Crítica

Oppenheimer, la historia de una reacción en cadena que cambió al mundo

Oppenheimer es un biopic sobre el padre de la bomba atómica con rasgos de cine bélico y drama judicial, pero, ante todo, de reflexión sobre la moral humana y su angustia existencial. Es el drama del Prometeo moderno que regaló el fuego a los hombres y después tuvo que lidiar para siempre con las consecuencias.

Título original: Oppenheimer
Director: Christopher Nolan
País: Estados Unidos
Año: 2023
Duración: 180 minutos

Por: Fidel Alberto Valencia
Estudiante de Licenciatura en Literatura, Univalle

Foto: https://www.youtube.com/watch?v=MVvGSBKV504

Desde el primer minuto, Oppenheimer nos sumerge en una atmósfera de tensión. Transmite la sensación de que algo está a punto de romperse, de explotar; y no, no es en la secuencia de la detonación de Trinity, la primera bomba atómica, cuando esa ruptura sucede. Es en la mente del propio Robert Oppenheimer donde acontece la mayor de las explosiones, y Nolan nos lo muestra con maestría. Pero antes de llegar a ese momento, vemos una historia conformada por dos relatos que se complementan y a la vez se repelen, porque son dos visiones distintas y antagónicas de un mismo hecho histórico. El punto de vista de Oppenheimer, interpretado de manera brillante por Cillian Murphy, narra la complejidad de su ser, de sus relaciones, de su mente, y el de Lewis Strauss, encarnado por Robert Downey Jr., desde ya posible nominado al premio Oscar, que cuenta las intrigas y el manejo político que se le dio al proceso de creación de la bomba.

Hay una línea central de eventos que cuentan lo que fue la invención de la bomba que, a su vez, está entretejida por los dos puntos de vista anteriormente mencionados. La narración de los sucesos de la vida de Oppenheimer están en color, desde sus años en la universidad, pasando por sus relaciones personales, su simpatía por la izquierda política, su trabajo como científico y su matrimonio, hasta sus alucinaciones y traumas, de tal forma que pareciera que nos están mostrando la mente del científico. La otra línea narrativa va de cuenta de Lewis Strauss y sus intrigas hacía Oppenheimer. Muestra su ambición y el mundo hostil, sin matices, oculto, en el que se mueve Strauss y al que Oppenheimer tuvo que enfrentarse.

Oppenheimer es una de las mejores películas de Christopher Nolan. Desde la técnica en el montaje, pasando por un guion meticulosamente escrito y unas actuaciones brillantes, hasta el acertado tratamiento de la moral existencialista, reflejada en la lucha tensionante entre el  protagonista,  sus remordimientos y su quijotesca lucha por revertir la reacción en cadena que, por una mínima posibilidad, amenazó con destruir el mundo.

Sin embargo, Strauss no es el mayor antagonista de Oppenheimer. La película está inspirada en Prometeo americano, biografía escrita por Kai Bird y Martin J. Sherwin, adaptada por Nolan sin caer en el maniqueísmo recurrente en este tipo de proyectos fílmicos. Vemos a un Oppenheimer angustiado, pero muy confiado en sus capacidades, con contradicciones y dilemas existenciales que, sin embargo, no despierta conmiseración en el público. No es un villano, aunque haya creado la bomba que mató a más de doscientas mil personas, pero tampoco es un héroe virtuoso. Si bien, como espectador es fácil preguntarse: ¿por qué un hombre como Oppenheimer pensó que crear la bomba atómica terminaría con todas las guerras? La misma película nos lo muestra. Era la época de la Segunda Guerra Mundial y había una carrera armamentística. Es de suponer que el célebre científico creía que, si la bomba la construían primero los estadounidenses, sería el menor de los males comparado a que si lo hubieran logrado los nazis o los soviéticos. Pero esto solo muestra a un protagonista que confió demasiado en la Humanidad. ¿O no? Nunca supo el tipo de gente con la que trataba; era un científico lidiando con políticos.

Christopher Nolan (1970), director de cine, guionista, productor y editor británico-estadounidense.
Foto: us.as.com

Políticos que se encuentran en una cacería de brujas contra todo lo que pueda oler a comunismo, y Oppenheimer la sufre. Sin embargo, no se opone con fiereza; en cambio, la soporta casi que de manera estoica. Así como Prometeo soportó que un águila le devorara el hígado una y otra vez, Oppenheimer sobrellevó que los políticos escarbaran en él repetidamente. Todo por haber entregado el  fuego, poder inconmensurable para los hombres.

Toda esta tensión se soporta sobre un guion poderoso que no cuenta la historia en un orden lineal, muy al estilo Nolan, decisión acertada y bien ejecutada. Cada diálogo está construido de tal manera que mantiene el suspenso. Lo anterior se complementa con un minucioso trabajo de montaje, en el cual, debo mencionar la recreación de la explosión de Trinity. Nolan no quería producirla por medio de efectos digitales, así que recurrió a métodos análogos, logrando una impecable toma. Punto para los genios de la artesanía audiovisual.

Oppenheimer es una de las mejores películas de Christopher Nolan. Desde la técnica en el montaje, pasando por un guion meticulosamente escrito y unas actuaciones brillantes, hasta el acertado tratamiento de la moral existencialista, reflejada en la lucha tensionante  entre el protagonista, sus remordimientos y su quijotesca lucha por revertir la reacción en cadena que, por una mínima posibilidad, amenazó con destruir el mundo. Sin embargo, Robert Oppenheimer pasó de ser un Prometeo moderno a ser, como él mismo lo dice, parafraseando al Bhagavad-gita, “el destructor de mundos”. Desde entonces, la reacción en cadena ha sido imparable. Entre tanto, resulta placentero, y a la vez reflexivo, disfrutar de tres horas de una película completa y muy bien engranada en todos sus aspectos.

Foto: doblaje.fandom.com

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