Un mundo sin pulmones: el Amazonas, cartografía de una muerte anunciada
Por: Kelly Vanessa Bravo Salazar
Estudiante de Geografía, Univalle

El Amazonas, laberinto geográfico, humano y cultural, se extiende como un manto verde infinito que desafía todas las fronteras políticas trazadas imaginariamente en los mapas políticos, los cuales solo buscan dominar el territorio, pero no conservarlo. Las fronteras nacionales entre Brasil, Colombia, Perú y otros países se difuminan en la inmensidad de la marea verde, que con sus vientos salvajes se mueve al ritmo de un tiempo geológico y natural. Lejos de ser calmado y silencioso como nos imaginaríamos, el Amazonas libra una guerra silenciosa que ha dejado millones de muertos físicos, espirituales y culturales.
Se preguntarán: ¿muertos espirituales? ¿Muertos culturales? ¿En una selva? ¿Será brujería de lo que estamos hablando o será la agonía de los pueblos indígenas que lo habitan?
En el Amazonas no se disputa el poder de la tierra solo a mano de los capitalistas; se disputa la tierra, la sabiduría ancestral, la soberanía alimentaria y el derecho a existir, lo cual se traduce en el exilio que viven las comunidades indígenas cuando se destruyen sus ecosistemas. A diferencia de la mayoría de exilios forzosos, que suelen ocurrir por guerras o dictaduras, el exilio de los pueblos amazónicos es imperceptible y silencioso. La cicatriz que deja la deforestación, la minería, la tala indiscriminada y la expansión agrícola es profunda, y la velocidad con la que avanza es alarmante.
Pensarnos el territorio desde adentro nos brinda miradas distintas. Los bordes naturales, que antes albergaban vegetación y animales, actualmente albergan a las comunidades indígenas, las cuales son desplazadas hacia las márgenes de sus territorios. Al capitalismo no le basta despojarlas de sus tierras, sino que también arrasa con la historia e identidad de sus ancestros, fragmentando y dislocando la geografía cultural y física de nuestros pulmones.
Estudiar la geografía del Amazonas desde la parte espiritual y cultural tiene múltiples capas. Por un lado, se enfrenta con la pérdida territorial: la selva, los bosques y el viento que antes los conectaba espiritualmente se reduce a yacimientos mineros o campos de cultivos. Se les despoja y se les arranca, sin mediar palabra, el “mapa interno” que durante generaciones los ha acompañado para navegar su mundo.
Las comunidades amazónicas no ven el territorio donde viven solo como un espacio físico, sino como la entidad viva que los conecta con su relación sagrada con la tierra. No estamos hablando solamente de perder, sino de ver cómo la maquinaria pesada desaparece la cartografía simbólica que organiza su existencia. Leer el Amazonas como lo hacen las comunidades que lo habitan es ver una selva tridimensional llena de significados: cada río, cada montaña, cada árbol contiene una historia y un propósito. En ese sentido, hablamos del desarraigo espiritual y cultural con el que se enfrentan las comunidades menos escuchadas por los medios tradicionales.
Si se hiciera una encuesta a ciudadanos comunes, no sabrían que el Amazonas actúa como el principal regulador climático de América del Sur, siendo uno de los principales sumideros de carbono del mundo. Sin aire, sin poder respirar, seguiríamos desconectados de lo que realmente está pasando en nuestros pulmones. Moriríamos, incluso, en el desconocimiento de que esta función vital está en peligro, y con ella, nuestras vidas.
Leer el Amazonas como lo hacen las comunidades que lo habitan es ver una selva tridimensional llena de significados: cada río, cada montaña, cada árbol contiene una historia y un propósito. En ese sentido, hablamos del desarraigo espiritual y cultural con el que se enfrentan las comunidades menos escuchadas por los medios tradicionales.
Lo que pasa en nuestros pulmones no tiene fronteras. Las montañas y los ríos no nos reconocen, ni reconocen aquellas líneas imaginarias trazadas por los gobiernos. Sin embargo, los seres humanos disputamos e intervenimos algo que no nos pertenece, priorizando los intereses económicos y políticos. Estas fuerzas imponen nuevas cartografías que borran la presencia ancestral de los pueblos indígenas. Cartografías capitalistas comienzan a surgir, creadas por empresas y gobiernos que solo ven la selva como un recurso a explotar, no como un ecosistema que debe ser protegido. Se crean cartografías de desplazamiento, cartografías de genocidio ecológico y cartografías de un desequilibrio natural que deja las tierras descompuestas, incapaces de sostener el ecosistema que durante milenios fluía libremente entre los árboles, las nubes y los ríos.
El territorio amazónico nos deja una paradoja geográfica, política y espiritual. Un espacio tan vasto y aparentemente impenetrable, tiene una conexión tan frágil con las comunidades que lo habitan, que las alteraciones que parecían inofensivas se han vuelto catastróficas e irreparables para las generaciones futuras. La destrucción no solo ha sido de su espacio físico, sino de su tejido social, cultural y espiritual. Han desmantelado la geografía viva de las comunidades indígenas: las historias, mitos y rituales empiezan a navegar sin aire alguno en la sequía del Amazonas.
Aquellas líneas que marcaban sus caminos ancestrales ahora están alteradas por las grietas de las carreteras construidas para la deforestación, la minería o la expansión agrícola. Los caminos ya no se trazan a pulso, con el conocimiento del sol, del agua y del viento, sino con motosierras y excavadoras que actúan como fronteras de destrucción. Estas serán las líneas que atraviesen nuestros pulmones cuando ya estén invisibles, sin contenido para respirar.
Estamos viviendo el preludio de nuestros últimos días con pulmones sanos, pues la crisis climática global nos pisa los talones y será irreversible. Nos afecta a todos; no es una cuestión de mapas ni de cartografías ni de las comunidades indígenas. Es una cuestión de supervivencia. Si seguimos permitiendo que la selva desaparezca y llegue al punto cero de no retorno, perderemos nuestros pulmones y la vida. Y, hasta el momento, ni la ciencia ni la política han creado y desarrollado un trasplante de pulmones amazónicos exitoso.

Foto: Agencia Anadolu.



