Toquemonos Vol. 4: por estudiantes para estudiantes
El pasado 22 de agosto tuvo lugar la cuarta edición del festival Toquemonos en el edifico D14 de Univalle, popularmente conocido como “Central”. El proyecto, gratuito y autogestionado, busca reunir en un solo espacio a distintos artistas de la escena caleña. La apuesta por una cultura sin barreras continúa este 2025 con la incorporación de nuevos estilos musicales. Tuvimos la oportunidad de asistir y esto fue lo que vimos.
Por: William Rosero
Estudiante de Licenciatura en Literatura, Univalle

El festival estuvo dividido en dos partes: la zona rock y la zona de techno. Esta entró en funciones a eso de las cinco de la tarde, mientras que la zona rock experimentó algunos contratiempos que no se solucionaron sino hasta bien entrada la noche.
El stand de techno, ubicado en un punto estratégico entre Central y la Plazoleta de las Banderas, atrajo a un buen número de personas. Algunos se apostaron cerca de las bocinas y empezaron a bailar, mientras que otros se limitaron a escuchar a la distancia, sentados en los muros que bordean la plazoleta.
El número de personas aumentó significativamente al caer la noche. De pronto, se hizo muy complicado atravesar el edificio de un extremo a otro. Sin embargo, esto no fue un problema; por el contrario, contribuyó a generar ese ambiente de festival por el que todos habían venido. Los puestos de comida estaban abarrotados, quienes vendían cerveza reaparecían cada tanto con nueva mercancía y los amigos se daban encuentro sin proponérselo, arrastrados por la marea humana que los empujaba de un stand a otro.
Entonces la zona rock —ubicada frente a la boletería del restaurante universitario— permanecía como una promesa. A eso de las seis ya era posible encontrarse con un par de músicos, ocupados en la tarea de afinar sus respectivos instrumentos, pero todavía no había señales concluyentes de que el “toque” fuera a dar inicio. A pesar de esto, había un nutrido grupo de curiosos que se encargaron de animar el ambiente y de atraer a más personas.
La mezcla de estilos y sonidos se vio enriquecida por la idiosincrasia local. Había una zona extra —no presupuestada— en medio de las otras dos, que respondió a las necesidades del público más frecuente: los salseros.
A las siete y media cayó el primer riff. Fue difícil abrirse paso hasta la primera fila. La primera banda en salir fue The Chopstick’s. La gente a nuestro alrededor agitaba la cabeza al ritmo de la batería, que, por no estar asegurada al suelo, se iba hacia adelante con el golpeteo del bombo.
A pocos metros del tecladista nos encontramos con Felipe Barona, coorganizador del festival junto a Andrés Cardona. Fuimos directo hacia él y le pedimos una entrevista. Tuvimos que alejarnos de allí para que el micrófono pudiera captar el audio. Desde el principio se mostró muy jovial, lo que demuestra una identificación con los principios que caracterizan al proyecto.

Felipe Barona también estudia en Univalle, Tecnología en electrónica, y junto a Andrés Cardona —diseñador de los flyers— idearon este festival con un mismo propósito: reunir diferentes modos de vida, perspectivas y personalidades bajo la premisa de compartir música y arte, tanto a propios como extraños.
La condición de ser un proyecto autogestionado ha traído problemas logísticos con la afluencia de personas no adscritas a la universidad. La tercera edición se vio afectada por este motivo. No todas las bandas pudieron ingresar. De las siete convocadas, solo se presentaron tres. De ahí que se hayan propuesto que esta última edición tuviera un matiz “casual”.
Es una suerte que los organizadores estén interesados en convertir el festival en un puente que una a las futuras generaciones de univallunos.
El nombre de “Toquemonos” fue ideado por Barona, durante una época en la que estuvo lejos de la ciudad. En su opinión, la escena de Cali atravesaba por un momento particularmente fecundo, pero sus dinámicas eran más bien “celosas” o “privilegiadas”. Era necesario romper con esas barreras invisibles, desbordar los límites del dique, para que toda esa creatividad entrara en contacto —se tocara— con otras formas de arte. Esto trajo consigo la creación de una plataforma de difusión que no solo democratiza la música, también funda comunidad. La palabra “Toquemonos” la tomó de una canción de Cerati, “Otra piel”, del álbum Ahí vamos (2006). La tilde faltante remite a un símbolo de la universidad: los monos.
Para esta edición, contaron con el trabajo de distintos colectivos, en especial de UniTech, responsable de unificar al resto de estos, entre los que se encuentran Micelio, de Florida —quienes también diseñaron los visuales que acompañaron a los DJ de la zona techno—, MuyKietos y Techno Project.
El proceso para seleccionar bandas es relativamente sencillo. Los organizadores se ponen en contacto con la banda o la banda se pone en contacto con los organizadores. Este año se presentaron seis: The Chopstick’s, Binturon, Atypical, Mente Ausente, Mariposa Obsidiana, de la que Barona es guitarrista, y Expyral, con quienes logramos pactar una breve entrevista.
Después de los obstáculos iniciales, el resto de las presentaciones se sucedieron con normalidad. Otro tanto puede decirse de la zona techno. Intentamos entrevistar a uno de los DJ, pero no encontramos un lugar apropiado para hacerlo.

En su lugar, hablamos con Angelo Oñate, un estudiante de la Universidad del Cauca que vino expresamente por el festival. Nació en Venezuela, pero ha pasado los últimos siete años de su vida en Colombia. Tuvo noticias del evento gracias al voz a voz, pues dedica su tiempo libre a la música y esto le ha permitido entrar en contacto con la “movida” caleña. Lo encontramos bailando junto a sus amigos en la plazoleta, pero, según afirmó, remataría la noche del otro lado. Antes de que termináramos la entrevista, un hombre lo tomó de la mano y se lo llevó a la zona rock, donde lo pudimos ver después, ya sin camisa. No alcanzamos a preguntarle cómo había entrado.
Por motivos de movilidad, tuvimos que volver a casa antes de lo previsto. La entrevista con Daniel Mafla, baterista de Expyral, fue resuelta vía internet. Expyral ya se había presentado en la edición pasada. La oportunidad de volver al formato en vivo fue celebrada por todos sus miembros, pues desde entonces no habían tenido ocasión de tocar frente a un público. De acuerdo con su experiencia, la mejora en la calidad del sonido fue notable, aunque la conexión de la guitarra se viera interrumpida en medio de la presentación. Alguien fue al baño y no tuvo cuidado en eludir el cable de energía.
Cada banda tenía un tiempo estimado de treinta minutos para su intervención. Debido a los retrasos, la franja se redujo notablemente. Expyral había preparado seis canciones, de las que solo tocó cinco, y por petición del público. Al terminar la cuarta, les pidieron otra. El entusiasmo de las personas y la reorganización atípica de las canciones los llevó a tocar “Interlú”, que, como su nombre lo indica, debía ir en medio y no al final.
La noche cerró con la presentación de Mariposa Obsidiana. Entonces nos encontrábamos de camino a la estación de transporte público. Si no es por las historias que subió una compañera, no habríamos tenido noticia del ambiente que acabó de fraguarse allí. Parece que la compenetración del público aumentó con la sucesión de “toques”. Es una suerte que los organizadores estén interesados en convertir el festival en un puente que una a las futuras generaciones de univallunos.



