Entrevista

Adelaida Fernández: “Mientras haya vocación narrativa y vocación lectora, habrá literatura”

Conversar con esta escritora es adentrarse en un territorio donde la literatura se cruza con la música, la memoria ancestral y la pregunta insistente por el sentido de escribir hoy en día. En esta entrevista, exploramos su relación con las feminidades invisibilizadas, la música popular como fuerza poética, los ídolos colectivos y el oficio de construir un universo literario propio.

Por: Alejandro Alzate

La escritora colombiana Adelaida Fernández en el XV Simposio Internacional Jorge Isaacs Colombia Literaria. Univalle, noviembre del 2025. Foto: Centro Virtual Isaacs.
La escritora colombiana Adelaida Fernández en el XV Simposio Internacional Jorge Isaacs Colombia Literaria. Univalle, noviembre del 2025. Foto: Centro Virtual Isaacs.

Alejandro Alzate (AA): En varios de tus textos hay una voluntad clara de recuperar figuras femeninas silenciadas por los relatos dominantes. Pienso, por ejemplo, en Nay, aya negra presente en María, de Jorge Isaacs. Ella es una mujer leída muchas veces desde la servidumbre o el sacrificio, pero no desde su potencia simbólica. ¿Qué te interesa reivindicar de esas feminidades ancestrales y cómo dialoga tu escritura con esos personajes “secundarios” que en realidad sostienen toda una cultura?

Adelaida Fernández (AF): Las mujeres en la novela canónica colombiana, es decir, en la narrativa literaria incorporada a la enseñanza, no se narran; por tal razón, aunque aparezcan como protagonistas son alteridad. La figura femenina destacada en novela ha sido blanca, así lo han declarado o lo han sugerido los escritores, todos hombres, y lo han imaginado los lectores. La mujer negra fungió como personaje secundario al servicio de la protagonista, de manera que bajo tal condición fue desestimada no solo en la narrativa sino también en el proceso lector. Aunque sus acciones y sus dramas no fueron narrados in extenso, ellas revelan aspectos que permiten descifrarlas, ellas se independizan del narrador y esto sucede porque la novela refleja la vida. El insumo fundante de la novela no es la ficción sino la vida, la ficción implica no la invención de la vida, porque la vida no hay que inventarla, lo que la ficción implica es arte. El caso es que el escritor incorporó a la mujer negra porque era inevitable, ella era parte de la sociedad. Él la usó como apoyo de episodios diversos, como alter ego de la protagonista para llorar las lágrimas que ella no lloraba, para realzar la imagen y el poder de los otros. Sin embargo, fue inevitable que la mujer negra reflejara su naturaleza femenina y su protagonismo en la dinámica social, contribuyendo a forjar cultura, familia, piel y tradiciones; en resumen, nación. Incorporando esas mujeres como protagonistas de mis novelas o de mis cuentos, lo que yo hago es, por una parte, llenar vacíos narrativos, y por otra, escribir desde mi identidad o, lo que es lo mismo, hacer un reconocimiento de la ancestralidad que ha sido desestimada, me refiero tanto a la femenina como a la negra y sus luchas por ganar espacios y narrarse a sí mismas.

AA: La salsa y la música afrocubana no aparecen en tu obra solo como ambiente, sino como una sensibilidad que atraviesa la prosa. ¿Qué le entrega la música popular a la literatura que no le puede entregar la academia o la tradición letrada? ¿Se escribe distinto cuando se escribe con clave, tumbao o montuno en la sangre?


AF: Lo que la música popular le entrega a la literatura es vida en todo lo que tiene de sentimiento, de drama, de goce o de política. La academia y la tradición letrada lo que hacen es estudiar estructuras y semánticas, establecer los principios de la narrativa que han sido instaurados por la narrativa misma, no por la academia. En cuanto a si se escribe distinto con tumbao en la sangre, yo apenas sospecho que desde el fondo del relato emergen sonoridades emanadas del espíritu.

AA: En un tiempo saturado de imágenes, ruido y urgencias, donde todo parece decirse a la velocidad del scroll, ¿qué lugar crees que ocupa hoy la escritura literaria? ¿Para qué seguir escribiendo cuando nadie parece tener tiempo de leer?

AF: Las cosas que el ser humano hace, por vocación, le ayudan a vivir. La escritura literaria conserva su estatus en la cofradía lectora. Los que escribimos también leemos y los que solo leen literatura también producen significados, lo cual genera diálogos en cadena. Podemos ser pocos, en comparación con los que estarían habilitados para escribir, leer o para ambos, pero, en primer lugar, siempre ha sido así, y en segundo lugar, mientras haya vocación narrativa y vocación lectora, habrá literatura, sobre todo ahora, como posición contestataria a la erosión que sobre el lenguaje están produciendo las nuevas formas de comunicación, que son semejantes a la reducción lingüística que aparece en la novela de George Orwell, 1984. Estamos avisados: con todo y la cara amable que muestra este nuevo Gran Hermano, no nos va a ir tan mal como a los personajes de ese universo novelesco.

Las mujeres en la novela canónica colombiana, es decir, en la narrativa literaria incorporada a la enseñanza, no se narran; por tal razón, aunque aparezcan como protagonistas son alteridad. La figura femenina destacada en novela ha sido blanca, así lo han declarado o lo han sugerido los escritores, todos hombres, y lo han imaginado los lectores.

AA: Figuras como Héctor Lavoe funcionan no solo como músicos sino como tótems emocionales colectivos. ¿Qué tipo de comunidad construyen estos ídolos populares que la política o la religión ya no logran tejer? ¿Qué tiene la voz rota de Lavoe que sigue nombrando a generaciones enteras?

AF: La industria musical opera de la misma manera que la religión, la política o el fútbol: crea ídolos, dioses. Mencionemos una iglesia reciente, porque ni siquiera tiene medio siglo, la iglesia maradoniana cuyo dios es Maradona. Figuras como este futbolista congregan y capturan feligresía de otras esferas, se las roban para siempre o las comparten con otras maquinarias, incluida la religión que no baja la guardia, y trata de insertarse en las nuevas corrientes, por ejemplo, incorporando la infantilización en la forma de presentar las ceremonias, los ritos. Es que todos somos feligreses de algo porque hay actos sublimes que amamos, que tocan fibras, pero no podemos, no estamos en capacidad de ejecutar, sea música, deporte, política, milagros, etcétera.  En cuanto a la música, me refiero a la que tiene verdaderos arreglos instrumentales, grandes compositores, auténtica interpretación vocal, ella nos ofrece virtuosos, y en el caso de la música afrocaribeña el actor que más seduce es el cantante.  Hay grandes intérpretes, Ismael Rivera, Pete el Conde Rodríguez, Junior Gonzáles, Cheo Feliciano, Andy Montañez, Oscar de León, Ismael Miranda, Rubén Blades, Ángel Canales, Ray Reyes, Willie Colón, Ray de la Paz y otros. No cito la plana de boleristas. Pero el cantante de los cantantes es Héctor Lavoe no solo por su voz y por su estilo, sino porque la tragedia fue una figura tutelar de su existencia. Desde la cuna. El drama discurre por las modulaciones de su canto y eso cala hondo en el espíritu. Lavoe nació signado como Cristo. En fin, a los seres humanos nos convoca la tragedia, por eso tenemos una Semana Santa cada año. Y también por eso, Sófocles es eterno.

AA: Todo escritor termina creando un territorio, una geografía íntima reconocible. ¿Cómo se descubre la propia voz? ¿Se trata más de disciplina o de desobediencia? ¿Qué se necesita realmente para levantar un universo literario que no sea copia de otros sino respiración propia?

AF: La propia voz va tomando fisonomía con la escritura en la que se incorporan disciplina y desobediencia, en literatura hay compatibilidad entre esos dos factores. Podríamos ver la escritura como un tejido con la disciplina como fondo y las rupturas como estampado. Sola, la una es lo mismo y la otra, caos.

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