CVI

Resumen de la jornada 3: Simposio Internacional Jorge Isaacs Colombia Literaria – Una(s) Historia(s) Posible(s)

En la tercera jornada del Simposio se habló acerca del poeta León de Greiff en su faceta como editor de revistas literarias; las escritoras en la literatura colombiana; narrativa vallecaucana contemporánea; los aportes de Enrique Buenaventura y Santiago García al teatro colombiano; afrofuturismo en la literatura; intelectualidad femenina en la figura de Cecilia Hernández Mariño; la novela El visitador de la escritora Martha Patricia Meza, y sobre la novela El vientre de todas las guerras, del escritor Armando Romero.

Por: Julio César Pino Agudelo
Licenciado en Literatura, Univalle

Alberto Bejarano. Foto: Centro Virtual Isaacs.
Alberto Bejarano. Foto: Centro Virtual Isaacs.

Historia crítica de la literatura colombiana desde las revistas literarias: el caso de León de Greiff como editor

La conferencia de Alberto Bejarano presenta una reconstrucción crítica de la historia literaria colombiana a partir del estudio de revistas literarias, tomando como eje la figura de León de Greiff en su faceta de editor. Bejarano inicia destacando el valor metodológico de acudir a archivos, publicaciones periódicas y materiales “subterráneos” para repensar la historiografía literaria más allá del canon centrado en Bogotá. A partir de conceptos como el “giro material” y el “giro subterráneo”, propone restituir la relevancia de las revistas no como simples antecedentes del libro, sino como espacios donde circulan ideas, amistades, polémicas y redes intelectuales. Esta aproximación permite comprender a De Greiff no sólo como poeta fundamental del siglo XX, sino como un agente cultural cuya obra y trayectoria se expanden a campos como la edición, la radio, la gestión cultural, la política y la biografía imaginaria. El archivo de revistas revela, así, un tejido vivo en el que se cruzan debates, influencias, intercambios y tensiones que configuran una historia literaria más compleja y descentralizada.

El segundo eje de la conferencia es la biografía literaria de León de Greiff, entendida como un proyecto en construcción. Bejarano recorre la vida del poeta desde sus primeros contactos con el mundo editorial a través de su padre y su cercanía con Rafael Uribe Uribe, hasta su participación en revistas como Pánida, Voces, Revista de las Indias y numerosos suplementos culturales. Subraya episodios determinantes como su estadía en Bolombolo —que De Greiff concibe como una epifanía poética comparable a la “temporada en el infierno” rimbaudiana—, su trabajo en los ferrocarriles, su rol en la Radiodifusora Nacional junto a su hermano Otto, su paso por la vida política y los desencuentros con Mariano Ospina Pérez, así como su vejez marcada por reconocimientos nacionales e internacionales. La conferencia destaca su constante autorrepresentación a través de autobiografías, epílogos, heterónimos y listas de lecturas, así como la forma en que De Greiff imaginó sus propias obras completas e, incluso, su recepción futura.

Finalmente, Bejarano examina la centralidad de las revistas en la circulación real de la obra de De Greiff y, por extensión, en la configuración de la literatura colombiana. Muestra que buena parte del reconocimiento del poeta no se dio a través de sus libros, sino mediante su presencia constante en periódicos, boletines, revistas de obreras, revistas universitarias, publicaciones musicales y libretos radiales. La conferencia concluye subrayando la urgencia de proyectos de edición crítica, recuperación de archivos sonoros y estudios regionales que permitan comprender la historia literaria colombiana desde una perspectiva más amplia, plural y material, donde figuras como De Greiff revelan su verdadera dimensión cultural: la de un poeta-editor que habitó y transformó las periferias del campo intelectual.

Carmiña Navia y Óscar Osorio. Foto: Centro Virtual Isaacs.
Carmiña Navia y Óscar Osorio. Foto: Centro Virtual Isaacs.

Las escritoras en la literatura colombiana

Este conversatorio congregó a dos figuras esenciales para el estudio de la literatura colombiana: la escritora, crítica y pionera del análisis de la literatura escrita por mujeres, Carmiña Navia Velasco, y el escritor y profesor universitario Óscar Osorio, reciente ganador de una mención especial en el Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar por su libro Allende el mar (2024). La conversación giró alrededor del libro La razón en Colombia, publicado por Navia en 2021, un volumen que ofrece una de las revisiones más completas y rigurosas sobre la narrativa femenina en el país, desde el siglo XIX hasta la literatura contemporánea.

Óscar Osorio abrió el diálogo destacando la amplitud del proyecto académico de Carmiña Navia, cuyo trabajo constituye, según dijo, una “periodización exquisita” que permite comprender cómo las mujeres han escrito, qué silencios han enfrentado y cuáles rupturas han protagonizado a lo largo de la historia literaria nacional. Para ilustrar la importancia del libro, Osorio leyó fragmentos que sintetizan su espíritu: la búsqueda de genealogías femeninas, el rastreo de injusticias históricas y la visibilización de escritoras relegadas por el canon patriarcal.

Carmiña Navia, por su parte, subrayó la necesidad de convertirse en “lectoras sospechosas” ante un panorama literario que tradicionalmente ha omitido o minimizado la escritura de las mujeres. Destacó que muchas de las obras del siglo XIX permanecen sin reedición, lo que dificulta su acceso para nuevas generaciones. En ese contexto, analizó a autoras como Herminia Gómez Jaime, Evangelista Correa y, especialmente, Soledad Acosta de Samper, cuya novela Dolores, publicada el mismo año que María, aborda temas audaces como la enfermedad, el aislamiento y la rebeldía femenina frente a las restricciones sociales de la época.

El diálogo avanzó hacia la primera mitad del siglo XX, periodo marcado por retrocesos sociales para las mujeres bajo la Regeneración y la hegemonía conservadora. Navia analizó obras de Luz Estela, Amira de la Rosa, Magdalena Fetti y Elisa Mujica, cuyas novelas, aunque menos rupturistas, ofrecen testimonios profundos de los cautiverios femeninos en un país que restringía la educación, la autonomía y la expresión pública de las mujeres. Osorio aprovechó para mencionar el “cautiverio póstumo” de El tiempo de las amazonas de Marvel Moreno, cuya publicación fue retrasada por tensiones familiares.

La conversación cerró resaltando la urgencia de seguir investigando, publicando y releyendo a las autoras colombianas, no solo como acto académico, sino como restitución histórica y cultural necesaria.

Hernán Toro, Edgar Collazos y Juan Fernando Merino. Foto: Centro Virtual Isaacs.
Hernán Toro, Edgar Collazos y Juan Fernando Merino. Foto: Centro Virtual Isaacs.

Narrativa vallecaucana contemporánea

La mesa redonda inició con una presentación de la trayectoria de los invitados, destacando sus aportes a la narrativa y al estudio literario en el Valle del Cauca. El escritor Edgar Collazos, moderador, planteó una reflexión inicial sobre la generación de Andrés Caicedo y la tradición narrativa vallecaucana, para luego consultar a los autores invitados por su visión de la literatura regional actual. Hernán Toro, con humor y sinceridad, afirmó que no se guía por criterios geográficos en su lectura y que, aunque respeta profundamente el oficio literario, no conoce a fondo lo que se escribe hoy en el Valle. Su interés está guiado por problemas humanos y temas universales, no por el lugar de origen de los autores. El escritor Juan Fernando Merino, por su parte, recordó sus tres décadas viviendo fuera de Colombia, lo que no le impidió seguir de cerca algunas voces vallecaucanas, y destacó la aparición de escritores consolidados como José Zuleta, Pilar Quintana, Julio César Londoño y Harold Kremer. También subrayó el prometedor semillero de jóvenes autores formados en talleres, con lecturas sólidas y oficio creciente, como Isabela Romero Castaño.

El diálogo avanzó hacia la pregunta por el origen de los temas literarios y los procesos creativos. Toro explicó que muchas de sus narraciones nacen de núcleos mínimos —una imagen, un título, un gesto— que se expanden de forma casi irracional: “la historia se impone sin planificación previa”. Merino, en cambio, afirmó que sus relatos surgen de la combinación de viajes, lecturas, sueños y anécdotas ajenas, pero que no son cuentos de viaje sino mundos posibles construidos con fragmentos heterogéneos. Ambos coincidieron en rechazar la idea de que la literatura deba reproducir fielmente la realidad. La imaginación, la vida interior y la libertad frente a expectativas externas son, para ellos, motores esenciales del acto de escribir. Surgió también la discusión sobre las influencias: Merino destacó la cuentística norteamericana y su experiencia como traductor, mientras Toro narró su descubrimiento tardío de François Rabelais, cuya lectura le permitió afirmar un estilo propio y soberano.

Gabriel Uribe, Patricia Ariza y Darío Henao Restrepo. Foto: Centro Virtual Isaacs.
Gabriel Uribe, Patricia Ariza y Darío Henao Restrepo. Foto: Centro Virtual Isaacs.

Santiago García y Enrique Buenaventura: aportes al teatro colombiano

La mesa redonda, en la que participaron Patricia Ariza, Gabriel Uribe y Darío Henao, abrió con un homenaje audiovisual al maestro Santiago García, resaltando su figura polifacética y su papel fundamental en la fundación del teatro La Candelaria. Ariza evocó los inicios del grupo, la construcción de su sede y la profunda vocación artística y política de García, siempre entrelazada con la vida cotidiana, la cocina, las amistades y la militancia cultural. A partir del documental, proyectado en la sala en homenaje a García, se subrayó cómo La Candelaria se configuró como laboratorio de experimentación permanente, sobrevivió a amenazas y persecuciones —incluido el genocidio contra la Unión Patriótica— y mantuvo su apuesta por un teatro que cura, acompaña y transforma en medio de la violencia del país. Ese recorrido permitió introducir el diálogo con Uribe, también heredero del movimiento teatral de los sesenta y setenta, quien destacó la estrecha relación histórica entre el Teatro Experimental de Cali (TEC) y La Candelaria.

Los invitados reconstruyeron el surgimiento del nuevo teatro colombiano como un verdadero movimiento artístico, político y pedagógico que unió a grupos de todo el país mediante festivales, laboratorios y debates. Tanto García como Buenaventura —afirmaron— fueron pioneros y dirigentes naturales del teatro moderno en Colombia, fundadores, además, de los estudios superiores de teatro (ENAD en Bogotá y la Escuela de Teatro de la Universidad del Valle). La creación colectiva emergió como eje del movimiento, no sólo como un método, sino como un sistema sustentado en la improvisación, la investigación, la vida grupal, la figura del actor-investigador y la existencia de sedes-laboratorios. Ariza y Uribe repasaron hitos como Nosotros los comunes y recordaron el modo cómo improvisación, análisis y discusión política se integraban orgánicamente en los procesos creativos. También subrayaron la influencia continental del método, adoptado por grupos de Ecuador, Perú y otros países. En este punto, Ariza destacó que la creación colectiva surgió del contexto histórico, de la urgencia nacional por un lenguaje propio, y no sólo de la genialidad de sus líderes.

En el tramo final, la conversación abordó temas como la adaptación literaria en ambos grupos, la participación del público en los procesos de creación, el papel de las mujeres en el teatro —incluida la importancia del Festival Mujeres en Escena por la Paz— y los retos actuales del teatro frente al neoliberalismo y las lógicas de consumo cultural. Ariza insistió en que la creación colectiva es, ante todo, una ética de trabajo con el otro; Uribe defendió la vitalidad del teatro en un mundo dominado por contenidos digitales, recordando que nada sustituye la presencia humana. Concluyeron afirmando que la historia teatral colombiana es inseparable de la historia política del país y que el legado de García y Buenaventura permanece como raíz y horizonte para las nuevas generaciones.

Jeniffer Rodríguez Henao. Foto: Centro Virtual Isaacs.
Jeniffer Rodríguez Henao. Foto: Centro Virtual Isaacs.

Cecilia Hernández Mariño o el triunfo de la intelectualidad femenina en Colombia

En su ponencia, la investigadora y docente Jennifer Rodríguez Henao hizo un recorrido esclarecedor por la vida, obra y legado de una de las figuras más notables y a la vez más invisibilizadas de la historia intelectual del país: Cecilia Hernández Mariño. Rodríguez Henao, licenciada en Literatura, magíster en Literatura Colombiana Latinoamericana por la Universidad del Valle y actual doctoranda, expuso esta ponencia como parte de los avances de su investigación doctoral sobre mujeres ensayistas de la primera mitad del siglo XX.

La investigadora inició contextualizando la dimensión del hallazgo de Cecilia Hernández Mariño, escritora, ensayista, crítica literaria, diplomática, directora y decana de instituciones educativas, una mujer que ejerció una actividad pública sostenida por más de cuatro décadas. Sin embargo, su nombre permanece ausente en los manuales de literatura, en las historias críticas y en los estudios especializados, lo que motivó a Rodríguez a realizar una extensa labor archivística y de reconstrucción bio-bibliográfica. Revistas, periódicos digitalizados, fondos de bibliotecas como la Luis Ángel Arango o el Instituto Caro y Cuervo, así como obras historiográficas de la primera mitad del siglo XX, permitieron a Rodríguez Henao rastrear la trayectoria dispersa de esta autora.

Nacida en 1915, en el seno de una familia liberal bogotana, Cecilia se formó en instituciones educativas de élite y, desde muy joven, participó en espacios culturales como el Centro Literario Rafael Pombo, donde las mujeres encontraron un lugar para gestionar actividades literarias, tejer redes académicas y ejercer prácticas críticas legitimadoras. En 1940, se convirtió en la primera mujer colombiana en obtener un título de doctora, egresada de la Universidad del Rosario, hecho que la prensa de la época celebró como “el triunfo de la intelectualidad femenina en Colombia”.

Durante las décadas siguientes, Cecilia consolidó una vasta obra crítica: escribió sobre Bolívar, Miguel Antonio Caro, Sor Juana Inés de la Cruz, Teresa de Ávila, así como sobre autores colombianos del siglo XX. Su libro Introducción a la estilística (1962) se convirtió en una referencia obligada. Fue profesora, investigadora del Instituto Caro y Cuervo, directora de instituciones femeninas y fundadora de espacios de formación universitaria.

Rodríguez Henao concluyó resaltando la urgencia de recuperar estas voces femeninas para reescribir una historia literaria más justa y plural, en la que las mujeres como Cecilia Hernández Mariño sean reconocidas por la solidez de su pensamiento y su aporte a la tradición crítica en Colombia.

Óscar Perdomo. Foto: Centro Virtual Isaacs.
Óscar Perdomo. Foto: Centro Virtual Isaacs.

Afrofuturismo en dos novelas colombianas

El escritor, periodista y docente Óscar Perdomo abrió una de las discusiones más sugerentes del Simposio. Perdomo, magíster en Literatura y doctor en Humanidades, reconocido por obras como Hacia la aurora (Premio Jorge Isaacs 1998), Ella, mi sueño y el mar, Allá en la Guajira arriba y El vallenato y sus historias (2023), compartió parte de un ensayo que investiga la presencia del afrofuturismo en la literatura colombiana contemporánea.

El autor expuso que su interés por el tema surgió durante su estancia académica en Estados Unidos, donde, pese a su formación doctoral en estudios afrolatinoamericanos, descubrió que desconocía por completo el concepto de afrofuturismo. La investigación que emprendió desde entonces lo llevó a comprender la complejidad y amplitud de este movimiento cultural, que combina ciencia ficción, memoria histórica africana, espiritualidad, crítica social y proyección de futuros posibles para las comunidades afrodescendientes.

Según explicó, el término fue acuñado en 1994 por Mark Dery y, desde entonces, ha trascendido la literatura para permear el cine, la música, el arte, los videojuegos y la cultura popular, impulsado por fenómenos como Black Panther y la recuperación de la obra de Octavia Butler. Sin embargo, Perdomo advirtió que la popularización del concepto ha generado distorsiones, llevando a catalogar superficialmente como afrofuturista cualquier estética llamativa o representación afro, sin considerar la raíz cultural e histórica que exige el término.

Apoyándose en teóricas como Lisa Yaszek, retomó la propuesta de Lavender, quien plantea tres requisitos fundamentales para que una obra pueda considerarse afrofuturista: conciencia negra interconectada, visión optimista del futuro afro y bucle de retroalimentación transhistórica. Es decir, debe vincularse con la herencia africana, proyectar horizontes emancipadores y reescribir o replantear la historia desde perspectivas alternativas.

Perdomo defendió que el afrofuturismo no es “poner a un afro en una nave espacial”, sino imaginar mundos donde la experiencia negra no sea marginal ni decorativa, sino central, poderosa y transformadora. El género, afirmó, nace de una necesidad política y estética: “reinterpretar el pasado, reimaginar el presente y proyectar futuros mejores”.

En Colombia, donde la ciencia ficción es incipiente, identificar obras afrofuturistas es más complejo. La discusión quedó abierta para que los lectores confirmen o cuestionen estas lecturas y para que la crítica literaria colombiana empiece a dialogar con un género que, más que moda, es una apuesta política y cultural de alcance continental.

Julián Malatesta, Cristina Eugenia Valcke Valbuena, Martha Patricia Meza y Patricia Aguirre Gutiérrez. Foto: Centro Virtual Isaacs.
Julián Malatesta, Cristina Eugenia Valcke Valbuena, Martha Patricia Meza y Patricia Aguirre Gutiérrez. Foto: Centro Virtual Isaacs.

Estética, política y género en la narrativa contemporánea: lecturas de El visitador de Martha Patricia Peralta

El conversatorio tuvo la participación de la profesora Cristina Eugenia Valcke Valbuena, Patricia Aguirre Gutiérrez, el profesor y escritor Julián Malatesta, y la escritora Martha Patricia Meza, autora de la novela El visitador. La obra narra la historia de Pedro, quien trabaja como visitador sexual en una cárcel de mujeres, y explora el funcionamiento del encierro, las jerarquías y la violencia estructural. Se destaca el lenguaje preciso y sobrio de la obra, y cómo se entrelazan el cuerpo, el deseo y la necesidad de cuidado.

La autora afirmó que la intención de la novela surgió de tres momentos específicos: una experiencia en una cárcel de mujeres, una conversación sobre visitas a la cárcel y conversaciones con mujeres relacionadas con asuntos carcelarios. El conversatorio giró alrededor del cuerpo femenino en la novela, y cómo se aborda el deseo y la vulnerabilidad. Se analizó el personaje de Pedro como un hombre con una masculinidad atípica en el contexto de la cárcel, Se explora la relación entre Pedro y las mujeres de la cárcel, y cómo él les brinda una escucha atenta y un espacio para expresarse.

Se destacó, asimismo, la importancia de Adriana, quien encuentra una grieta en el sistema y ofrece a Pedro la oportunidad de trabajar en la cárcel. Se resaltó la figura de la madre de Pedro como una influencia en su forma de relacionarse con las mujeres. Se analizó el lenguaje del visitador como una invitación a conectar con la historia y los personajes.

Hernán Toro, Edgar Collazos y Armando Romero. Foto: Centro Virtual Isaacs.
Hernán Toro, Edgar Collazos y Armando Romero. Foto: Centro Virtual Isaacs.

El vientre de todas las guerras, de Armando Romero

Este conversatorio contó con la participación de los escritores Edgar Collazos y Hernán Toro, así como de Armando Romero, autor de la novela El vientre de todas las guerras. Se analizó si la novela está compuesta por dos relatos paralelos o convergentes, concluyendo que son convergentes. Se destacó la dificultad de entrelazar dos relatos y mantener el interés del lector, lo cual se logra con suficiencia, según los Toro y Collazos.

Se mencionó también la investigación histórica detrás de la novela, incluyendo la figura de Ernesto Cherruti y su relación con Jorge Isaacs. Asimismo, se debatió sobre si la novela es una reconstrucción histórica o una reflexión sobre los valores morales de la época. Se exploró también el tema del exilio y su conexión con el personaje de Ariel.

Por otro lado, se resaltó la importancia de la figura de Jorge Isaacs en la novela, no solo como escritor, sino también como político y hombre de armas. Se puso de relieve la presencia de elementos autobiográficos del autor en la novela, especialmente en el personaje de Ariel, así como el origen de los ancestros del personaje Ariel, esto es, si provienen de la familia blanca o de la amante mulata.

Se concluyó que la novela es una obra enriquecida por la totalidad, que combina hechos reales, crítica literaria y ficción.

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