Crítica

La salsa vive… en Cali

¿Qué pasó en Cali para que se la bautizara como “la capital mundial de la salsa”? ¿Qué fue de ella al término de los fecundos años setenta? A estas y otras muchas preguntas intenta responder el documental La Salsa Vive, de Juan Carvajal. El espectador se las verá con los nombres más representativos del género, convocados alrededor de la gran cuestión: ¿sigue viva la salsa?

Por: William Rosero
Estudiante de Licenciatura en Literatura, Univalle

Foto: Tomada de elpais.com.co
Foto: Tomada de elpais.com.co

Este documental nace del encuentro entre el director y el legendario músico Larry Harlow, ocho años antes de su estreno. La idea era investigar qué pasó con la salsa en Nueva York y por qué había desaparecido. “El judío maravilloso” murió durante los difíciles años de la pandemia y Juan Carvajal no tuvo otra opción que volver a su ciudad natal, Cali, para encontrar esa vuelta de tuerca que le hacía falta. Aquí se encontró con una atmosfera distinta, de la que tal vez se había olvidado con la distancia, aunque el vínculo se mantuviera de cualquier modo. En Cali la salsa no había muerto, se mantenía más viva que nunca; aquí se baila, se hace y se vive la salsa. Esta realidad lo empujó a modificar sus planes. De ahí viene ese hálito de aventura que rodea el documental, porque lo fue.

La Salsa Vive es una producción de 64A Films & Cinematic, en asociación con South Shore Films, y en coproducción con Telepacífico y EFD Digital. También tuvo el apoyo de Caracol Televisión, Dago García Producciones, Centauro Comunicaciones, Secretaría de Turismo de Cali, Gobernación del Valle del Cauca, Cinematics y One Fifty.

En términos generales, podemos afirmar que se trata de un verdadero éxito para la tradición cinematográfica del país, pues ha participado en múltiples festivales, como lo son el South by Southwest en Austin (Texas), el San Diego Latino (California) y el Festival Internacional de Cine en Guadalajara.  En el South Southwest fue donde se estrenó el pasado mes de marzo. Luego, a finales de abril, fue presentado en Nueva York, tal vez como una suerte de homenaje a la memoria de Harlow, en el marco del Festival Nuestros Sonidos, celebrado desde los años treinta y que busca enaltecer las aportaciones de los inmigrantes latinos.

Juan Carvajal es un director relativamente núbil, y decimos “relativamente” porque, aunque solo haya participado en un corto (Connecting, 2016) y en este documental, ha logrado dejar una huella significativa en el panorama cultural. No por nada es el fundador del Colombian Film Festival New York, galardonado por la administración de la ciudad en el año 2024, y del festival The Classics, dedicado a las películas restauradas y a joyas de la historia del cine.

El documental es el relato de dos ciudades: la que vio nacer a la salsa (Nueva York) y la que la mantiene con vida (Cali).

Además de haberse graduado como realizador de la Corporación Universitaria Unitec, en Bogotá, Carvajal también dedicó parte de su vida a la programación. Nació en Cali, pero ahora mismo se encuentra radicado en la ciudad de Nueva York, donde ha realizado la mayor parte de su trabajo. La Salsa Vive es su obra más ambiciosa hasta el momento, y también la más personal. Parte de las raíces que lo conectan a la ciudad y dialoga con toda la historia del género, por lo que debe a travesar el Caribe y remontar los períodos más turbulentos de la mafia.

No se puede decir mucho del documental, más allá de que es el relato de dos ciudades: la que vio nacer a la salsa (Nueva York) y la que la mantiene con vida (Cali). La progresión de la narrativa te obliga a concluir eso como espectador. Primero escuchas a Henry Fiol diciendo que los sonidos característicos de la salsa han sido borrados por las radios y las disqueras que benefician a la salsa rosa y al cantante “bonito”, y luego ves a dos jóvenes caleños, enamorados, que abandonan el mundo de la delincuencia bailando. Funciona tan bien que parece tratarse de una de las tantas salidas ficcionales que el director reconoce haber cometido, aunque no hay razones para que sea necesariamente así. Lo cierto es que la salsa como institución y como identidad sí ha transformado la ciudad, ya sea desde un enfoque turístico o aspiracional.

Afiche oficial del documental La Salsa Vive.
Afiche oficial del documental La Salsa Vive.

Sin embargo, eso no significa que Cali sea la única ciudad en el mundo que mantiene viva la salsa. Cuando la película termina abandonas el cine con esa impresión, lo que, bien mirado, puede entenderse bajo la lógica del halago; sales ruborizado porque tu pedacito de tierra es especial de alguna manera. En perspectiva, el mensaje de la película también beneficia la narrativa turística que se ha elaborado desde la Gobernación del Valle y que invisibiliza otras manifestaciones culturales. No se cuestiona la identidad salsera, se la justifica como una conclusión necesaria y casi inmanente al pueblo caleño. Cuando la época dorada de la mafia llega a su final, la gente se las ingenia para seguir con la rumba; de ese tenor son los argumentos.

No hay dudas de que salsa está viva, por mucho que haya rincones donde se la estudie como una curiosidad musical; mientras se la escuche, se la baile y se la siga nutriendo, no hay motivos para concluir lo contrario

Con todo, es imposible negar que el documental representa un hito para la memoria de la ciudad. Aunque se mueva por terrenos seguros, es solvente en su documentación y está bien contada, sabe atrapar al espectador. Los sesgos que entorpecen la labor artística no son un verdadero impedimento para disfrutar la película; antes bien, favorecen su distribución, pues sale al mercado previamente rotulada. Hay aspectos puntales que aumentan su valoración: la inclusión de referentes legendarios como Rubén Blades o José Lebrón; la recuperación de material audiovisual perdido o Lost media, como se lo conoce popularmente, y la introducción de perspectivas diversas, como la de Francia Elena Barrera, directora de la Orquesta D´Cache.

No hay dudas de que salsa está viva, por mucho que haya rincones donde se la estudie como una curiosidad musical; mientras se la escuche, se la baile y se la siga nutriendo, no hay motivos para concluir lo contrario. Hay un interés creciente por explorar el género. Ya lo hizo Bad Bunny en su último álbum, lo mismo Rauw Alejandro, Guaynaa, Nathy Peluso, entre otros. Quizá solo sea cuestión de tiempo para que vuelva al mainstream como en los setenta. Porque “la música buena no muere, aunque pase de moda”.

Juan Carvajal, director del documental La Salsa Vive. Foto: Tomada de elheraldo.co
Juan Carvajal, director del documental La Salsa Vive.
Foto: Tomada de elheraldo.co

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