Entrevista

Una mirada distinta a la historia colombiana

El historiador cartagenero Alfonso Múnera, notable investigador de nuestra historia, acaba de publicar su último libro, La independencia de Colombia: olvidos y ficciones. Cartagena de Indias 1580 1821. En el marco del Hay Festival 2022 de Cartagena concedió esta entrevista para La Palabra. Se trata de una mirada crítica a muchos episodios de la Independencia y de la historia de Cartagena, de suma importancia para la actual coyuntura que está viviendo Colombia.

Por: Darío Henao Restrepo
Director de La Palabra
Transcripción: Daniel Vásquez Ruiz

Alfonso Múnera Cavadía (1954), historiador, investigador, profesor y ex embajador colombiano.
Foto: Zenia Valdelamar. Tomada de eluniversal.com.co

Darío Henao (D.H.): Hay una línea de continuidad muy fuerte en tus libros, en esto comparto la idea de Borges según la cual un escritor, en el fondo, no escribe sino un solo libro en la vida. Es decir, le da matices entre uno y otro. Pienso, por tanto, que el libro que tú has escrito, el único, tiene varios énfasis, inflexiones, a través de ensayos y artículos, desde tu primer libro, tu tesis doctoral, – El fracaso de la Nación. Región, clase y raza en el Caribe colombiano (1717-1810), 1998 – y luego ese extraordinario libro de ensayos – Fronteras imaginadas. La construcción de las razas y de la geografía en el siglo XIX colombiano, 2005 – y los ensayos que recoges en – Tiempos difíciles. La república del XIX: una ciudadanía incompleta, 2011 -, para culminar con La independencia de Colombia: olvidos y ficciones. Cartagena de Indias 1580 1821, 2021. Creo que ese último título sirve para leer en buena manera la clave de lo que tú has hecho en tus libros anteriores. ¿Qué nos puedes decir acerca de esa línea de continuidad que has tenido en tu proyecto como investigador de la historia colombiana?

Alfonso Múnera (A.M.): Es una reflexión que no me había planteado cuando estaba escribiendo los libros anteriores. En realidad tienes razón, es un libro que va abordando con matices distintos, mirando el tema central: ¿Cómo hicimos esta nación? ¿Cómo la fundamos? ¿Y cómo fue que hicimos cosas tan malas a la hora de fundarla? Es decir, ¿qué fue lo que pasó para que hayamos tenido una nación con tantos tropiezos, traumas y problemas? Utilicé deliberadamente una palabra muy fuerte cuando quise ponerle el título al primer libro, lo llamé El fracaso de la nación, porque quería generar allí una mirada distinta. Pero al fin me di cuenta que esa preocupación estaba cruzada por factores que están permanentemente escritos en mis artículos, libros, etc. Yo diría que son dos factores claves los que han sido el centro de toda la indagación que he tratado de hacer. El primero es que a fin de cuentas nuestra nación, como muchas otras, se construye no desde un centro que se legitima posteriormente, sino en tensión y en conflicto profundo entre distintos centros, y al final lo que va a suceder es que una de estas regiones se impone y construye un discurso hegemónico que la legitima. Y el segundo, que surgió en la investigación, es que la nación nos tiene de protagonistas y de pensadores solamente a las élites, pero no es así; hay distintos protagonistas que piensan, que viven el proceso de manera creativa y que se plantean también alternativas. Esos otros protagonistas son los pueblos nativos, afros, mestizos, mulatos, y en mi caso particular, me he concentrado en los pueblos afros, negros, mulatos. Esto era lo que yo sabia y quería investigar, para poder trabajar estas dos grandes áreas o factores, problemas. Sin los cuales no podemos entender el proceso de formación de la nación. Yo escogí y trabajé esa intensa contradicción, tensión, entre el centro andino y el Caribe colombiano, y en particular, entre sus dos ciudades representativas en ese momento, es decir, Santa Fe de Bogotá y Cartagena. De modo que sí, creo que este libro es tributario de esa obsesión, y me atrevería a decir que con este libro cierro una especie de trilogía alrededor de estas preocupaciones. Ficciones y olvidos cierra bastante bien el tema.

D.H.: En Fronteras imaginadas adelantas algunas puntadas claves que retomas con mucho detalle en Ficciones y olvidos , me parece que comienzas a ahondar en algo que han hecho varias de nuestra novelas sobre Bolívar. Algunas muy polémicas, como La carroza de Bolívar de Evelio José Rosero, cuyo foco está centrado en los fusilamientos ordenados por El Libertador en Pasto y sus marcas negativas en la memoria popular de los nariñenses. En tu libro también vuelves la mirada crítica a algunos conflictos bastante lamentables de nuestra historia, como el del fusilamiento de José Prudencio Padilla por orden de Bolívar. Tú señalas, digamos, la clave socio racial en estos conflictos, un tema que te ha preocupado desde el primer libro.

A.M.: No me gustan las tesis conspirativas, naturalmente, pero sí me doy cuenta, algo que aprendí como historiador, del importantísimo papel de los silencios a la hora de narrar la historia. Lo que recoge la historia sobre el pasado. Hay siempre un mecanismo inevitable, que revive pero también silencia, ¿no? Y en la mayoría de los casos los silencios son deliberados, es decir, cuando el silencio se prolonga en el tiempo empieza a ser un silencio deliberado.

Las tensiones socio-raciales estuvieron en el centro mismo de la formación de la Nación, de la República. Por lo tanto, resulta inevitable considerar que hubo toda la intención de silenciar. Este aspecto jugó un papel fundamental porque el problema es que en todos estos procesos de construcción de la Nación, ya lo sabemos por Benedit Anderson y otros, hay siempre la intención de la homogeneidad, y esta suprime lo diverso, el disenso, lo que no entra en ese cuadro. Todo esto lo digo porque cuando uno mira lo de Bolívar y lee sus cartas, no es ni siquiera un problema interpretativo, no es sino sentarse y coger los tomos de Vicente Lecuna que recogen la correspondencia de Bolívar y otras fuentes, y lo que tú encuentras en Bolívar en ese mismo momento en que el gran caudillo, el Gran Libertador, está pensando el tema de la Nación, y te encuentras con un proyecto autoritario que marca el inicio de la desgracia de la Gran Colombia. Si uno rememora un poco, lo que sucede es que Bolívar viene en 1926, llega aquí el 27 pero desde el 26 está mandando cartas y cartas y cartas a todos sus amigos diciéndoles que esta democracia de la Constitución del 21 que, por cierto acabamos de celebrar, no funciona, no nos sirve y que habría entonces que montar un proyecto autoritario: su famosa Constitución Boliviana. Esto no lo digo yo ni lo interpreto, no, está en sus cartas, dicho con absoluta claridad. Que era, en otras palabras, la Presidencia vitalicia. Y este Senado aristocrático y todas estas cosas que él quería montar en su nueva República. La otra pregunta que sigue es por qué esa obsesión de Bolívar. Sí, tiene una influencia muy fuerte del modelo inglés y todo lo que tú quieras, pero por qué esa obsesión tan tremenda, ¿no? Suprimir los espacios democráticos, los debates y la discusión democrática. Uno podría pensar en varias cosas, pero una que está presente en él, y esto es indiscutible, es su profundo temor a los pueblos mulatos y negros, y lo repite y lo repite de distintas maneras. Construye un concepto que es muy interesante: el concepto de la pardocracia, que para Bolívar es varias cosas; primero, es eso que está integrado por negros y mulatos, pero también es todo aquello que significaba gente de color. También la pardocracia es el gobierno de la gente de color y ese es el más problemático porque, a fin de cuentas, el proyecto autoritario tenía un destino: evitar el gobierno de esa gente de color que Bolívar asimilaba con anarquía y desorden. Asimilaba en sus convicciones profundas a la destrucción del Estado que él quería montar.

Foto: bukz.co

D.H.: Sí, eso me sorprendió. Aquí lo tengo bien subrayado: una carta de Bolívar a Santander del 7 de abril de 1825 sobre ese tema que tú estás señalando. La cito textualmente: “La igualdad legal no es bastante por el espíritu que tiene el pueblo, que quiere que haya igualdad absoluta, tanto en lo público, como en lo doméstico; y después querrá la pardocracia, que es la inclinación natural y única, para exterminio después de la clase privilegiada. Esto requiere, digo, grandes medidas, que no me cansaré de recomendar”. Están muy claros los temores de Bolívar.

A.M.: Claro que sí. Bolívar está obsesionado con esta idea, escribiéndole a Santander y a todos sus amigos sobre este temor a la pardocracia, pero claro, ¿qué es lo que uno puede leer ahí? También uno puede identificar el protagonismo de la pardocracia y la evidente intención también de montar un gobierno democrático distinto, porque a fin de cuentas, lo que lleva a Bolívar a todas estas preocupaciones es su propia experiencia personal, es decir, los hombres actúan movidos por experiencias profundas y la de él es la experiencia, con la actuaciones de los negros y los mulatos. Hay que decirlo y lo dice bastante bien John Lynch. Los que integraron, en su mayor parte, el ejército de Boves y de Morales que declaró una guerra brutal y expulsó a Bolívar y a los independentistas de Venezuela, fueron los negros y mulatos, estaban con Boves y Morales, y tenían una profunda repulsión, resentimiento, rencores contra una aristocracia mantuana que los había maltratado de distintas maneras, y además porque Boves y Morales les ofrecieron la libertad a los esclavos, y tierras a los mulatos, entonces se fueron contra los independentistas, y eso es verdad.

Eso Bolívar no lo iba a olvidar. Bolívar llega Cartagena y se encuentra con el movimiento bajo el poder, bajo el control de los mulatos y negros en 1814 y 1815 para crear una República igualmente democrática. Sale de Cartagena, llega a Haití y ve la experiencia haitiana. Entonces todo esto se revuelve en el alma de Bolívar y lo lleva a tener esos temores profundos que van a ocasionar un final difícil y trágico para la República. Pero también quiero aclarar lo siguiente, para empezar a despejar también malas interpretaciones: a mí no me interesa negar el papel de Bolívar en la Independencia, su gesta libertaria, no me interesa negar su profunda convicción de patriota, en su abnegación, en la manera como entregó sus bienes y su vida a la construcción de la República. Todo eso es loable y está en Bolívar, además de su poder intelectual, su maravillosa capacidad para escribir, su desinterés, su generosidad. Y está lo otro también, y lo otro es lo que nos da el cuadro más o menos completo, o lo que nos permite enriquecer la tragedia de la Gran Colombia, porque si todo hubiera sido una maravilla pues tendríamos una verdadera maravilla de República. Pero no todo fue una maravilla. Hubo problemas, actuaciones y errores muy graves en estos caudillos extraordinarios, hicieron cosas muy graves y tenemos que sentarnos a pensar y reflexionar sobre estas cosas si queremos construir una mejor República.

D.H.: Me interesa profundizar en el tema de José Prudencio Padilla. En “Sangres encontradas”, la cuarta parte de Changó, el gran putas, en el segundo capítulo – “José Prudencio Padilla: Guerras ajenas que parecen nuestras” – Manuel Zapata Olivella hace una larga reivindicación del Almirante Padilla. Creo que avanzas en tu libro colocando en el centro del conflicto de la pardocracia con la aristocracia criolla que lleva al fusilamiento de José Prudencio Padilla, una de las infamias, ignominias, injusticias más grandes de la historia de Colombia. Háblanos de esto y desentrañemos por qué es tan importante, y por qué hoy eso que está ahí, esas suposiciones, tienen tanto peso en la historia de Colombia, porque no se han resuelto definitivamente, y ahí viene tu tesis que se centra en por qué tenemos una Nación a la cual le falta mucho por construirse, para realmente ser una Nación moderna, contemporánea, democrática.

A.M.: Yo me enfrenté a este tema, era un poco una prolongación precisamente de lo que había escrito en El Fracaso de la Nación, porque me di cuenta que había excelentes trabajos sobre el tema de Prudencio Padilla, cosas muy bien escritas, la lucidez de Manuel en esa novela, lo que había hecho Marixa Lasso y otros. Me parecía que el tema de Padilla encarnaba un elemento trágico que había que construir con la estructura del relato, con una estructura narrativa que pudiera reflejar la intensidad del hecho y entonces lo que hice realmente fue utilizar una especie de contrapunteo de voces, de una manera muy ágil, donde las voces fueran reflejando lo que estaba pasando en ese momento y en una especie de intensidad creciente, sobre todo porque cuando uno habla de Bolívar y Padilla debe incluir a otro actor, que es el general Mariano Montilla. Esa es una trilogía trágica. Para resumir, lo que sucede es que Padilla es uno de los grandes generales de la independencia, es decir, es el hombre victorioso de la batalla de San Juan en Cartagena, en el lago de Maracaibo, pero además es victorioso en una serie de batallas, muy audaz, de mucho talento militar, con lo cual desde su origen humilde llega a convertirse en lo que se convierte: uno de los grandes generales de la República. Pero, al mismo tiempo, alrededor de Padilla se suscitan unos odios brutales. Uno de ellos es el de Mariano Montilla, otro general importante de la República que dirigió la campaña del Norte, los puertos, y también aristócrata, amigo de Bolívar desde la infancia, de la misma estirpe aristocrática mantuana, caraqueña. Había tenido algunas desavenencias con Bolívar, que luego superaron, pero en ese momento eran grandes amigos. Y Montilla inicia una cosa terrible que yo trato de mostrar alrededor de Padilla, creando un Padilla conspirador dispuesto a ocasionar una especie de levantamiento de negros y mulatos. Y eso se encuentra en cartas de Montilla mostrándolo como un hombre peligroso. Carta tras carta enviadas al vicepresidente Santander y a Bolívar, insisten en la peligrosidad de Padilla. Así llegamos al año 1827. En ese año lo que sucede es que ellos, Bolívar y Padilla, siguen siendo grandes amigos. Padilla le celebra el cumpleaños a Bolívar y, curiosamente, un año después, Bolívar hace hasta lo imposible por fusilarlo y lo logra. Arma toda una trama para fusilarlo. Uno se pregunta por qué, si en las cartas que uno lee del año 1927 este hombre está hablando desde su lealtad y admiración hacia Bolívar, y la única respuesta que yo encuentro es que Bolívar empieza a hablar del peligro de Cartagena, empieza a decir cosas tan terribles como: “Cartagena es lo único que me da miedo”. El peligro para la independencia estaba en Cartagena, y luego le manda una carta donde le dice a Montilla que Cartagena es la caja de Pandora, y la llave para abrirla, nos enteramos después, es Padilla. La caja de Pandora de la República era Cartagena, pero, ¿qué era realmente Cartagena para él? Eran los mulatos y negros que él había visto en los años 1814 y 1815, y que Montilla había sufrido en esos años, como gente dispuesta a defender la democracia radical, y que finalmente los había derrotado. Tenían el temor de que esta gente se pudiera levantar y entonces se inventan cosas absolutamente falsas: la primera era que en febrero y principios de marzo, Padilla había intentado levantarse en armas. Nunca lo hizo. Jamás. Si lo hubiera hecho habría creado un terrible problema porque era un tipo idolatrado, reconocido por todos ellos. Al contrario: lo que hizo fue irse de Cartagena a buscar a Bolívar porque creía que Bolívar podía interceder a favor de él. Pero Bolívar no lo recibe. Se regresa a Cartagena solo. Montilla lo apresa y se lo manda a Bolívar a Bogotá porque le da miedo juzgarlo en Cartagena. Lo pone preso en Bogotá en el mes de mayo, y cuando la conspiración de septiembre, con meses de estar preso, donde intentan matar a Bolívar, resulta que se arma el argumento de que Padilla iba a salir de la cárcel para liderar la conspiración. Pero cuando iban a liberarlo, Padilla se niega a salir de la cárcel, se niega a participar en el movimiento, pero aun así, Urdaneta, leal a Bolívar hasta el último momento, monta una especie de juicio y lo condenan a muerte. Y no les basta con eso. Hacen un espectáculo en la plaza de Bolívar, donde lo degradan militarmente; luego lo fusilan de una manera terrible; después, no contentos con eso, lo ahorcan para que quede como testimonio de lo que les sucede a los que se atreven a discutir y cuestionar. ¿Qué había ocasionado eso finalmente? Que Padilla, en ese momento terrible de la convención de Ocaña, donde es derrotado el proyecto autoritario de Bolívar y donde hay que decir que Santander tuvo el valor de dirigir la oposición contra ese proyecto autoritario y defender la Constitución de 1829. Padilla apoyó abiertamente a Santander, sin que su admiración y lealtad por Bolívar dejara de existir. Simplemente consideraba que ese proyecto no era lo que él quería porque era un proyecto autoritario. Eso bastó para que los odios de Bolívar, cimentados por las cartas de Montilla, se desataran contra Padilla, lo considerara un tipo terriblemente peligroso y llegara este espectáculo trágico. Es una especie de metáfora de lo que va a suceder en la República, porque lo que viene después es terrible. Una República que se derrumba, Páez se va para Venezuela, se separa, Ecuador se separa. La República muere con su soñador, con su caudillo, y empieza otra historia de la Nueva Granada, historia que va a estar marcada por este antecedente, que va a tener un sino a lo largo del siglo XIX, de exclusión sistemática, permanente, breves periodos de apertura democrática; pero donde va a haber siempre en ese siglo XIX una actitud peyorativa contra negros, mulatos e indígenas, una actitud clara de excluirlos y una actitud clara de no dejarlos ser protagonistas de la República. Esa es mi lectura de todo esto.

El Libertador Simón Bolívar (1783 – 1830).
Foto: noticialdia.com

D.H.: Todo el relato del libro Olvidos y ficciones tiene mucho que ver con un asunto que siempre has destacado en tus libros: el papel de las clases subalternas, de los sectores populares. En este momento en Colombia, si se quiere construir democracia, si se quiere construir justicia social, pues eso pasa por ahí, por volver a esta historia que tú nos traes en este extraordinario libro. El caso de Cartagena es muy similar al de Cali. En los censos de Cali en el siglo XIX la mayoría eran afros, mulatos, mestizos. Sin embargo, son los excluidos, y creo que vale la pena que comentemos estos primeros capítulos y el papel de ciertos sectores extranjeros que los hubo allá en cantidad y que también fueron sacados de la historia que tú vuelves a colocar en el escenario.

A.M.: El primer capítulo lo llamé ‘Cartagena afro, la gran ciudad del Caribe’, y lo llamé así porque me parecía que había que darle ya una vuelta radical a toda esta manera de interpretar la historia de Cartagena. Habíamos construido el mito de una Cartagena hispánica y con ese mito crecimos, como también construimos la República hispánica y la de Bogotá, la Atenas suramericana, todo esto que se consolidó sobretodo a finales del siglo XIX y a comienzos del XX, pero la verdad es que cuando tú lees este capítulo te das cuenta que era una ciudad evidentemente marítima. Primero te das cuenta que hay un terrible problema en la historiografía colombiana cuando pretenden mirar la colonia como una colonia colombiana en continuidad o como un antecedente que le da continuidad a la República. ¡No, hombre! En el siglo XVI, XVII y XVIII estas son regiones completamente autónomas, independientes, por distintas razones, y lo que encuentras es una Cartagena marítima, portuaria, cosmopolita, llena de extranjeros que juegan el papel fundamental de esa historia. Es una ciudad que además tuvo el dudoso e infame honor de ser el primer gran puerto de introducción de esclavos africanos a América. Durante 50 años entraron el mayor número de los esclavos a América, a ciudad alguna, entraron por Cartagena. Entonces estamos ante una ciudad en donde lo que impera es una diversidad compuesta por portugueses, judíos, holandeses, y donde hay una intensidad y una extraordinaria escena internacional. Unas economías que se mueven con una gran dinámica en comercios legales, comercios ilegales. Pero además, insisto, hay que saber esto: Cartagena es en 1590-1600 la gran ciudad afro de las Américas. También es uno de los puertos por donde está circulando la mayor riqueza de la Tierra. La riqueza que llega del Perú a Panamá en plata y luego viene a Cartagena, y la riqueza del oro que viene del interior de la República, que es prácticamente la productora del 40% del oro del mundo en ese momento. Todo eso está circulando por Cartagena. Y estos puertos nuestros, La Habana, Cartagena, Panamá, son puertos claves, fundamentales, en el proceso de la acumulación del capital, de la creación del comercio mundial, del capitalismo moderno, el cual no se puede explicar solamente porque en Londres se desarrolló X o Y cosa. Uno sabe perfectamente, después de haber leído ese gran capítulo titulado “La acumulación originaria del capital”, de Marx, que todos estos fueron factores fundamentales en la formación del capitalismo. Todos los grandes economistas lo saben. Es una historia distinta donde los afros están jugando un papel fundamental, donde está naciendo un nuevo ser humano, que es lo que Manuel Zapata Olivella festeja no sólo en sus escritos, a ese ser humano que surge en las Américas y que Manuel celebra en su creatividad social.

Plaza José Prudencio Padilla, ubicada en Riohacha en homenaje al Almirante.
Foto: laguajirahoy.com

D.H.: Acabas de proferir una extraordinaria conferencia sobre el pensamiento de Manuel Zapata Olivella y Letras Nacionales, para que hablemos un poco de las tesis centrales, que van muy de la mano con lo que has planteado en tus libros. Destaquemos esta labor de Manuel en la revista y su pensamiento.

A.M.: Cuando uno lee los editoriales de Manuel, sobre todo los ocho primeros editoriales, uno se asombra porque esperaría que la crítica literaria hubiera visto toda la riqueza y complejidad de lo que este hombre estaba intentando decir en sus editoriales. Todo tiene antecedentes. Sin duda, hubo revistas importantes antes de Manuel, pero lo que a mí me maravilla, y es lo que he tratado de decir en mis charlas sobre Letras Nacionales, es que lo que él hace en esos editoriales es realmente una ruptura, porque empieza a pensar el país de una manera radicalmente distinta. Además, empieza a pensar la Constitución no solo del país sino de su cultura, de esa cultura que nos va a conformar a todos de una manera radicalmente distinta. Además, creo que es el único que lo dice de manera diáfana, con mucho valor, porque era muy difícil decir esas cosas en los años 60. Era muy difícil porque tanto los de izquierda como los de derecha en los sesentas, setentas y ochentas, todos hablaban sobre cosas que no leían realmente, o que no partían de leer el país. Y lo que Manuel hace, de una manera extraordinaria, es decir: “Miren, yo me conozco todas estas teorías europeas. He leído a Joyce, a Faulkner, los conozco a fondo. A mí nadie me echa cuento sobre esto”. Y ahí están sus ensayos. Pero lo primero que tenemos que hacer los colombianos es mirar qué somos, y por eso su primer editorial se llama “¿Qué somos?”. Somos eso. Somos un pueblo de indios, un pueblo de negros, un pueblo de mulatos que están en constante e intensa creatividad social de la cual sale lo mejor de nuestra literatura, de la cual se desprende, se apoya en eso, en lo mejor de nuestro arte. Eso somos. Pero decirlo en los 60, y además como él lo dice y lo explica, era muy difícil. Y creo que ahí está planteada una noción del país mucho más inclusiva, más completa, más rica, por lo cual yo defiendo la tesis de que Manuel es el pensador más importante del siglo XX colombiano. Ahora, hay quienes creen que no lo fue. Piensan, por ejemplo, en Miguel Antonio Caro, un sabio, latinista, que conocía y traducía del latín. Bueno, es un punto de vista. Siempre el problema de clasificar implica una subjetividad, y a los que creemos que el país se merece un destino mejor, encontramos en Manuel el pensamiento más enriquecido, más extraordinario y más actual para construir un mejor país.

Acción del Castillo de Maracaibo (1840), obra del pintor José María Espinosa. El 24 de junio de 1821, La Heroica fue testigo del asalto comandado por José Prudencio Padilla. La sangrienta lucha llevó al destierro del enemigo español.
Foto: conyextomedia.com

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