Reseñas

Electra en el desierto: Reseña sobre Electra de Cali Teatro

Por: Dalia Jimena Velasco
Estudiante de Lice. en Literatura

Escena de Electra, versión de la clásica tragedia de Eurípides a cargo de Cali Teatro - Foto: José Kattán - Especial para http://www.elpais.com.co
Escena de Electra, versión de la clásica tragedia de Eurípides a cargo de Cali Teatro – Foto: José Kattán – Especial para http://www.elpais.com.co

La fascinación por los clásicos parece común tanto en el ámbito teatral académico como en el sector cultural. No sorprende entonces la repetición excesiva de un Shakespeare o un Sófocles en las programaciones mensuales; más bien intriga y estimula, pues aunque todos pretenden realizar una presentación memorable, pocos comprenden las obras en su dimensión teatral. La obra Electra de Eurípides, adaptada y dirigida por Álvaro Arcos —quien ha liderado en otras ocasiones montajes más afortunados—, no es la excepción.

En esta el director ha decidido suprimir el fundamental monólogo primero, que recuerda los acontecimientos familiares, como también la presencia de los coros que más allá del unísono discurso evidencian un primer estado psicológico de Electra. Ambos elementos, como prueba del facilismo que usualmente promueve la anulación de lo incomprensible, son el comienzo de una lista numerosa de desaciertos.

La escenografía se resuelve con tres objetos básicos: un telón de color azul celeste que rodea el escenario, unos troncos de madera ubicados sobre el costado izquierdo del mismo, y un dispositivo traído por un personaje a modo de balanza. No hay indicios de río ni de campo, el lugar es desértico y mínimo. Se observa a una Electra que sale a pleno desierto en busca de leña, en vez de una que carga el cántaro en busca de agua. Se observa a una Electra que recorre acompasadamente el camino de regreso mientras su marido le indica qué hacer, en vez de una Electra consciente que realiza los oficios de la casa por iniciativa mas no por obediencia.

Del primero, Cali Teatro nuevamente modifica un elemento que podría resultar aceptable si Electra saliera en busca de agua y no de leña, dado que resulta más verosímil pensar que dicho lugar posee pozos de agua y no árboles suficientes para una numerosa cantidad de troncos. Esta arbitrariedad, ahora vista por el público ingenuo como una propuesta ingeniosa, parece condensar el deseo de quien dirige, pues aunque la obra ofrezca elementos dramáticos o paisajes suficientes, este decide simplificarlos o ignorarlos, de allí que pretenda construir novedad donde no hay.

Poster de Electra - Foto: Facebook Fundación Escénica Cali Teatro.
Poster de Electra – Foto: Facebook Fundación Escénica Cali Teatro.

¿Con qué fin Álvaro Arcos elimina el campo? ¿Para qué reemplaza el cántaro de agua por leña? ¿Se debe acaso a una idealización del esfuerzo que lo incita a asociar madera con rústico, pesado, grueso? ¿No es suficiente trabajo para alguien del estatus de Electra cargar repetidas veces un cántaro? Insisto en este elemento que parece irrelevante por su apertura a cierto equívoco en la concepción política del personaje; Electra, aunque viva en el campo con su cabeza rapada y su traje de miserables telas, pertenece a un linaje que aún en la pobreza es digno de reconocimiento. Por el contrario, Cali Teatro, lejos de toda lectura atenta, introduce a una Electra sumisa y a un Campesino altivo que sobrepasa por momentos su propia condición.

Cierto hábito del lector acelerado, quien avanza con rapidez para así llegar al final, se encuentra presente en el corto tiempo destinado para la representación teatral. Cali Teatro, como si la motivación de toda obra de arte recayera en el mensaje y no en la forma, avanza rápidamente y sin remordimientos sobre acontecimientos de una evidente importancia. El encuentro de Electra con Orestes y la confrontación de la misma con su madre transcurren sin matices interpretativos o una idea clara de la acción dramática puesta en conflicto. Cali Teatro se interesa por presentar un resumen de la obra, mas no una propuesta dramática que revele los conflictos de la misma.

Los actores por su lado realizan esencialmente un trabajo de declamación, pues de su parte solo se observan acciones comunes que no alcanzan la acción dramática; carecen de toda reacción y no poseen una forma de interpretación definida. Esto es tal vez lo más polémico de la representación, puesto que aunque el conflicto de la obra recae sobre Electra, personaje incapaz de perdonar a su madre y por ende deseosa de venganza, en la representación esos sentimientos no se logran percibir con claridad

Los actores por su lado realizan esencialmente un trabajo de declamación, pues de su parte solo se observan acciones comunes que no alcanzan la acción dramática; carecen de toda reacción y no poseen una forma de interpretación definida. Esto es tal vez lo más polémico de la representación, puesto que aunque el conflicto de la obra recae sobre Electra, personaje incapaz de perdonar a su madre y por ende deseosa de venganza, en la representación esos sentimientos no se logran percibir con claridad.

Por otro lado también es notoria cierta confusión en la figura heroica de Orestes que, lejos del héroe soberbio y determinado, se encuentra moralmente indeciso respecto a la intención de asesinar a su madre. Esta, por último, es presentada como un ser frívolo y perverso que lejos de toda reconciliación se declara enemiga de su hija, lo cual simplifica su carácter y transforma su discurso reivindicativo en un grito de histeria femenina.

Los tres encuentros que hacen evidente la trivialidad en el tratamiento de la representación impiden al espectador reconocer el horror del ser humano ciego ante la venganza. Así, como si observara las sentencias noticiosas, el espectador se deja estar, bebe agua, conversa y espera con una ansiedad adormecida el final.

Elenco de Electra - Foto: Facebook Fundación Escénica Cali Teatro
Elenco de Electra – Foto: Facebook Fundación Escénica Cali Teatro

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