Entrevista

Gustavo Bueno Rojas: “La literatura es un divertimento, pero también un oficio”

Gustavo Bueno Rojas (Cali, 1981) es licenciado en Literatura por la Universidad del Valle, magister en Escrituras Creativas de la Universidad Nacional de Colombia y autor de las novelas Cuentas del alma (2012) y Un ruido blanco (2018). También es de su autoría el libro de crónicas Los hijos de Hefesto (2018). Cabe resaltar que este escritor ha construido una obra que dialoga con lo íntimo, lo fantástico y lo académico. En esta conversación, La Palabra comparte con sus lectores cómo percibe Gustavo Bueno la literatura y qué significa para él hacerla desde la ciudad de Cali.

Por: Alejandro Alzate

Gustavo Bueno Rojas, escritor y gestor cultural caleño. Foto: Tomada del Facebook de Gustavo Bueno Rojas.
Gustavo Bueno Rojas, escritor y gestor cultural caleño. Foto: Tomada del Facebook de Gustavo Bueno Rojas.

Alejandro Alzate (AA): ¿Qué es para vos la literatura, para qué sirve escribir hoy?

Gustavo Bueno Rojas (GBR): Para mí la literatura es, en primer lugar, un divertimento, una entretención, pero también es mi profesión, mi oficio. La escritura continúa siendo una forma de expresión muy importante, a mí me sirve, porque a veces me pagan por hacerlo o por enseñarla y también escribo, como dice Pamuk, porque estoy enojado y porque estoy feliz, para mí es un desahogo.

AA: ¿Qué papel ha tenido la Universidad del Valle en tu formación y en tu vida como escritor?

GBR: La Universidad del Valle ha sido muy importante en mi formación, en la Licenciatura en Literatura aprendí herramientas muy valiosas que me han servido para entender la literatura de otras formas, encontré amigos y amigas que compartían las mismas incertidumbres sobre la escritura y sobre el mundo en general. La Universidad del Valle siempre ha sido para mí un lugar feliz.

AA: ¿Cómo dialoga tu escritura con el contexto académico y cultural de Univalle?

GBR: Como te dije anteriormente, las herramientas aprendidas en la carrera han sido muy importantes. Tengo la fortuna de dar cursos de creación literaria, en los que me obligo a estudiar nuevas formas de exploración de mi escritura para enseñar mi método, aunque, como le digo a mis estudiantes, hay tantos métodos como escritores, y lo que importa es encontrar el que a uno le sirva. Creo, también, que estamos en mora, en la Escuela de Estudios Literarios, de tener un gran taller de escritura creativa.

AA: ¿Hay algún recuerdo o experiencia universitaria que haya marcado tu relación con la literatura?

GBR: Indudablemente, mi paso por el periódico La Palabra. Aprendí a escribir crónicas haciendo el ejercicio del cronista, tuve la oportunidad de cubrir eventos no solo literarios, sino de ciudad, entrevistar a escritores e ir a la Feria del Libro de Bogotá acreditado como periodista, tuve también la oportunidad de ir a hacer un cubrimiento en las Fiestas de San Pacho, en Quibdó; pero lo que más recuerdo, fue cuando vi mi primera nota impresa. Eso me dio mucha felicidad porque era la primera vez que me publicaban algo.

AA: En tu obra, ¿qué tanto aparece Cali como territorio narrativo o simbólico?

GBR: Cali es la ciudad donde crecí y es mi banco de historias. Es el escenario principal de mis novelas. Y mi barrio, el Popular, es un lugar muy importante, mis historias siempre pasan por sus calles y muchos de mis personajes están inspirados en la gente de mi barrio. Aunque viví en Bogotá muchos años, Cali sigue siendo mi laboratorio de escritura.

AA: ¿Cómo equilibrás tu trabajo académico/institucional con la creación literaria?

GBR: El equilibrio no es solo con el trabajo académico, pues siempre he tenido que trabajar en otras cosas. He sido editor y asesor de comunicaciones en el Ministerio de Cultura, y en una ocasión del Instituto Distrital de Patrimonio de Bogotá, a veces soy escritor fantasma o corrector de estilo. Actualmente trabajo en el área de Patrimonio de la Secretaría de Cultura, tengo una hija de once años, tengo familia, es decir, debo resolver el dinero de alguna forma para estar tranquilo y poder escribir. A pesar de esto, siempre trato de estar metido en algún proyecto de escritura, ya sea investigando, pensándolo o escribiéndolo. Siempre encuentro el tiempo para ello, porque soy muy feliz cuando estoy escribiendo.

La Universidad del Valle es el centro de pensamiento más importante de la región. El rescate de la obra de autores como Jorge Isaacs, Arnoldo Palacios y Manuel Zapata Olivella impulsa a crear público lector. También es importante que quienes somos escritores de la región demos a conocer a nuestros autores, esto es de vital importancia, es la forma de conocer nuestras raíces.

AA: ¿Qué aportes considerás que la Universidad del Valle ha hecho a la formación de lectores y escritores en la ciudad?

GBR: La Universidad del Valle es el centro de pensamiento más importante de la región. El rescate de la obra de autores como Jorge Isaacs, Arnoldo Palacios y Manuel Zapata Olivella impulsa a crear público lector. También es importante que quienes somos escritores de la región demos a conocer a nuestros autores, esto es de vital importancia, es la forma de conocer nuestras raíces. La Universidad del Valle hace un gran trabajo desde ahí con sus investigaciones, sus publicaciones y la difusión de la obra de los autores regionales.

AA: ¿Qué autores, profesores o colegas de Univalle han sido decisivos en tu vocación literaria?

GBR: Para mí fue muy importante, en mi formación, la relación con el profesor Darío Henao, tuve la oportunidad de trabajar con él en diferentes proyectos como La Palabra, la Feria del Libro Pacífico y el Simposio Jorge Isaacs. En todo ese proceso aprendí no solo de literatura, sino de gestión cultural, que eso para alguien que ha trabajado en el mundo de la cultura, como yo, ha sido de gran valor. También destaco lo que aprendí de Gabriel Jaime Alzate, que, creo yo, es uno de los mejores cuentistas del país. Recuerdo que él tenía un taller de escritores en la Universidad de San Buenaventura y nos invitaba a algunos de sus estudiantes de Univalle a participar, de él aprendí montones, y aun cuando hablamos sigo aprendiendo. También resalto a Edgar Collazos, que es como una biblioteca ambulante, conversar sobre la escritura con él siempre ha sido importante.  Y bueno, también ha sido importante mi parche de amigos con los que aún hoy sigo haciendo cosas: menciono acá a Andrés Castro, que es profesor y guionista y vive en México, al escritor Luis Miranda, a Juan Carlos Guayara, quien es nuestro editor, y a la profesora Cielo Ospina, que vive en Chile. Con todos ellos tengo una amistad entrañable. Seguimos hablando de literatura constantemente. Ellos son los primeros lectores de los borradores de mis novelas.

AA: ¿Qué retos ves para la literatura vallecaucana en el panorama nacional e internacional?

GBR: Tiene muchos retos. Creo que faltan espacios serios de formación como talleres de escritores. Insisto, la Escuela de Estudios Literarios debería abrir uno. También faltan concursos regionales importantes en donde los autores se publiquen de manera decente y tengan promoción y distribución nacional e internacional. Yo creo que a nuestra literatura le falta infraestructura, mejores bibliotecas y espacios de diálogo como los que existen en Bogotá y Medellín. En Cali y el Valle estamos muy lejos de eso.

AA: ¿Estás trabajando en algún proyecto literario en este momento?

GBR: Claro, estoy buscando la forma de publicar una novela que se llama Destiempo, que terminé hace un par de años y fue finalista del Concurso Nacional de Novela del Ministerio de Cultura (2022). Este proceso ha sido difícil, pero ya la obra está a punto de ver la luz. Esperemos que esto suceda antes de finalizar el año.

El año pasado terminé otra que se llama Diablo, se trata de una novela policial que es un género que me gusta mucho y que estudio bastante, y según mis planes, hace parte de una trilogía en donde el protagonista es el experiodista, devenido a detective, Abel Rojas. Ya estamos trabajando en ella. Bueno, también, en los últimos años he incursionado en la escritura de guion, el año pasado, por canales regionales, se emitió una serie que escribí con Andrés Castro que se llama Huauqeros Games y el año pasado escribimos, junto con Andrea Osorio, historiadora de la U y además mi compañera, un documental sobre La olla Rodante. Este año empezamos a rodar un documental sobre Las cocinas migrantes en Cali. Ambos documentales fueron ganadores del concurso Abre Cámara de Mintic, al igual que la serie. Estos documentales salieron de un trabajo que hice para el Ministerio de Cultura y la secretaría de Turismo hace dos años, de perfiles a cocineros de Cali, que se llama El auténtico sabor caleño. La idea es, siempre, estar escribiendo.

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