Reportaje

Salvar la Amazonia: una prioridad de la Humanidad

El presidente Gustavo Petro y el presidente Lula se encontraron en la reunión científico-técnica de la Amazonía, celebrada el 6,7, 8 de julio en Leticia, Colombia, preparatoria de la Cumbre de Belém do Pará el mes de agosto. En el encuentro, representantes de los países amazónicos (Colombia, Brasil, Perú, Bolivia, Ecuador, Guyana, Surinam y Venezuela) debatieron políticas para garantizar la preservación de la selva amazónica como forma insustituible para contrarrestar el cambio climático.

Por Darío Henao Restrepo
Director de La Palabra

Foto: Javier Molina Castillo – El Colombiano

Lula y Petro pronunciaron discursos al cierre del encuentro, destacando la imperiosa tarea de encarar conjuntamente la deforestación ilegal y todos los problemas que aquejan a la región. A continuación, compartimos los respectivos discursos.

Discurso del presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva [1]

Cuando recibí la invitación del presidente Petro para participar de esta reunión, me pareció excelente la idea de iniciar aqui en Letícia los trabajos preparatorios para la reunión de Belém.

Esta es la primera vez en la historia que Brasil y Colombia cuentan, al mismo tiempo, con gobiernos progressistas y que comparten el compromiso de poner la Amazonía en el centro de sus políticas.

Tenemos mucho en común. Somos dos grandes democracias pluriculturales, marcadas por el valioso aporte de los pueblos indígenas y afrodescendientes.

Es natural que dos países que comparten una frontera de más de mil seiscientos kilómetros y tienen las dos poblaciones más grandes de Sudamérica se acerquen.

Recién llegué de la triple frontera en la Cuenca del Plata, donde participé de la Cumbre del Mercosur, para estar ahora en otra triple frontera, en la Amazonía, para lanzar los preparativos de una nueva Cumbre.

Estos son dos grandes ejes de la integración sudamericana. Y están fuertemente entrelazados.

Lo que se hace en un rincón de Sudamérica repercute en otro. Por eso nuestra cooperación es tan importante.

La deforestación en la Amazonía afecta las precipitaciones en el Cono Sur, amenazando el suministro de agua para el consumo humano y las actividades económicas.

En este encuentro técnico-científico se abordaron temas fundamentales, como la protección de los pueblos indígenas, la promoción de la ciencia, la tecnología y la innovación, la bioeconomía y la lucha contra los delitos transnacionales.

Hablar de la Amazonía es hablar de superlativos. Es la selva tropical más grande del mundo, es el hogar del 10% de todas las especies de plantas y animales del planeta.

Tiene 50 millones de habitantes, con 400 pueblos indígenas que hablan 300 idiomas diferentes.

Posee la reserva de agua dulce más grande del planeta, incluyendo un verdadero océano subterráneo.

Ocupa el 40% del territorio de América del Sur y, si fuera un país, sería el séptimo más grande del mundo, por detrás de Australia y por delante de India.

En sus seis millones trescientos mil kilómetros cuadrados cabrían los 27 países de la Unión Europea, más Reino Unido, Noruega, Turquía, Japón, Corea del Sur y Nueva Zelanda.

Los países amazónicos tienen dos desafíos que enfrentar juntos.

Uno de ellos es institucional y se refiere al fortalecimiento de la Organización del Tratado de Cooperación Amazónica.

El otro es político, y se refiere a la construcción de una nueva visión de desarrollo sostenible para la región.

La semana pasada celebramos el 45º. aniversario de la firma del Tratado de Cooperación Amazónica.

El Tratado fue una iniciativa pionera, pero concebida desde una perspectiva que ya no tiene sentido. Su objetivo era protegernos de la presión de actores ajenos a la región.

Impulsados ​​por el debate sobre el medio ambiente y el desarrollo sostenible de los años 1990, lo que era solo un Tratado evolucionó y creamos la Organización del Tratado de Cooperación Amazónica (OTCA) en 1998.

Foto: bbc.com

Así surgió la única organización socioambiental del mundo, que también es la única con sede en Brasil.

Hoy, la OTCA es una herramienta que, en lugar de aislarnos, tiene la capacidad de proyectarnos hacia el centro del desafío más importante de nuestro tiempo: el cambio climático.

Reúne a ocho países – Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, Guyana, Perú, Surinam y Venezuela –  y cubre una amplia gama de temas, incluidos los pueblos indígenas, la salud, el turismo, la infraestructura y el transporte, y su correlación con el medio ambiente.

Durante todos estos años, la OTCA no ha recibido la atención que merece. La Cumbre de Belém será un momento de corrección de rumbo.

La apertura a las autoridades locales y la sociedad será un componente esencial de esta nueva OTCA. Es necesario valorar el papel de alcaldes, gobernadores y parlamentarios. No se puede hacer política pública sin la participación de quienes conocen el territorio.

Para ello queremos formalizar el Foro de Ciudades Amazónicas y el Parlamento Amazónico.

Con la realización de los Diálogos Amazónicos en los días previos a la Cumbre de Belém, reuniremos a la sociedad civil y la academia en sesiones que resultarán en recomendaciones para acciones concretas.

Para traducir en términos prácticos este impulso político, pretendemos institucionalizar el Observatorio Regional Amazónico, que sistematizará y monitoreará los datos de todos los países para orientar a las políticas públicas y hacerlas más efectivas.

La Sala de Situación del Observatorio produce, en tiempo real, boletines y alertas sobre sequías, inundaciones, lluvias, incendios y contaminación del agua, que ayudan a salvar vidas.

Queremos establecer un comité de expertos en la Amazonía, inspirados en el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC), para generar conocimiento y producir recomendaciones con base científica.

La formación de redes de contacto entre universidades e instituciones de investigación contribuirá a estimular la producción de conocimiento local, dinamizar las economías y generar oportunidades para nuestra juventud, que tanto carece de alternativas de estudio y trabajo.

Estimaciones compiladas por Jos Barlow de la Universidad de Lancaster y de la Red Amazonía Sustentable en base a estudios científicos.
Foto: Tomada de bbc.com

Podemos hacer mucho si le damos a la OTCA lineamientos claros y recursos adecuados.

A través de una coalición de bancos de desarrollo y de la movilización de recursos públicos y privados, impulsaremos actividades productivas locales sostenibles, como la agricultura familiar, la pesca artesanal, los proyectos agroforestales y las redes de emprendimiento, especialmente femenino.

Cuidar la Amazonía es, al mismo tiempo, un privilegio y una responsabilidad.

Hace unos días participé en un festival que reunió a miles de personas al pie de la Torre Eiffel en París.

Muchos de los presentes, especialmente los jóvenes, están preocupados por el futuro de la Amazonía. Esta preocupación es legítima, ya que el bioma es de interés para toda la humanidad.

Sin embargo, nos toca a nosotros decidir cómo darle una vida digna a nuestra gente y cómo preservar nuestro bosque y nuestra biodiversidad.

La Cumbre de Belém será una plataforma para que los ocho países amazónicos asuman su rol protagónico en la búsqueda de soluciones compartidas.

En Brasil aprendimos la importancia de articular diferentes sectores en torno a un objetivo común. Gracias al Plan de Acción para la Prevención y Control de la Deforestación en la Amazonía Legal, redujimos la deforestación en un 83% entre 2004 y 2012. Y lo logramos aumentando la productividad agrícola en la región.

Relanzamos el Plan en enero de este año y ya podemos ver los resultados. Las alertas de deforestación en la Amazonía tuvieron una reducción de 33,6% en este primer semestre.

Mi gobierno eliminará la deforestación ilegal para el 2030. Este es un compromiso que los países amazónicos podemos asumir juntos en la Cumbre de Belém. 

Hay muchas otras áreas en las que podemos cooperar.

Es fundamental combatir el hambre en la región amazónica. En todos nuestros países, estos territorios tienen los índices más altos de inseguridad alimentaria.

En salud, podemos desarrollar acciones conjuntas, como medidas para garantizar el acceso a vacunas, medicamentos y atención médica.

También necesitamos proteger la propiedad intelectual y prevenir la biopiratería en la Amazonía, desarrollando y articulando nuestros sistemas nacionales para el uso del patrimonio genético y el conocimiento tradicional.

Si las fronteras no son obstáculos para la criminalidad, nuestros sistemas policiales y de justicia tienen que trabajar en la prevención, investigación y enfrentamiento de estos delitos.

Con este enfoque, pronto estableceremos el Centro de Cooperación Policial Internacional de la Amazonía en Manaus.

La creación de un Sistema de Control de Tráfico Aéreo integrado también será importante para interrumpir las rutas utilizadas por el crimen organizado.

Todos sufrimos la presencia de delincuentes involucrados en la tala, minería, caza y pesca ilegales y la ocupación ilegal de tierras públicas.

Ante la ausencia del Estado, el narcotráfico se propaga y se convierte en vector de delitos ambientales. Los pueblos indígenas, como los Yanomami, son víctimas de la explotación ilegal de sus tierras.

Nuestros jóvenes, en el campo, en la selva y en las ciudades, son presa fácil de las facciones criminales, que crecen en las cárceles y más allá afuera.

También hay que dedicar una mirada especial a situación de las niñas y mujeres amazónicas. La violencia de género y la explotación sexual no pueden tolerarse. Y las líderes mujeres deben ser escuchadas.

Quienes protegen a la Amazonía merecen ser protegidos. Si el bosque sigue en pie hoy en día es en gran parte gracias a los pueblos indígenas, las comunidades tradicionales y los defensores de la causa ambiental.

Nombres como Chico Mendes, Sister Dorothy Stang, Bruno Pereira y Dom Phillips son emblemáticos de esta historia de violencia que aqueja a la Amazonía brasileña.

Las quemas y la tala de madera hacen que el carbono almacenado en los árboles se convierta en CO2 y vuelva a la atmósfera.
Foto: GETTY.

Estos son solo algunos de nuestros desafíos y áreas en las que podemos trabajar juntos.

A ellos se suma la coordinación en foros multilaterales.

Tenemos que unir fuerzas en las discusiones internacionales que nos conciernen directamente. Nuestra voz debe ser escuchada con fuerza en las conferencias sobre el clima, la biodiversidad y la desertificación y en los debates sobre el desarrollo sostenible.

Ya podemos identificar posiciones comunes para la COP28 del clima, este año, en diálogo con otros países que también tienen bosques tropicales, como Indonesia y la República Democrática del Congo (Kinshasa).

Con la República del Congo (Brazzaville), podemos trabajar para reunir las cuencas tropicales más grandes del mundo.

El principio de responsabilidades comunes pero diferenciadas sigue siendo central.

Tendremos que exigir, juntos, que los países ricos cumplan con sus compromisos, incluida la promesa hecha en Copenhague en 2009 de 100 mil millones de dólares al año para la acción climática.

Después de todo, históricamente han emitido la mayoría de los gases de efecto invernadero.

Quien tiene las mayores reservas forestales y la mayor biodiversidad merece una mayor representación.

Es inexplicable que mecanismos internacionales de financiación, como el Fondo para el Medio Ambiente Mundial, que nació en el Banco Mundial, reproduzcan la lógica excluyente de las instituciones de Bretton Woods.

Brasil, Colombia y Ecuador deben compartir un asiento en el directorio del Fondo, mientras que países desarrollados como Estados Unidos, Canadá, Francia, Alemania, Italia y Suecia ocupan cada uno su propio asiento.

En otros foros, también hay que tener en cuenta nuestra visión. Nos corresponde trabajar, en la FAO, por la definición de un concepto internacional de bioeconomía que nos permita certificar los productos de nuestra socio-biodiversidad y generar empleo e ingresos para nuestra población.

La COP30 del clima en 2025, también en Belém, será una valiosa oportunidad para que el mundo conozca la verdadera Amazonía. Mucha gente no imagina, por ejemplo, que la mayor parte de la población amazónica es urbana.

De los 26 millones de personas que viven en la Amazonía brasileña, 12 millones viven en ciudades con más de 100 mil habitantes.

Estas personas necesitan infraestructura adecuada, educación y alternativas de vida sostenibles, que pueden provenir de fuentes como el turismo o inversiones en ciencia, tecnología e innovación.

La selva tropical no puede ser vista únicamente como un santuario ecológico. El mundo debe preocuparse por el derecho al buen vivir de los habitantes de la Amazonía. Después de todo, el desarrollo sostenible tiene tres dimensiones inseparables: económica, social y ambiental.

Una transición ecológica justa requiere recursos adecuados y transferencia de tecnología. No puede basarse en la explotación depredadora de los recursos naturales, como los minerales críticos, ni puede justificar un nuevo proteccionismo. En resumen, no puede servir de fachada al neocolonialismo.

La descarbonización no debe profundizar las desigualdades entre países, reeditando la relación de dependencia entre centro y periferia.

Mi sueño es que la Amazonía se convierta en un ejemplo de desarrollo sostenible, mostrando al mundo cómo es posible conciliar la prosperidad económica con la protección del medio ambiente y el bienestar social.

Quiero una Amazonía incluyente, con pleno respeto a las aspiraciones de las mujeres, los jóvenes, los pueblos indígenas y comunidades tradicionales y toda la población del campo, la selva y las aguas.

Eso es lo que vamos a empezar a construir juntos en la Cumbre de los Países Amazónicos. Agradezco una vez más a Colombia por apoyarnos en este camino y espero verlos a todos en Belém.

Muchas gracias.

Foto: Global Forest Watch

Discurso del presidente de Colombia, Gustavo Petro[2]

Le agradezco la presencia a todas las delegaciones de los países que configuran la (OTCA) Organización del Tratado de Cooperación Amazónica. Están aquí todos presentes.

En este esfuerzo por construir una propuesta común –ha pasado algún tiempo desde la COP de París (Francia), la de Copenhague (Suecia), las promesas allí realizadas no se han cumplido–, lo cual merece una evaluación desde el punto de vista de nuestros pueblos sobre su qué hacer en torno a la defensa de la vida, porque estas reuniones, estas luchas comunes, estas discusiones, incluso, tienen que ver con la defensa de la vida.

Concepto simple, pero sin el cual todo lo demás sobra. Así lo decía el premio nobel de economía, Paul Krugman, ahora en Bogotá, que vino a dar una conferencia en la universidad Javeriana, qué sentido tiene hablar de tantas cosas en economía sino se aborda el asunto de la crisis climática.

Y en realidad hay una huida de la humanidad en torno a su principal problema, como si se tratase del avestruz, como si al esconder el rostro no sucediera lo que puede suceder si no actuamos.

Lo que dice la ciencia es que nos extinguimos, se extingue la vida, le llaman la sexta extinción. Ya ha sucedido cinco veces antes en la historia del planeta. No se acaba el planeta, no es propiamente una defensa del planeta, él sigue, solo que sin nosotros. Se trata es de una defensa de la vida.

Y el signo de los tiempos, esta época que nos toca vivir es y se marca a partir de que no se puede defender la vida sin el cambio, sin la transformación. Y, evidentemente es un tema profundamente Político.

Las corrientes de pensamiento, de acción política que en la humanidad se han construido sobre la base de defender el statu quo, de mantener las cosas como están, pues no tienen hoy sentido. Porque si mantenemos las cosas como están desaparecemos. Luego, el cambio se impone.

Y ese cambio, que no está predeterminado, que no está escrito en ningún libro de algún sabio intelectual que quisiéramos leer y darnos como un faro con sus palabras, lo tenemos que construir entre todos, entre toda la existencia humana.

Hoy Europa se ha metido en una guerra. La guerra tiene como fuente unas razones económicas. Una de las cuales, el gas.

Las guerras que hemos visto en el siglo XXI una y otra vez, sobre todo en Oriente Medio, tiene como origen el petróleo. Y la humanidad sabe qué sobre el petróleo, sobre el carbón –del cual somos Colombia el quinto exportador mundial– y sobre el gas solo se puede constituir la sexta extinción de la vida. Es decir, lo contrario al desarrollo, es decir, nuestra destrucción.

A menos que la ciencia esté equivocada, y ningún progresismo podría desligarse de las conclusiones de la ciencia, porque, o si no, sería profundamente irracional, y el pensamiento irracional solo lleva a los fascismos, que es lo que estamos viendo ascender en Europa, en Norteamérica, en el mundo, nosotros tenemos que ser profundamente racionales.

No sin dejar la pasión, no sin dejar los sentimientos, la fuerza de La vorágine que se escribió en estas tierras. Cuando alguien dijo, José Eustasio Rivera (escritor colombiano destacado por su obra poética, pero sobre todo por su novela La vorágine, considerada un clásico de la literatura hispanoamericana): “antes de conocer mujer alguna, jugué mi corazón al azar y me lo ganó la violencia”.

Foto: Fuente: Carlos Nore, Thomas Lovejoy y Gilvan Sampaio, 2016 PNAS.

Las pasiones, indudablemente, han sido parte de la existencia del pueblo latinoamericano, pero es la razón la que puede guiar el progresismo y la razón hoy dice, a través de la ciencia, que tenemos que actuar, que hay que formar todo el sistema económico mundial. Imagínense en ese reto, pareciera escrito a fines del siglo XIX. 

Transformar todo el sistema económico mundial es una revolución. Decía ahora, descarbonización es revolución. Quizás, no como nos la imaginábamos en años mozos, pero, quizás, es más profunda de lo que pretendíamos, porque se trata no sólo de una nueva tecnología.

Sería simple decir, la humanidad, si fuese el reemplazo de tecnologías, sino que esos cambios de tecnología siempre traen aparejado los cambios de relaciones sociales, políticas, del poder. 

Y aquí lo estamos observando, porque hoy somos conscientes, quizás no tanto antes que, las selvas del mundo –la selva amazónica es la más grande del mundo–son los pilares climáticos fundamentales.

El tercero en mi cuenta, es la selva amazónica. Se quita ese pilar y es como las columnas de Hércules. La humanidad puede derribar esos pilares y lo que sucede es que el mundo se derrumba encima de ella. 

Creímos que el desarrollo era tumbar estos árboles, volver potreros este paisaje, meterle ganado, creer que así se progresaba, que el progreso era la destrucción del árbol.

Le llamamos al árbol maleza, e incluso hicimos monumentos con el hacha que tumbaba los árboles. Hoy eso no es más, sino destrucción de la vida, no existe la palabra maleza.

Cada especie que nos rodea, vegetal, tiene una importancia, un encadenamiento, es un mundo intercomunicado de una manera biológica que antes desconocíamos. 

Colombia tiene la mitad de su tierra en bosques. Creíamos que eso era subdesarrollo. Hoy, el planteamiento de salvar esos bosques para salvar la vida siempre se continúa por una discusión, ¿cuánto nos pagarán por ello? ¿Por qué no hacer lo mismo que hicieron los del norte? 

Los del norte acabaron los bosques y mataron los indígenas ¿Ese es el desarrollo? ¿Tendríamos que hacer nosotros lo mismo? ¿O se está abriendo otra perspectiva completamente diferente? 

Hay otro tipo de desarrollo que tiene que ver con no tumbar el árbol, es decir, que tiene que ver con proteger la vida.

Ese reto de plantearnos entre nosotros esos caminos. que pasa por unas discusiones dificilísimas.

Por ejemplo, ¿vamos a dejar explorar hidrocarburos en la selva amazónica? ¿A entregarlos como bloques de exploración? ¿está ahí la riqueza o está ahí la muerte de la humanidad? 

Es una decisión que tendríamos que tomar en común. Obviamente, cada país es soberano.

Cada país aquí ha vivido del petróleo, la mayoría. Nosotros hemos vivido del petróleo y del carbón en los últimos 40 años.

Entonces ¿de qué vamos a vivir? Es la pregunta que se hace en la sociedad, pues podemos vivir del cerebro, podemos vivir de la ciencia, podemos vivir de otro tipo de desarrollos, podemos vivir de nuestra propia unidad abriendo caminos, podremos vivir del ecoturismo, aquí lo han mencionado, de la bioeconomía.

La bioeconomia puede ser un camino de exploración científica y tecnológica tan amplia que podría darnos, incluso, respuesta, desde el punto de vista de la salud humana, a muchos temas que la humanidad no se ha planteado. 

Aquí con nosotros está el tío Darío –que está por acá– que es parte de la familia de las niñas y los niños que estuvieron 40 días caminando en la selva, una de ellas con un bebé en hombros, sin más compañía –hola Darío–, sin más compañía que un perro, unos días.

Se buscó 40 días y se encontraron primero, porque esos niños habían aprendido de su comunidad como vivir en la selva. Cualquiera de nosotros hubiera perecido. Ellos sabían más que nosotros. Y esa es la importancia de saber ancestral.

Y en segundo lugar, porque juntamos dos saberes el del Ejército que estaba entrenado en la ciencia occidental, el satélite, las imágenes nocturnas etcétera, y el ancestral, que simplemente convocaba a los espíritus, para que los espíritus de la selva dijesen si entregaban a los niños o no. 

Y ambos saberes encontraron con vida a los niños. Es decir que una unidad de la humanidad, con saberes diferentes logró la vida. No crearla sino sostenerla, defenderla. 

Yo creo que algo así, esa tarea común de la diversidad que se encuentra, es nuestra tarea aquí, y es la tarea de la humanidad.

Claro, si perdemos los tiempos de la vida en guerras, en codicia, en pensar –y creo que es lo que está sucediendo en el norte– el que puede haber un capitalismo fortaleza al cual no le importa el resto, porque puede vivir sin naturaleza, en esa creencia, y por ello construyen muros para que la posible migración, que puede ser de miles de millones de personas del sur al norte, no se dé.

Por eso no ha sido cierta la propuesta de los cien mil millones de dólares anuales. Eso no existe.

Por eso en el encuentro de París –estuvimos con el presidente Lula–, los países y presidentes africanos hablaron con mucha claridad, porque así lo decían los economistas, Nicolá Sterne entre ellos, que salvar la vida en el planeta y superar la crisis climática obliga a una inversión de 3,3 billones en términos españoles, latinos de dólares al año y 30 veces menos que cien mil ni siquiera han sido cumplidos.

Gustavo Petro, presidente de Colombia, en el encuentro bilateral con el presidente de la República Federativa de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, ‘Camino a la Cumbre Amazónica’.
Foto: Leo Queen – Presidencia de Colombia.

Claro hablar de 3,3 billones de dólares al año significa un cambio del sistema financiero mundial, significa un cambio de las relaciones económicas mundiales, significa priorizar la vida y no el capital, la vida y no la ganancia.

Hasta allá no ha llegado Europa, hasta allá no ha llegado Estados Unidos, hasta allá no ha llegado China y ellos son los que contaminan el mundo. 

Si no llegan a ese pensamiento, el cronómetro del reloj marca el final. Así que la presión nuestra tiene que encaminarse hacia ese derrotero. Ahí es donde está el progresismo político y la unidad de los pueblos. 

Transformar ese sistema económico en función de la vida es la revolución de los tiempos de hoy. Es una revolución de la vida. Aquí estamos rodeados de esa revolución. Esta es la capital, la selva amazónica, porque es la explosión de la vida.

Colombia ha logrado en este trimestre, según estadísticas, detener en un 76% la deforestación, una cifra importante por el tamaño, comparado este trimestre con el trimestre del 2022. Para lograrla hubo que hablar con grupos armados, y una de las conversaciones centrales era no deforestar.

Es decir, que en cierta forma la paz está comunicada con la vida, y era obvio, con la posibilidad de defender la selva.

Hubo que hablar con las comunidades para estudiar mecanismos en donde su nivel de vida pueda mantenerse o superarse sin tumbar el árbol, un desarrollo en la selva, no contra la selva.

Esas conversaciones tuvieron como resultado esta estadística que podría dañarse obviamente, no es estable. 

Reducir 76% de la deforestación en la Amazonía colombiana, poder llegar a cero, y poder empezar la restauración de la selva, pues es un aporte que se le puede la humanidad que queremos compartir con ustedes, porque las ideas de cada país son importantes, son, quizás, más importantes que lo que hemos podido desarrollar como ideas individuales, nacionales.

Empoderar la OTCA, entonces, en Belén, en la próxima reunión de presidentes, darle el estatus de poder político que necesita, ponerla a hablar en común, tener un discurso en común en la próxima COP –que será en un país árabe y petrolero– yo creo que son los objetivos que nos tenemos que trazar. 

Nosotros hemos propuesto cambiar deuda por acción climática, los 3.3 billones anuales se podrían alcanzar en una parte significante si transformáramos el sistema de deuda mundial a partir de una emisión de derechos especiales de giro, que esta vez sería ambientales en el fondo monetario internacional, cambiando la correlación de fuerzas que hay a su interior.

Porque esa emisión equivaldría a un Plan Marshall de Acción Climática en toda la humanidad, y equivaldría a una reactivación económica, pero ya en otro sentido, que no es la maximización de la ganancia sino la maximización de la vida, en donde las puras inversiones rentables, quizás, se queden pequeñas ante la necesidad de enormes inversiones

públicas, planificadas, para mitigar. Es decir, cesar el consumo del petróleo y del carbón.

Y para adaptarnos, es decir, para que la vida en nuestros pueblos pueda resistir el embate del clima hasta que superemos el principal problema de la humanidad. La crisis climática. 

Así que les agradezco su presencia y nos vemos en Belén de Pará (Brasil), con el anfitrión, Presidente Lula, en Brasil.

Gracias, muy amables.


[1] Tomado de: gov.br

[2] Tomado de: petro.presidencia.gov.co

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