Chiribiquete: un viaje a la memoria indígena
En el documental Chiribiquete: un viaje a la memoria ancestral de América veremos los retos y resultados de un viaje a la que muchos consideran una joya del arte rupestre escondida en la Amazonia. Se estrenó este año y en él se abordan diferentes cuestiones, como la recuperación de la memoria del pueblo colombiano y la dificultad a la que se enfrentan los investigadores en su estudio.
Por: Mayra Alejandra Acevedo García
Estudiante de Licenciatura en Literatura, Univalle

El Parque Nacional Natural Sierra de Chiribiquete se encuentra entre el departamento del Caquetá y el Guaviare. Hace parte de la Amazonia colombiana, está gestionado por el Sistema Nacional de Áreas Protegidas y tiene un tamaño de 42.680 km². Además de su gran belleza, por los tepuyes y flora y fauna que alberga, cuenta también con una gran variedad de pinturas rupestres grabadas en piedra que lo vuelven uno de los lugares más excepcionales de Latinoamérica. Gracias a estas características puntuales, Chiribiquete ha sido objeto de estudio por una variedad multidisciplinar de investigadores que intentan comprender la evolución de los pueblos originarios en Colombia. El lugar fue declarado patrimonio mundial por la UNESCO en el año 2018.
Chiribiquete: un viaje a la memoria ancestral de América se estrenó en el presente año y fue dirigida por Juan José Lozano, en coproducción con Señal Colombia, ARTE France, Un film à la patte y Medio de Contención Producciones. El objetivo del proyecto, que contó con la participación de varios científicos y estudiosos, se centró en dar a conocer el origen de los primeros habitantes del territorio colombiano a través del estudio de los pictogramas encontrados en los tepuyes que componen la zona.
Algunos de los mayores obstáculos para el estudio y análisis de Chiribiquete han sido el conflicto armado y el alto costo que implica llegar hasta ahí. El lapso con que cuentan los científicos es de una semana por viaje. Esto no implica que no haya resultados, el documental mismo es prueba de lo contrario, pues muestra una gran cantidad objetos arqueológicos y fotografías. Todo este material es posteriormente enviado a los centros de investigación de Colombia, México y Estados Unidos.

Foto: RTVC.
El documental sigue un modelo clásico: la voz de un narrador que orienta y organiza la información, entreverada con las apreciaciones de los expertos. La primera guía al espectador, mientras que las otras voces se ocupan de profundizar en aspectos de orden técnico. También es preciso mencionar que el trabajo de la producción es impecable, lo que se puede apreciar en la calidad de la fotografía, así como en otras decisiones estéticas. Ejemplo de ello son el uso de drones con los que lograron captar la imponente selva amazónica, o captar vistas inéditas de los petroglifos. El compromiso del equipo técnico es particularmente notable, pues además de los retos que implica rodar en una zona golpeada por la violencia, también se atrevieron a desplegar todo un arsenal tecnológico en medio de una selva que se caracteriza por sus condiciones extremas.
El objetivo del proyecto, que contó con la participación de varios científicos y estudiosos, se centró en dar a conocer el origen de los primeros habitantes del territorio colombiano a través del estudio de los pictogramas encontrados en los tepuyes que componen la zona.
Solo se ha podido estudiar un 10% de este territorio, lo cual repercute de forma negativa en el conocimiento que podamos tener de los primeros homosapiens que pasaron por la selva amazónica, así como también de sus primeras culturas.
Una dificultad para datar la cronología de grabados que se encontraron en los tepuyes es que a estos no se les puede aplicar la famosa prueba del Carbono 14. Simplemente no es compatible con el mineral. Sin embargo, los arqueólogos buscaron otras alternativas, como localizar restos de artefactos o carbón donde sí se pudiera realizar dicho procedimiento.
Además de los pictogramas, más al sur de la Amazonia, exactamente en el río Caquetá, se encontraron con petroglifos que también son una pista del paso de los pueblos originarios. El hombre sentado y la anaconda son figuras características del tallado en piedra. El cazador, el guerrero y el chamán son más propios de los pictogramas.

Foto: Tomada de elpais.com
Las figuras más representativas de estas dos formas de conservar la memoria también revelan mitos de los que sí se tiene registro. Gracias a estas, se puede descifrar el momento por el que pasaban los primeros pueblos del territorio, pues mediante el análisis comparado de pinturas y mitos es posible deducir si atravesaron por sequías o por fuertes lluvias.
La difícil tarea que estas personas han hecho y siguen haciendo es relevante por un motivo: conocer la historia. Los pictogramas y los petroglifos podrían ayudarnos a conocer aspectos inéditos de nuestra cultura y, asimismo, como decía Carlos Castaño Uribe, hacernos sentir indígenas. Castaño afirma que debemos rescatar nuestra identidad indígena y sentirnos como tal. Fue él quien en 1987 descubrió Chiribiquete y lo convirtió en el Parque Nacional Natural. Sin él no habría sido posible el estudio de este lugar. Castaño lidera todas las investigaciones y viajes que se hacen en Chiribiquete, una labor que debería convocar el interés de toda la nación, pues “las nuevas generaciones serán las que tendrán que seguir con el trabajo para avanzar, conocer y entender a esas primeras civilizaciones”.
El trabajo que Castaño ha realizado con dedicación tiene un objetivo primordial: “Devolver una parte fundamental de la memoria”.



