tal vez se ha insinuado ambiguamente. Brújula al Sur permite dos lecturas improbables: el imaginario ofrecido de la primera sugiere una ubicación exacta desde el amplio panorama cartográfico, cierto interés por el propio continente -la aproximación de nuevas manifestaciones teatrales desde países destacados como México y Argentina- , y la segunda, más obstinada e improbable, ubica al continente en una posición protagónica, como espacio activo que no se limita al espectáculo extranjero y comparte su proceso con el público nativo. Ambas lecturas, acertadas o imprudentes, advierten del interés por consolidar un panorama escénico latinoamericano, en esta ocasión desde el vago mercado de la industria cultural.
Brújula al Sur, festival escénico organizado por el Teatro La Concha, reúne en su tercer encuentro agrupaciones colombianas y extranjeras reconocidas por su estímulo artístico obtenido. Estas, desde el impulso incontrolable de la danza y el criterio teatral de la industria cultural, combinan ambos lenguajes en un espectáculo confuso y arbitrario; en Ofelia la coreografía insuficiente y quebradiza se excusa en referentes teatrales –Shakespeare– para disfrazar su incompetencia dramatúrgica, en Cartografía especializada diálogos torpes y ocurrencias ridículas empobrecen la puesta coreográfica de quienes dominan la danza y no el teatro, en Memoria del Pez Rojo la puesta teatral forzosa se torna insoportable por la ridiculez del monólogo y el exceso de elementos irrisorios, y así, las piezas construidas para la nueva tendencia contemporánea, ofrecen un conjunto difuso de símbolos que impiden al público acercarse a una visión íntegra y aguda de la puesta en escena. Otras propuestas, lejanas de la nueva tendencia teatral, se aproximan a un formato tolerable pero también discutible; Teatro Petra con Labio de liebre en su habitual escenografía televisiva y envuelta en su discurso efectista del conflicto armado, Teatro La Concha, con la espasmódica, agobiante e instigadora de folclorismo, Jovita frente al espejo, y Cualquiera producciones con Noche oscura, lugar tranquilo desde una visión muy pueril de la crisis contugal, con diálogos saturados e inverosímiles, reúnen algunos intentos.
Hoy es veinte de Noviembre y aún la prensa repite algunas frases incómodas: ocho días de mucho Teatro (…) Juntxs hicimos de Cali el escenario, y de las Artes Escénicas una fiesta (…) 4 países nos hicieron reír, llorar, odiar, amar, recordar, pero sobre todo vibrar junto a más de 3.000 personas en esta fiesta escénica (…) #GraciasCali, se respiran nuevos vientos para el Teatro caleño. Deberíamos entonces aplaudir y agradecer, porque Cali es mucho más.




