“Pepe”: experimentación y nacionalismo
Por: PhD. Juan Carlos Romero C.
Profesor Instituto Departamental de Bellas Artes (IDBA) / Unidad Central del Valle – (UCEVA)

Es poco frecuente ver cine experimental. El riesgo, irreverencia, desenfado y la insolencia desparecieron hace mucho de la pantalla grande. Hoy el cine es un espectáculo predecible y sin ganas de asumir riesgos. El miedo a las reacciones virales que transitan por las hoy inquisidoras redes sociales acorrala cualquier intento por romper el orden del relato simple con hombre buenos y otros malos. Es mágico comprobar que aún hay esperanzas para los que vamos al cine con la ilusión de ver algo que nos rete a pensar, solo eso.
Pepe (2024) es una película inclasificable. Escrita, producida y dirigida por el dominicano Nelson Carlos De Los Santos Arias. Oímos varios idiomas en la película: español, alemán, afrikáans, mbukushu. Este proyecto se logró gracias a una coproducción entre Francia, Alemania, República Dominicana y Namibia. Pepe es una historia sobre Colombia, la historia, real o imaginada, de un hipopótamo. Es un relato inquietante sobre problemas universales como el colonialismo y el abuso de la fuerza.
El cine colombiano ha mirado con ligereza la fuerza de nuestra geografía. El territorio colombiano, desde su configuración física, no ha sido narrado en el cine. Nuestras historias giran en torno a los personajes y sus vicisitudes. Pepe es un relato que pone en el centro de la pantalla al río Magdalena. No es común en el cine de hoy asumir riesgos narrativos. Pepe es el nombre que los lugareños del Magdalena medio antioqueño le pusieron al macho africano que huyo de la mítica hacienda Nápoles, fortín del legendario capo del narcotráfico Pablo Escobar.
Pepe está construida para dejar dudas, para suscitar preguntas por un país, por unas personas que asesinan a un bello animal que solo intentaba sobrevivir a su cautiverio involuntario. Es inevitable no sentir dolor por la ironía de un relato que, de manera sutil, nos sugiere cambiar hipopótamos por hombres y mujeres que día a día mueren en la tragedia de la violencia nacional.
Pepe es una disertación extraña de un ser que tiene dos certezas: viene de áfrica y está muerto. Es una búsqueda, no es claro que mantiene el interés de este enorme animal sustraído de las hirvientes sábanas africanas y extraditado a estos valles húmedos y peligrosos. La metáfora del arribo de Pepe a Colombia es potente ante la comparación con los esclavos traídos de África. Por eso es curiosa la denominación que le dan a los hipopótamos cuando van a ser insertados, ilegalmente, en la hacienda del patrón: “marranos cimarrones dominicanos” es la justificación que tienen los lavaperros, “KokoriKo” y “José”, encargados de llevar la peligrosa carga a tierras paisas por si la autoridad pregunta por esas voluminosas cajas que tienen bestias de una fuerza increíble.

Foto: Tomada de instagram.com/cinematropical
En medio de delirantes imágenes aéreas y acuáticas, sonidos extraños, delirios, sueños, epifanías habladas en lenguajes primitivos vamos aterrizando la historia en dos lugareños de Cocorná, quienes le dan un giro a la historia: Candelario y Betanía. Localizada en el territorio ribereño del Magdalena vemos planos magistrales de una Colombia inédita: Doradal, Pita, Santiago Berrio, Puerto Perales, Estación Cocorná. Vemos y entendemos el valor del reinado del bocachico; sentimos, en la dimensión de las personas humildes y anónimas de esos lugares el impacto del narcotráfico, el abandono del Estado y la soledad que estas comunidades están afrontando en su día a día con dignidad y dolor de patria.
Pepe está construida para dejar dudas, para suscitar preguntas por un país, por unas personas que asesinan a un bello animal que solo intentaba sobrevivir a su cautiverio involuntario. Es inevitable no sentir dolor por la ironía de un relato que, de manera sutil, nos sugiere cambiar hipopótamos por hombres y mujeres que día a día mueren en la tragedia de la violencia nacional.

Foto: Tomada de letraslibres.com



