Crítica

Emilia Pérez: cultura de la cancelación y control de calidad

Toda obra, sin importar lo grande o valiosa que sea, está contaminada por la ideología de su autor El caso de la película Emilia Pérez, que logró trece nominaciones a los Oscar y ganó solo dos, viene a pedir de boca. Es la historia de una mujer trans que busca la redención y que, sin embargo, es abucheada por la comunidad. Analizamos los detalles que malograron su recibimiento por parte del público al que precisamente iba dirigida.

Por: Mayra Alejandra Acevedo García
Estudiante de Licenciatura en Literatura, Univalle

Título: Emilia Pérez
Dirección y guion: Jacques Audiard
Duración: 130 minutos

El director Jacques Audiard junto a la actriz Karla Sofía Gascón. Foto: EFE / Zipi Aragón.
El director Jacques Audiard junto a la actriz Karla Sofía Gascón.
Foto: EFE / Zipi Aragón.

La película Emilia Pérez se estrenó el 18 de mayo de 2024 en el Festival de Cannes, pero no llegó a Colombia hasta el 23 de enero del presente año. Su reconocido director, Jacques Audiard, ha ganado importantes premios por películas como De latir, mi corazón se ha parado (2005) y Un profeta (2009), sin pasar por alto que su más reciente película también se llevó varias nominaciones en los premios Bafta, Globo de Oro, Palma de Oro y los Oscar, ganando varios de estos reconocimientos.

Emilia Pérez cuenta la historia de Rita (Karla Sofía Gascón), una abogada infravalorada por su círculo que, inesperadamente, recibe una llamada para colaborar con un narco (Manitas) en México. Esta oportunidad le permite considerar un cambio que esperaba hacía mucho tiempo: conseguir dinero, viajar y, sobre todo, obtener independencia en su profesión. El pedido del narco no es simple: quiere empezar desde cero y “ser una mejor persona”, para lo cual necesita transicionar. Ambas logran cooperar durante un breve periodo de tiempo, pero luego las cosas se salen de control.

La película fue duramente criticada desde su estreno, especialmente por las personas que debieron sentirse identificadas con el personaje. Algunos la tomaron como una burla y el boicot no se hizo esperar. En los medios más progresistas se la atacó duramente, aunque todavía no se ha registrado ninguna invitación formal al veto de la obra ni al autor, lo cual beneficia el debate. En el caso de Emilia Pérez, la cancelación sucede por varios motivos; el más importante de todos: no representar a la comunidad trans con un tinte mínimo de sinceridad.

La “cancelación” que vivió la película, más que restringir su difusión, ha fortalecido el debate, y prueba que hay un sector de la población dispuesto a exigir calidad en el tratamiento de sus propias historias.

La principal crítica que se le hace a la película desde la comunidad trans es que no retrató con fidelidad el difícil proceso que viven las personas que inician una transición, ya de carácter físico o psicológico. El concepto que propone el director de la experiencia trans peca de genitalocentrismo. Como si la obtención del genital opuesto significará la realización total y la adecuación definitiva, lo cual simplifica y caricaturiza los enormes retos y contradicciones que se viven durante la transición. Además, la película juega con un tópico frecuente en los debates conservadores en torno a la legitimación de la transexualidad. Un violador que se identifica como mujer debería recibir un trato distinto por parte de los jueces y la sociedad, esa es la premisa, solo que en este caso hablamos de un narcotraficante. Transicionar lo convierte automáticamente en alguien bueno. Más allá de revelar poca inventiva, también refuerza discursos que atentan contra los matices y se parapetan en mundos imaginarios donde todo es blanco o negro.

Este dilema también deriva en otras críticas, pues no se tuvo en cuenta a actores mexicanos para el elenco, a pesar de que la historia sucede en México. La única actriz mexicana con un papel medianamente relevante fue Adriana Paz, como Epifanía, y su tiempo en pantalla fue poco. No sólo no tuvieron en cuenta a actores nacionales para la película, sino que contrataron a Selena Gómez para hacer de mujer mexicana. Los méritos que la cantante estadounidense tiene como actriz son innegables, pues en su lengua natal ha destacado en varias películas y series de televisión; sin embargo, fue evidente que no contaban con la preparación necesaria para encarar sus propios diálogos en español, lo cual fue motivo de burlas y señalamientos. No se podría entender cómo una película que había recibido tantas nominaciones descuidara aspectos tan relevantes en la interpretación. Algunos lo tomaron como una caricaturización de lo mexicano.

La película obtuvo trece nominaciones al Oscar, de los cuales solo ganó dos. Foto: Netflix.
La película obtuvo trece nominaciones al Oscar, de los cuales solo ganó dos.
Foto: Netflix.

Las críticas también se concentraron en la actriz Karla Sofía Gascón (Emilia Pérez) y su director. El público no le perdonó que se autodenominara así misma, según de manera objetiva, como “la mejor actriz del mundo”. Además, en las últimas semanas se filtraron unos tuits donde hace comentarios xenófobos, racistas y demás, lo que culminó con su inasistencia a varias premiaciones y la rotura con Netflix. El director no se quedó atrás en sus declaraciones: “El español es un idioma de países en desarrollo, es un idioma de países modestos, de pobres, de migrantes”.

Con todo, Emilia Pérez no es precisamente una película “mala”, pues la historia es entretenida y las actuaciones, en su mayoría, son aceptables. Sin embargo, no es posible ignorar que detrás de ello hay una serie de supuestos que enturbian su disfrute. Señalados por múltiples espectadores, la película adolece de una representación fidedigna que pudo haberla enriquecido generosamente. Pero quizás esta no fue la intención del director, y es tal vez en este punto donde es posible rastrear la existencia de una veta paródica. El tenor de las declaraciones ya demuestra una voluntad controvertida. La “cancelación” que vivió la película, más que restringir su difusión, ha fortalecido el debate, y prueba que hay un sector de la población dispuesto a exigir calidad en el tratamiento de sus propias historias.

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