“Revisar la historia me ha permitido reflexionar sobre los espacios y personajes que han representado procesos de resistencia, beligerancia y crítica al poder”: Pablo Montoya
Con motivo de su participación en la reciente edición de la Feria Internacional del Libro de Bogotá, y del lanzamiento de Marco Aurelio y los límites del imperio, nueva novela de este multipremiado escritor y académico, el decano de la Facultad de Humanidades de la Universidad del Valle, Dr. Darío Henao Restrepo, conversó con Pablo Montoya sobre literatura, historia y estudios afrocolombianos.
Por: Darío Henao Restrepo
Transcripción: Alejandro Alzate

Foto: albaciudad.org
Darío Henao Restrepo (DHR): Tu literatura tiene mucho que ver con la historia. ¿Cómo describes esta relación?
Pablo Montoya (PM): Mi relación con la historia comenzó a manifestarse fragmentariamente desde mis primeros libros. En ellos abordé, a partir de una prosa poética e híbrida, las figuras de algunos viajeros importantes a lo largo del tiempo. Cada uno de ellos me fue revelando posibles personajes para lo que ha sido mi obra en general. En ese sentido, mi aproximación a la historia ha estado muy permeada por la poesía. De modo paralelo al ejercicio de consulta, archivo e investigación, el registro poético ha estado siempre presente. Posteriormente, han surgido el abordaje narrativo, novelístico y la definición de los temas. En La sed del ojo, por ejemplo, revisé el asunto de la transgresión y los daguerrotipos eróticos en el París del Segundo Imperio. En Lejos de Roma trabajé el exilio; en Los derrotados planteé una reflexión en torno a la relación del intelectual con las armas, y en Caldas traté el tema de la generación de la Independencia y los militantes del EPL.
Revisar la historia me ha permitido reflexionar sobre los espacios y personajes que han representado procesos de resistencia, beligerancia y crítica al poder. Así sucedió, por ejemplo, con el fotógrafo de La sed del ojo y con la pintura en Tríptico de la infamia.
DHR: Dada la importancia que tiene para ti la historia, escribiste, en 2021, La sombra de Orión,una novela que muestra las profundas complejidades de Medellín. ¿Es esta obra un ajuste de cuentas poético con esta ciudad que tanto conoces?
PM: Sí, sin duda. Esta novela es un ajuste de cuentas con esta ciudad que tiene una historia tan particular. Mientras que por un lado ha sido atravesada por diferentes formas de la violencia, por otro ha sido presentada como modelo a seguir, como gran centro financiero, como modelo urbano. Todo esto se afectó con la irrupción del narcotráfico y del paramilitarismo. A mí me interesó observar cómo esto moldeó unas formas identitarias. Investigar para esta obra me permitió preguntarme, parafraseando a Vargas Llosa, en qué momento se jodió Medellín. Y la respuesta que encuentro es que la ciudad se jodió desde el principio, es decir, desde el triunfo del ideario conservador de Pedro Justo Berrío, cuando se frustró el intento de liberalismo radical.
Ahora, lo bueno de ese periodo conservador fue la aparición de escritores importantes como Tomás Carrasquilla; un hombre dotado con una gran visión y capacidad de observación. Él analizó muchas problemáticas nacionales, de tipo racial, por ejemplo, en una novela compleja como La marquesa de Yolombó. Esta obra puso en evidencia muchas tensiones internas.
Creo, también, que la apuesta por el conservadurismo católico, ultramontano, afectó mucho a Medellín. Ahora, asociado con este, el espíritu de pujanza comercial dio paso al contrabando. Se sustentó en él. Luego, el narcotráfico, una suerte de continuación del contrabando republicano y colonial, empeoró todo. No obstante, fue el asunto de los desaparecidos lo que me llevó a escribir La sombra de Orión. Me interesó observar tanto la violencia en sí como las políticas de pacificación que surgieron con el gobierno Uribe. Ahora, esta pacificación tuvo muchos problemas en su modus operandi. Como fenómeno, resulta muy compleja de entender.
Creo que estamos en mora de hacer este proyecto. Coincido en que el modelo a seguir es el propuesto por el Maestro Noé Jitrik. Considero, también, que tenemos que hacer un trabajo muy variopinto en el que haya participación de escritores y críticos; todo con el máximo rigor académico. Dado que el último trabajo de compendio historiográfico se realizó en los 80, urge elaborar una mirada actual, desprovista de consideraciones caducas y clasistas del hecho literario.
DHR: Volviendo a Tomás Carrasquilla, has mencionado que aprendiste mucho del realismo que él elaboró. ¿Podrías hablarnos un poco más al respecto?
PM: Desde luego. Yo creo que su idea de que no nos ocupáramos de lo francés, ni de lo inglés, sino del “terruño”, de lo local, es muy interesante; más aún para el momento en que lo planteó. Esta mirada de lo nuestro fue precursora. Totalmente genuina. También es interesante la continuidad que hay entre Carrasquilla y García Márquez, tal como lo advirtió R.H. Moreno Durán. No se puede entender a Gabo sin Carrasquilla. Siempre se menciona al de Aracataca en relación con Faulkner, con Kafka y con Rulfo; pero hace falta pensarlo en relación con el antioqueño. Fue Moreno Durán quien estableció la correspondencia entre Yolombó y Macondo. Esto es fantástico. Carrasquilla también anticipó a Carpentier. Es un autor de mucho peso dentro de la literatura colombiana. Un renovador singular del lenguaje y la lengua. Ahora, hay un momento de Carrasquilla con el que yo discuto profundamente; con esto me refiero a la escritura del ensayo sobre Pedro Justo Berrío. En él se declara un conservador cristiano, apostólico y clerical. A lo largo del texto plantea que el referente de Colombia debe ser la Santa Madre Iglesia. Ahí el Maestro naufraga y se muestra vetusto, antimoderno y reaccionario, si se quiere. Lo interesante de este comportamiento es que animó el surgimiento de otros autores, igualmente reaccionarios, como Fernando Vallejo.
DHR: Tú alcanzaste a conocer a Manuel Mejía Vallejo. Creo que, de alguna manera, él continuó la veta temática de Tomás Carrasquilla siendo muy diferente, es decir, liberal, mucho más abierto intelectualmente. ¿Qué puedes decirnos al respecto de esta idea?
PM: Bueno, creo que hay que precisar algo. Manuel Mejía Vallejo viene más de Efe Gómez, quien introdujo cierta modernidad al cuento colombiano, que de Tomás Carrasquilla, un autor más inmerso en la dinámica narrativa del siglo XIX. Efe Gómez tiene una flexibilidad estilística que no tiene Carrasquilla, tiene más síntesis, más rapidez. Su cuentística es cercana a la de Horacio Quiroga. Ahora, un vaso comunicante entre Carrasquilla, Efe Gómez y Vallejo es que todos se ocuparon del terruño.

Foto: Random House.
DHR: Hablemos ahora de lo afro. ¿Qué importancia tiene para ti lo afroamericano?
PM: Es muy importante. Para mí fue fundamental leer Concierto barroco, de Carpentier. Ese acercamiento marcó un amor a primera leída. El afroamericanismo de ese texto está en permanente comunicación con la tradición europea, sobre todo francesa. Carpentier siempre pensó en la simbiosis cultural y eso es muy interesante. No creo, en ese sentido, que haya sido un purista de lo afro. De este autor me parece fundamental la indagación que, en torno a las sociedades secretas africanas,las denominadas ñáñigas, elaboró en E-cue Yamba-o, su libro más africano. Gracias a la fascinación que me generó su obra fui a Francia y estudié lo africano en ese país. Una vez allá, me aproximé a Aimé Césaire, a Édouard Glissant y a Patrick Chamoiseau. Ese cuerpo de autores se me reveló gracias a Carpentier. Impulsado por todo esto, entonces, hice una traducción, junto a Miriam Montoya, de una antología de poesía africana y antillana de expresión francesa.
DHR: ¿Qué importancia tiene para ti la reconexión de África con su diáspora en las Américas?
PM: Yo celebro mucho lo que está pasando en relación con África a partir de los estudios afrocolombianos. Tu trabajo, Darío, ha sido de una importancia capital en ese sentido. Lo hecho en la Universidad del Valle ha abierto una veta investigativa fundamental. La mirada a lo afro permite algo fabuloso, como es la decolonización mental, cultural y académica. Ahora, no se trata de hacer una cacería de brujas, no. Lo interesante de los estudios universitarios es que dan cabida a todas las manifestaciones interpretativas, a todos los lenguajes, a la observación de los cambios. En relación con esto último resulta fundamental analizar la Vicepresidencia de Francia Márquez. El proceso de empoderamiento afro es muy importante. La apertura de embajadas en África es, simbólicamente, muy importante. Finalmente, creo que lo afro nos da la posibilidad de entendernos en la complejidad de nuestra condición triétnica.
DHR: Para concluir, quisiera preguntarte tu opinión, tu visión, en torno a la realización de la historia crítica de la literatura colombiana.
PM: Creo que estamos en mora de hacer este proyecto. Coincido contigo en que el modelo a seguir es el propuesto por el Maestro Noé Jitrik. Considero, también, que tenemos que hacer un trabajo muy variopinto en el que haya participación de escritores y críticos; todo con el máximo rigor académico. Dado que el último trabajo de compendio historiográfico se realizó en los 80, urge elaborar una mirada actual, desprovista de consideraciones caducas y clasistas del hecho literario.



