Vallegrande
Solía ser un barrio familiar donde las personas salían a recrearse en la esquina de sus casas, ¿qué ha hecho que este lugar de gente amable y solidaria haya perdido su calidez?
Por: Clara González
Estudiante de Comunicación Social y Periodismo

Foto: Clara Inés González
Vallegrande ya no es una urbanización familiar. Es el barrio de los visitantes nocturnos que saturan sus vías; de los motociclistas que, los fines de semana, transitan a toda velocidad y no se detienen ante la señora con el niño que cruza la calle; es el punto de encuentro de quienes disfrutan el espectáculo de los carros con amplificadores, la rumba en la esquina de un parque infantil, y las comidas rápidas.
Vallegrande era un complejo familiar. Inicialmente, en el año 2000, fue subsidiado por Comfenalco Valle como proyecto de vivienda para quienes hacían parte de la población con mayor déficit poblacional de la ciudad, y esperaban disfrutar en sus 571.660 m², de las zonas verdes, los parques, y centros comerciales.
A este lote de moradas solitarias en la comuna 21, al oriente de Cali, hace quince añosllegó el primer camión de trasteos. En ese momento, las casas eran iguales, como en los suburbios modernos. Estaban construidas del mismo ladrillo grande, y tenían los mismos ventanales, y césped en el antejardín. Además había un parque con columpios, resbaladores para niños, árboles recién sembrados, y bancas de colores, cada tres cuadras.
La uniformidad de las casas convertía la urbanización en un laberinto donde era muy fácil perderse. Por esta razón cada parque fue bautizado, y para cuidarlo, velar por el bienestar del sector, y pagar la vigilancia, se designó un líder en cada cuadra, quien cobraba cinco mil pesos cada quince días, a los vecinos de las veinticuatro casas aledañas. También se recaudaba dinero para las celebraciones. En Halloween, todos organizaban la fiesta de disfraces, un vecino ponía la música, otro decoraba con globos naranjas, y la vecina más amable repartía los dulces a los niños. Y en navidad, el camino de las cuadras se decoraba con guirnaldas de luces, y cada día se hacían las novenas en una casa diferente.

Foto: Clara Inés González
En ese entonces las viviendas esquineras empezaron a ser las primeras tiendas, el primer asadero y la única panadería. Y ya doña doña María, don Carlos y don Luis, instauraron sus puestos ambulantes de empanadas, pizzas y chorizos en el andén del parque Los Gemelos. Poco a poco empezaron a llegar más vecinos a ofrecer sus especialidades culinarias, su rueda para niños, sus globos de azúcar; y las demás casas esquineras se convirtieron en tiendas, restaurantes y fruterías, logrando así que los habitantes del barrio salieran a recrearse en la esquina los fines de semana.
El barrio siguió avivándose. Ocho años después, en el jarillón que lo limita al este —donde había escombros y viviendas en estado de invasión— la Corporación Autónoma Regional del Valle del Cauca (CVC), creó un parque ecológico que promovía la cultura ambiental y el esparcimiento familiar, a través de un sendero que recorría la orilla del río Cauca. Y en 2009 se inauguró, para la recreación de los habitantes de Vallegrande y sus barrios aledaños, como Desepaz y Andrés Sanín: el centro comercial Río Cauca.
Vallegrande fue un barrio familiar. Hoy, diecisiete años después de su creación, muchos vendieron sus casas, ya no hay líderes de cuadra, ni reuniones de vecinos. Y aunque los parques tomaron popularidad, y a su alrededor se crearon discotecas, se triplicaron los puestos de pizza, salchipapas, empanadas y arepas, y junto a ellos, los vendedores de globos, algodones de azúcar, juguetes y zapatos, atiborraron la carrera 23 los fines de semana, ya muy pocos de sus antiguos habitantes salen a recrearse. Al contrario, cierran con candados las rejas de sus casas.
En las noches ya es imposible caminar, debido a la cantidad de transeúntes y visitantes que parquean sus carros a las orillas de las vías. Además las oleadas de motociclistas no permiten cruzar las calles. Esto empeora con las celebraciones por victorias de la selección Colombia, o Halloween, o Navidad, que convierten el sector en un carnaval pleno de ruido y desorden.
Vallegrande ya no es una urbanización familiar. Ya el parque ecológico difícilmente abre sus puertas, pues era utilizado para consumir drogas. Y pocos visitan el Centro Comercial Río Cauca. Ya las casas no son iguales, unas son de colores, otras tienen cuatro pisos, y la mayoría levantaron muros. Ahora casi todos los parques tienen los árboles grandes y el pasto abandonado, y ya no hay columpios ni resbaladores, y tampoco niños; en su lugar hay jóvenes sin camisa haciendo ejercicio en las barras, muchachos fumando marihuana, y gente tomando licor y bailando en la calle.



