Crítica

Hamnet: el triste milagro de la peste

Chloé Zhao reconstruye la atmósfera emocional detrás de la obra insigne de Shakespeare. En esta versión alternativa, la muerte de Hamnet, hijo del autor, es la sustancia que alimenta las meditaciones lúgubres del príncipe de Dinamarca. La factura contemplativa de la directora, el trabajo actoral de primer orden y la representación ambiciosa de toda una época, le valieron un lugar destacado entre las principales contendientes a mejor película del año en los premios Óscar.

Por: William Rosero
Estudiante de Licenciatura en Literatura, Univalle

Foto: filmaffinity.com
Foto: filmaffinity.com

Cholé Zhao (1982) dejó de ser una desconocida para el mundo occidental cuando se llevó el premio Óscar a mejor dirección y a mejor película por su trabajo en Nomadland (2020). Su manera de comprender el cine quedó establecida casi desde el principio: un registro suave, lento, comprensivo y contemplativo al mismo tiempo, uso de planos largos y analíticos, etc. En síntesis, una vocación por el desvanecimiento entre la realidad y la ficción, como sucede con el género documental. Con Hamnet (2025) ha recibido más de sesenta nominaciones a distintos premios, de los que ya ha ganado una veintena. Destaca el premio a mejor película de drama y a mejor actriz en los Golden Globe Awards.

La película abre con una advertencia: Hamnet y Hamlet son nombres equivalentes. Que Zhao se haya inclinado por la versión menos conocida sugiere la naturaleza apócrifa del relato. Se supone que Maggie O’Farrell, la autora del libro homónimo del que parte la adaptación, y coautora del guion final, se basó en documentos y registros históricos certificados para elaborar esta hipótesis sobre la génesis detrás de Hamlet. Gracias a la escasa documentación en torno a la figura de Shakespeare es posible aventurar toda clase de teorías que sean medianamente coherentes sobre algunos aspectos puntuales de su vida. Sin embargo, la profundidad emocional por la que apuesta O’Farrell conserva la remota posibilidad de ser verdadera, dada la atención que destina a la condición humana del escritor y de su familia, especialmente de Agnes —aunque Anne sea su verdadero nombre—, su esposa y madre de sus tres hijos.

Foto: Fotograma de la película Hamnet.
Foto: Fotograma de la película Hamnet.

La historia se articula alrededor de este personaje enigmático. Agnes nació en el bosque, de una madre que nació en el bosque, y posee facultades suprasensoriales, además de una serie de conocimientos en lo que parece brujería. Conoce a Shakespeare mientras este impartía clases de latín a sus sobrinos. El carácter de Agnes es poderoso y atrabiliario, pero esto no refrena la unión de ambos. Su embarazo los empuja a un matrimonio que ya se habían prometido. En el segundo parto nace Hamnet, mellizo de Judith. El niño, de apenas unos nueve o diez años, enferma de peste y muezre. Para este momento, Shakespeare está en proceso de fortalecer su legado como dramaturgo en la capital de Inglaterra. La distancia física se transforma entonces en una distancia emocional. Agnes lo recrimina por no haber estado presente en la muerte de su hijo. Las tensiones se resuelven con el estreno de Hamlet, en el que Shakespeare vuelca todos sus fantasmas en la figura dolorida del Rey Muerto, y le confiere a su hijo un destino valeroso como él lo había soñado, todo esto desde la perspectiva de Maggie O’Farrell.

Zhao nos ofrece un acercamiento sensible y honesto a una de las figuras más importantes de la historia sin apelar directamente a su condición de ídolo, lo cual, paradójicamente, resulta mucho más enriquecedor que si se hubiera detenido en el mero elogio.

La historia avanza casi que a trompicones. Zhao confía en la cultura popular para eludir la responsabilidad que imponen los detalles. Esto, mal que bien, puede boicotear la empatía del espectador en un primer momento, por lo menos durante la primera mitad de la película. La línea de tiempo, sin dejar de ser absolutamente convencional, está suspendida o asegurada por una serie de metáforas o símbolos abismales por los que se filtra un sentido distinto al que se puede apreciar a simple vista. La cámara se deleita en la observación minuciosa de una grieta, la puerta de un decorado o la abertura en las ramas de un viejo árbol, lo que genera una poderosa sugestión. El misterio no se resuelve en ningún sentido, pero es lo suficientemente magnético como para insinuar que allí está sucediendo algo importante, ya sea el silencio que acompaña a la muerte o la irreversibilidad del destino.

Cholé Zhao (1982), directora de cine, productora y guionista china. Foto: Tomada de mubi.com
Cholé Zhao (1982), directora de cine, productora y guionista china. Foto: Tomada de mubi.com

El trabajo actoral de los protagonistas, Agnes (Jessie Buckley) y de Shakespeare (Paul Mescal), está muy por encima del resto de su competencia. El estilo contenido de Zhao consigue sacar lo mejor de cada uno, pese al reto que implica emular un desborde emocional auténtico sin cortes y en primer plano. Destacan dos momentos puntuales: el desgarro de Agnes con su hijo muerto en brazos y la corrección que Shakespeare le hace a un actor durante un ensayo. Ambas escenas comparten un mismo elemento. El seguimiento obsesivo de la cámara le permite al espectador asistir a todos los pormenores que caracterizan la emanación de un sentimiento. De algún modo, Zhao logra incorporar la penetración psicológica de Shakespeare al lenguaje audiovisual.

Hamnet no necesita apartarse demasiado de las expectativas del público para ofrecer algo totalmente novedoso. La representación honesta de una historia que bien pudo haber tenido lugar está fuera del dominio de la conspiración. Zhao nos ofrece un acercamiento sensible y honesto a una de las figuras más importantes de la historia sin apelar directamente a su condición de ídolo, lo cual, paradójicamente, resulta mucho más enriquecedor que si se hubiera detenido en el mero elogio. Agnes no es menos real por no llamarse Annie, y su tragedia personal, sin estar cronologizada, nos devuelve una versión más robusta de la verdad, aunque no esté determinada por ella.

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