CríticaCrítica Música

El Indio Solari, un chamán de la tribu ricotera

El inconsciente colectivo del rock argentino no sería el mismo, sin la prolífica obra musical de Carlos Alberto “Indio” Solari, quien a sus 68 años, y tal vez sin proponérselo, se ha convertido en una leyenda viviente del cono sur. De su pentagrama mitológico brota un manantial de la poesía onírica más compleja y original. Breve perfil de un espíritu outsider, agnóstico, y vocero psiconauta de esa singular familia que es la contracultura.

Por: El Zudaca
Nómada urbano

Carlos Alberto “Indio” Solari, leyenda musical viviente del cono sur - Foto: laizquierdadiario.com
Carlos Alberto “Indio” Solari, leyenda musical viviente del cono sur – Foto: laizquierdadiario.com

Advertencia

“Los Redondos nacimos para hinchar las pelotas. Eran como happenings de amigos. No sé cómo llamarlo. Quilombo, bah. En ese momento estaba de moda la seriedad, el virtuosimo. Y nosotros vinimos con el cabaret político alemán. Y empezamos a ser una novedad, casualmente, porque todo el mundo estaba queriendo hacer rock sinfónico o tocar el sitar. Soy un hombre de la psicodelia, y eso me ha dado cosas buenas y cosas malas (…) como el cerebro está preparado para no mentir, siento que me libera de tener la memoria ocupada en mentiras. Eso se lo debo a la psicodelia.

Dentro de todo, en sus comienzos, cuando pretendía cambiar la especie y no la sociedad, la cultura rock se protegía con esas cosas. Después se transformó en la música oficial del sistema, una música que está de moda, y que ya deja de estarlo “. Indio Solari.

El aleph de la historia universal de la lisergia

Paralelo 34. 1976. Argentina. La Plata. Una febril ciudad de guitarras poéticas. Una cofradía de 15 jóvenes espíritus rebeldes, impregnados con el espíritu de Mayo del 68, la literatura beatnik, el hippismo, el cine experimental, las artes plásticas y performativas, se encuentran desde el principio estético del placer, que otorga la sicodelia y el libre albedrío, para regalarle al planeta, un laboratorio músicoteatral y visual con un nombre surrealista: “Patricio Rey y los Redonditos de Ricota”. Con ellos el rock, se convirtió en un estallido primaveral de lirismo poético, donde sus universos rabiosamente introspectivos reflejaron el espíritu de una generación dispuesta a no bajar la cabeza frente a esos años de plomo de la dictadura del general Videla.

En cuanto antro under, bar o estadio mundialista rioplatense estuviesen tocando “Los Redondos“, el espacio y el tiempo se confabulaban en una sagrada ceremonia del deseo. Con trapos, bombos, bengalas, vino, birra, porro, fernet y pastillas se rendía culto dionisíaco a la desmesura, la micropolítica y el caos, con las imponentes misas ricoteras, marcadas como un tatuaje imborrable en el alma de sus asistentes, y transmitidas de generación a generación familiar. Sin publicidad, solo con el recurso de la radio bemba, la banda difundió con su música una original estética del rock and roll, logrando una masividad impresionante, de un océano de almas devotas, sin necesidad de entrar en el mainstream de la industria musical y el establishment de la cultural oficial.

El Indio Solari, en la voz principal, Skay Beilinson en la guitarra rítmica, y La negra Poly, como manager, fueron el tridente fundacional de la mítica banda, creadora de melodías que prendieron el fuego ricotero con placas discográficas memorables en el rock nacional argento como: “Gulp”, “ Oktubre”, “Un baión para el ojo idiota”, “ La Mosca y la sopa”, “¡Bang! ¡Bang!… Estás liquidado” “Lobo suelto/ Cordero atado”, “Luzbelito”, “Último bondi a Finisterre” y “Momo Sampler”.

Autonomía y autogestión fueron sus banderas durante 25 años de actividad comprometida con el rock, sin recurrir a los mass media para publicitar su trabajo, influyendo en la creación de una comunidad apasionada, intelectual, bohemia, y transgresora, cautivada por el feroz virus de la política del éxtasis underground que fue creciendo en el lienzo del asfalto, recital tras recital con el poder sonoro de una banda, que al igual que Grateful Dead en USA, el público fue parte vital y fundamental del ritual pagano y del pogo más grande del planeta cuando sonaba “Ji JiJi”, el himno festivo ricotero por excelencia, donde el goce exultante de sus cuerpos se convertía en una alucinante sumatoria de experiencias adrenalínicas.

Coda

Las llamas de esa explosión ricotera aún no se extinguen, porque siguen caminando los delirantes que enfrentaron con su precioso lumpenaje atorrante al autoritarismo de los milicos en plena dictadura. Los Redondos fueron la banda sonora perfecta para una horda de mutantes que gozaron con el retorno a la pseudo democracia en los años 80´s, y sucumbieron por momentos frente a los embates de la hiperinflación y el neoliberalismo de los años 90´s, de la Argentina menemista. Un escenario confuso de desmedida represión policial en los estadios de fútbol, y en los templos de rock porteño como Obras Sanitarias. Quilombos entre barras bravas, para abrazar el siglo XXI con un violento estallido social, provocado por la corrupción, el corralito financiero y las corporaciones multinacionales de turno desangrando a un país, donde la poesía infrarock del Indio (cuyo ADN tiene ecos literarios de Kerouac, Burroughs y Hoffman) se convirtió en una especie de bálsamo para la parte doliente de sus vidas. Un tsunami rockero que aún persiste en la peregrinación de ir a cualquier provincia argentina, cuando el Indio Solari, convoca a un recital con su nueva banda “Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado”, desplegando su vitalidad creativa e incomparable talento como compositor, en cuatro décadas sobre el escenario del rock, con nuevos trabajos en solitario como: “El Tesoro de los inocentes”, “PorcoRex “, “El Perfume de la tempestad”, y “Pajaritos bravos muchachos”.

Publicaciones relacionadas

Botón volver arriba