Tragos amargos, nuevo libro de cuentos de Hernán Toro
El profesor Toro, con más de catorce títulos publicados, se consolida como una de las plumas más prolíficas del suroccidente colombiano. En esta ocasión, el conjunto de su obra se nutre con un acervo de historias que oscilan entre lo cotidiano, lo trágico y lo erudito, entre lo culto y lo profano. Sea esta la ocasión para que los lectores de La Palabra conozcan esta nueva publicación.
Por: Alejandro Alzate

Once relatos integran este título que se suma a la ingente producción cuentística caleña y vallecaucana. A lo largo del texto, la voz de Hernán Toro dialoga con notable acierto literario con la de reconocidos antologistas y narradores regionales como Gustavo Álvarez Gardeazábal, Fabio Martínez, Gustavo Bueno Rojas, Luis Miranda, Harold Kremer, Guillermo Bustamante Zamudio, Gabriel Jaime Alzate, Andrés Caicedo y Umberto Valverde, solo por mencionar algunos nombres. Todos estos, sin duda, han elevado nuestra literatura regional a alturas de reconocimiento nacional e internacional.
Desde esa perspectiva, la del aporte a la construcción de sólida narrativa regional, es preciso referir que en la obra del profesor Toro se destacan dos aspectos principales: la constancia y el largo aliento para escribir una obra amplia y diversa, y los elaborados juegos y retruécanos que van desde lo coloquial hasta lo erudito de tipo borgiano. Así, por ejemplo, el lector se puede sumergir en lo corriente que encierra un cuento como “Huellas metabólicas”. En este, un paciente cardiaco se enamora y desenamora de su médica tratante por lo violento y desmedido de sus apetencias gastronómicas: “Mientras la cajera registraba lo que la doctora Dominique había elegido, me llamó la atención el tipo de alimentos escogidos por ella y las cantidades servidas. Todo era muy desproporcionado: una contundente sopa espesa en la que se bañaba un conjunto anárquico de papas, plátanos y yuca, y un trozo de carne de pecho abrazado por un grueso cordón de grasa”.
En las antípodas, el lector podrá encontrar un registro verbal y situacional igual de efectivo, aunque diferente. Una narración como “Cuaderno de bosques y parques”constituye la excusa perfecta para jugar a la especulación metafísica de tipo borgiano. En este relato, el lenguaje varía y da cuenta de la habilidad expresiva del escritor: “Era, además, con demasiada evidencia, un francófilo sin restricciones, pues la gran mayoría de los parques y bosques de los que hablaba eran franceses (Bois de Vincennes, Bois de Boulogne, Parc Montsouris, Bois de Clamart, Bois de Meudon, etc.)”. Si bien aquí solo hay alusiones de tipo urbanístico, el registro verbal se eleva con pasajes como este que corona el inicio del relato: “Los textos, como puede apreciarse, son un poco anodinos, fruto de una percepción de un impresionismo primario. Pero noté que las frases estaban bien construidas, la sintaxis de sus oraciones ponía de presente que su autor era una persona con un bagaje cultural importante”.
…en la obra del profesor Toro se destacan dos aspectos principales: la constancia y el largo aliento para escribir una obra amplia y diversa, y los elaborados juegos y retruécanos que van desde lo coloquial hasta lo erudito de tipo borgiano.
Ahora bien, si el lector quisiese buscar un texto más desenfadado, tipo Guillermo Fadanelli, “Consejos de un bar tender”sería su justa recompensa. “El hundimiento del tío José en el alcoholismo no sorprendió a nadie en la familia. Lo veíamos venir. ¡Santo Dios! Un precedente bastante significativo había tenido lugar mucho tiempo atrás: ya en su temprana madurez (según siempre contaron sus hermanos, nuestros tíos), el tío José vivió sometido por varios años a las tiránicas exigencias de ese vicio”. Esta historia, que es la que abre el libro, tiene el mérito de plantear un enorme dilema que, si bien divierte, también remueve el espíritu a causa de los problemas que se derivan de la dipsomanía. Lejos de cualquier intención didáctica, claro está, el texto perfila la tragedia a la que se ven enfrentados aquellos que ceden el poder de sus vidas al tintineo de las copas.
Entre las situaciones que suceden una tras otra, entre el mal español del Alexis y el buen ojo del tío para degustar licores de todas las índoles, este texto marca la potencia narrativa del libro y advierte que no está hecho para expiar las culpas de las buenas conciencias.
Finalmente, si el lector quisiera decantarse por la reminiscencia y los flashbacks de la memorabilia, “Teatritos pobres”le permitirá un viaje sin escalas a los predios de las ciudades de antaño. A esas en las que los escolares alternaban sus estudios con la visita apasionada a teatros donde se proyectaban películas del far west y de aventuras protagonizadas por esbeltas doncellas y dantescos galanes. “¡Cómo no recordarlo! Yo iba del colegio donde estudiaba a mi casa, como todos los días de la semana a esa primera hora de la tarde, y la tormenta me sorprendió a unas dos cuadras del teatro Asturias. Había apretado el paso ante las primeras gotas, pero la lluvia se precipitó en cosa de segundos, y apenas me dio tiempo para llegar justo hasta la puerta del teatro. Me guarecí bajo el alero de la edificación, en la antesala donde la gente habitualmente compraba las boletas y hacía la cola para entrar”.
Del amor al cine el libro salta, también, al amor por las féminas. “Tres mujeres”se constituye en una pieza clave que aborda las formas de relacionamiento entre los amantes y los infortunios con los que suelen golpear el desamor y el infortunio. En esta historia, Balenciaga, quien es llamado así por un desparpajado amigo conocido como Douglas, se ve frente a frente en el espejo de sus derrotas sentimentales, que también podrían ser las del lector. He ahí el gancho de lo que se nos cuenta. A lo largo de la narración, el relato anuncia tentativas, planes, acciones y cansancios súbitos que apuran inexorablemente los adioses. Las relaciones terminan sin que el protagonista sepa el porqué hasta el último momento… Dato que no revelarán al lector estas páginas que ya han pecado en exceso. Queda, pues, la invitación a disfrutar del libro y, por qué no, a embriagarse con él como lo hace el tío José en las líneas referidas anteriormente. ¡Salud!



