Noche negra, nueva novela de Pilar Quintana
Nacida en Cali, en 1972, esta escritora ha cosechado algunos de los premios más importantes de la literatura colombiana e hispanoamericana. En 2007, fue elegida como una de las autoras menores de cuarenta años más destacadas de América Latina; en 2018, su novela La perra obtuvo el cuarto Premio Biblioteca de Narrativa Colombiana y, como si lo anterior fuera poco, en 2021 consiguió el Premio Alfaguara de Novela con Los abismos. Sea esta la oportunidad para conocer su nuevo trabajo literario, una novela en apariencia sencilla pero contundente a raíz de la potencia de lo evocado.
Por: Alejandro Alzate

Pilar Quintana, una de las voces femeninas más potentes de la literatura latinoamericana contemporánea, regresa con Noche negra, una novela breve y perturbadora que marca un punto alto en su trayectoria narrativa. Como en sus anteriores libros (La perra y Los abismos), la escritora caleña escudriña las formas más íntimas del dolor cotidiano, sólo que esta vez se adentra más en los terrenos fangosos de la culpa, la represión y la fragilidad psíquica de quienes se atreven a vivir fuera de los márgenes impuestos por la familia y la sociedad.
Noche negra gira en torno a Rosa, una mujer que se interna en lo profundo del Pacífico colombiano junto con su novio, un extranjero de esos que tanto han poblado las páginas de muchas de nuestras novelas. Desde esta suerte de exilio, podría decirse, la protagonista narra los conflictos que la experiencia le representa tanto en lo anímico como en lo físico. Los fantasmas del pasado, el miedo y la amenaza de la soledad la asedian más que los bichos que pueblan la tierra indómita que pisa.
Lo primero que llama la atención del lector es el tono, el registro de escritura. Quintana escribe con una “frialdad” alejada de cualquier pretensión efectista. Su lenguaje es seco, pero también poético en los momentos menos esperados. Hay frases dolorosas y hay frases que destilan una ternura apenas contenida. Este contraste, lejos de atenuar la violencia del texto, la intensifica. No hay complacencia ni artificio en la narración. Cada página parece escrita desde la desesperación más aguda. Desde un lugar en el que la cordura ya no es un parámetro útil para comprender el mundo.
Otro aspecto muy llamativo es la estructura de la novela; esto en la medida en que refuerza la sensación de desmoronamiento espiritual de los personajes. Hay en ella una especie de desgarro. Noche negra no se limita a ser una exploración del derrumbe psicológico; es, además, una manifestación vívida de la complejidad del alma humana que se debate entre la fragilidad de la luz y la contundencia de la noche.
Pilar Quintana escribe como quien se sumerge en una herida abierta. No para cerrarla, sino para mostrar su profundidad; para decirnos que hay dolores que no se curan, pero se “suavizan” cuando se cuentan. Y que a veces, el único consuelo posible es ese: que alguien escuche. Que alguien lea.
En ese sentido, uno de los mayores logros de Noche negra es precisamente ese: decir lo que no se dice. Nombrar lo innombrable. Quintana lleva al lector por pasajes incómodos, íntimos, a veces incluso escatológicos. Lo hace sin filtros, pero también sin caer en la pornografía del sufrimiento, en lo manido. Su mirada no juzga ni redime. Sólo muestra. Y en esa exposición cruda, casi clínica, se revela una verdad feroz: a veces no hay salida, a veces el dolor no se supera, sólo se administra como un fármaco que no sana, pero sirve como paliativo.
Fiel al quehacer literario, Quintana no ofrece alivios, ni fórmulas ni metodologías. El título mismo, Noche negra, remite a esa experiencia mística descrita por San Juan de la Cruz como el tránsito por la oscuridad del alma en busca de la luz divina. El punto es que aquí no hay redención. O si la hay, es mínima, apenas perceptible. Lo que sí hay, y en gran medida, es un acto de resistencia que consiste en narrar desde la sombra, desde el margen para no callar.

En conclusión, puede decirse que esta novela es también un gesto político, uno que se abre espacio para ganar posicionamiento social. Pilar Quintana escribe como quien se sumerge en una herida abierta. No para cerrarla, sino para mostrar su profundidad; para decirnos que hay dolores que no se curan, pero se “suavizan” cuando se cuentan. Y que a veces, el único consuelo posible es ese: que alguien escuche. Que alguien lea.
Noche negra, finalmente, se inscribe en la tradición de la literatura confesional, y lo hace con un giro propio, feroz y latinoamericano. Pilar Quintana confirma que su literatura no es sólo una obra estética, sino también un lugar de riesgo, de verdad y de confrontación. Leer esta obra es entrar en un túnel sin promesas de salida, pero con la certeza de que lo que se encuentra adentro —aunque duela— es profundamente humano.



