Crónica

Noches de poesía en la Loma de la Cruz

Todos los jueves, a las 7:30 de la noche, tiene lugar en Cali un Jam poético. Se trata de un encuentro alrededor del misticismo y de la poesía, organizado por Valeria Flórez del colectivo Aquelarte en Libertienda, un espacio ubicado en la Loma de la Cruz dedicado a las letras y al arte. Cada jueves, un grupo diverso de personas escapa de su cotidianidad para sumergirse en un sueño tejido por palabras.

Por: Jessica Hurtado Carvajal
Estudiante de Licenciatura en Literatura, Univalle

Valeria Flórez, fundadora del Jam poético y directora del colectivo Aquelarte, iniciando el ritual de apertura de la sesión. Foto: Jessica Hurtado Carvajal.
Valeria Flórez, fundadora del Jam poético y directora del colectivo Aquelarte, iniciando el 
ritual de apertura de la sesión.
Foto: Jessica Hurtado Carvajal.

Para asistir al Jam poético hay que estar dispuesto a escuchar a los demás con respeto y a dejarse seducir por la magia de la noche caleña. En el patio del café-librería Libertienda y acompañado por la brisa, se reúne todos los jueves un público diverso para participar en este ritual. Porque todo, desde la preparación del lugar donde se exponen obras de artistas locales; pasando por el saludo de la moderadora Valeria Flórez que se acompaña con la quema de un sahumerio y ejercicios de respiración; hasta la lectura de los asistentes, forma parte de un ritual.

Este espacio fue pensado como un encuentro con entrada libre para “seres sintientes, libres, experimentales, culturales, artistas, tejedores de luz, resilientes, pensadores, creadores, irreverentes, magos y magas del verbo, con el fin de interrumpir la rutina de la semana, habitar otros ambientes y ser un círculo dentro de un círculo, escuchar y liberar pensares”, dice Valeria antes de empezar las lecturas. Este círculo funciona como un símbolo del movimiento de la energía, en el que todos los asistentes son iguales y tienen las mismas posibilidades de ser artistas, aunque algunos no lo hayan descubierto.

Foto: Alexander Giraldo @ojosdperroazul
Foto: Alexander Giraldo @ojosdperroazul

El Jam cuenta con varios formatos: el primero es el micrófono abierto, en el que todo aquel que lo desee hace una lectura de sus poemas,intentando respetar la norma de máximo tres textos en tres minutos. El segundo es el Cadáver Exquisito, un papel que rota por todas las mesas, en donde las únicas normas son no pensar lo que se va a escribir y no ver lo que han escrito los demás, para después leerlo todo en voz alta como un único texto. Por último, el poema casado, en el que, cuando alguien se identifica con el texto del otro, chasquea los dedos para responder con el suyo.

El tema de aquella noche de jueves primero de agosto fue El silencio a ser domingo,y tuvo como objetivo plantearse cuestiones como: ¿qué se hace los domingos? ¿Qué se piensa un domingo? ¿Soy un domingo? ¿Domingo? ¿Usted se llama Domingo? Sin embargo, el ejercicio de la imaginación es tan libre que pocas veces obedece a las convenciones y mucho menos a la designación de un tema. Supongo que, por eso, desde que el primer valiente tomó el micrófono, se habló de cualquier cosa, menos del domingo. Especialmente se habló de las formas del amor. También del despecho y la pérdida. Circunstancias de la vida que, normalmente, llevan a una persona a sentir que vive en un eterno domingo. Así de paradójica es la poesía.

“Este proyecto inició hace cuatro años, exactamente en enero de 2020, antes de que la pandemia del Covid-19 nos llevara a hacer encuentros virtuales en los que intervenían personas de distintas ciudades y países. Lo fundé porque vi la necesidad de hablar desde la poesía y compartirla libremente, más abierta y diversa que en la academia; haciendo uso de propuestas que llevan a la experimentación y, finalmente, al performance”

En algún momento, salió al escenario El Poeta de la Tola, un hombre que aseguró no saber leer ni escribir y que, lejos de sentir vergüenza, contó sus poemas de memoria. Digo contar, porque no pude evitar imaginarlo como un cuentero del Pacífico, seduciendo a los oyentes alrededor de una fogata. Incluso, me pareció estar viéndolo, con sus gafas de sol incluidas, en el papel de aquel que transmite las historias y costumbres de los pueblos a través de la oralidad.

Otra participante fue Alexandra Walter, de Parche Poético, que no leyó un texto de su autoría, sino de tres poetas que le escriben a la naturaleza. El primer poema fue “Desierto”, de Irma Pineda, una indígena de la Nación Zapoteca de México. En él habla sobre la desviación de un río que afecta a los indígenas Wayúu de la Guajira desde hace mucho tiempo:

Mi cuerpo se fisura como la sedienta tierra
Toda humedad se ha marchado con las lágrimas
que ahora forman ríos en otros campos
Ya no puedo llorar
No permanece ningún rastro de las lagunas que anegaron
las cuencas de mis ojos
Líquida sal
evaporada por el tiempo
¿Qué silencio rezó el cielo para llamar
las huellas de mis aguas
y arrancarlas de este cuerpo agonizante?

“Este proyecto inició hace cuatro años, exactamente en enero de 2020, antes de que la pandemia del Covid-19 nos llevara a hacer encuentros virtuales en los que intervenían personas de distintas ciudades y países. Lo fundé porque vi la necesidad de hablar desde la poesía y compartirla libremente, más abierta y diversa que en la academia; haciendo uso de propuestas que llevan a la experimentación y, finalmente, al performance”

Este y otros espacios como los Círculos Femeninos, Cuentos al Aire, los Borondos Culturales (para habitar la ciudad desde un concepto místico-cultural) o los Jam de cine (en donde se proyectan cortos y películas para después reflexionar sobre ellos) se han mantenido en el tiempo gracias a la colaboración entre distintos colectivos culturales, como, Aquelarte, Palabra Viva o el podcast La Sala Cinta. Con ellos se va tejiendo red en torno a la literatura. Todos estos espacios funcionan de forma independiente, pero intentan relacionarse para educar a un público que disfrute de la oferta cultural. Aquelarte, por ejemplo, está compuesto por un equipo de seis personas especializadas en diferentes áreas y con proyectos personales, además del colectivo.

Foto: Alexander Giraldo @ojosdperroazul
Foto: Alexander Giraldo @ojosdperroazul

A partir de este proyecto nace la iniciativa Tángara Editores, que busca crear oportunidades de publicación para los autores locales que están escribiendo, pero no tienen oportunidades en editoriales de renombre. En el momento cuentan con un libro publicado, titulado La Casa de los Sueños, de Fabio Gómez Cardona, profesor de la Universidad del Valle, y varios proyectos en marcha para la publicación de otros libros.

Algo muy importante es que este año fueron admitidos a la red Relata (Red de talleres de lectura y escritura del Ministerio de Cultura). “Gracias a ese reconocimiento aspiramos a seguir creciendo y tenemos planes de eventos a futuro en los que puedan participar autores y autoras invitadas. Creemos en el poder de comprender otros tipos o técnicas de escritura, en la necesidad de mezclar la poesía con otras artes, como la plástica o la música, hasta lograr el performance. De hecho, algunas veces terminamos escuchando y bailando con cantantes que pasan al frente con su guitarra”.

Según dijo Flórez, para ellos es imprescindible estar conectados con los emprendimientos culturales y literarios de la ciudad. Por eso, aunque su casa ha sido Libertienda, a veces rotan a otros cafés, librerías, bibliotecas o a espacios no convencionales como parques o plazas. “Esto nos ha permitido darnos a conocer y la respuesta de la ciudad ha sido muy buena. En principio empezamos con diez asistentes y hoy en día fácilmente pueden llegar entre cincuenta y cien personas a un evento. De esa forma, se ha ido construyendo una comunidad que se siente cómoda al leer y escuchar a los demás”.

Foto: Alexander Giraldo @ojosdperroazul
Foto: Alexander Giraldo @ojosdperroazul

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