Evento

Somos franceses

Un cuarto de siglo después, el Festival de Cine Francés nos demuestra que las historias nos atraviesan más allá de las fronteras. Entre el 23 de septiembre y el 7 de octubre, su edición 25 recorrió 19 ciudades del país con más de 40 títulos, estrenos inéditos, clásicos, cine colombiano y un homenaje a Marjane Satrapi. Una cita con la pantalla grande que nos devolvió un espejo de emociones y conmociones.

Por: Daniel Steven Alvarado
Estudiante de Lic. en Literatura, Univalle

Foto: Festival de Cine Francés.
Foto: Festival de Cine Francés.

Tras el cierre de la edición 25 del Festival de Cine Francés nos queda una certeza: somos franceses. No solo por la gastronomía, ni por los galicismos introducidos en nuestra lengua (bulevar, menú, croissant, souvenir, etc ), sino por esa fragilidad social donde caminan los personajes y por la inventiva con que el arte los sostiene de principio a fin. Es decir, la autenticidad compartida de contar las propias historias como si fueran de otros, y las de otros como si fueran propias. Sin embargo, queda la pregunta en el aire: ¿somos franceses solo dos semanas del año?

Bajo el lema “25 años compartiendo emociones”, el festival recorrió entre el 23 de septiembre y el 7 de octubre 19 ciudades del país, Cali entre ellas, con más de 40 títulos repartidos en secciones como Inéditos, Clásicos, Premières y Carte Blanche. Hubo estrenos que no tendrán distribución posterior en salas, clásicos que volvieron al público y un homenaje a la cineasta y dibujante Marjane Satrapi. En Cali, las películas fueron proyectadas en la cinemateca la Tertulia, Cine Colombia y Alianza Francesa.

Foto: colombomedellin.edu.co
Foto: colombomedellin.edu.co

El festival dio apertura con Las Playas de Agnes, un documental autobiográfico, con tintes de ensayo y de archivo visual, de la directora Agnès Varda. La playa, el límite donde se desliza el tiempo y vuelven consigo las memorias de todo lo vivido, es el lugar donde la directora se mira a sí misma. La película, que recibió el César al mejor documental, nos lleva de la mano por la vivencia en tiempos de guerra, la vanguardia, la generación beat, la censura a figuras como Jane Birkin y, por supuesto, el mundo visto desde su cámara en mano.

El odio mira hacía las calles de la periferia parisiense. Tres jóvenes de diferentes orígenes deambulan veinticuatro horas posteriores a una noche de disturbios y brutalidad policial. No solo retrata la marginalidad y la brecha social en las banlieues, sino la bomba de tiempo que se gesta cuando la juventud es acorralada por el abandono estatal. Por otro lado, Persépolis contempla esa fragilidad desde la visión de una mujer. Marjane Satrapi cuenta su infancia en medio de la Revolución Islámica, la historia de una niña a quien, de un día para otro, le imponen una vestimenta y un modo de existencia. Al lado de la niña están su madre y su abuela, dos figuras que la dignifican. De esa forma se sostienen en una red de apoyo que también es trinchera y refugio.

Tras el cierre de la edición 25 del Festival de Cine Francés nos queda una certeza: somos franceses. No solo por la gastronomía, ni por los galicismos introducidos en nuestra lengua (bulevar, menú, croissant, souvenir, etc ), sino por esa fragilidad social donde caminan los personajes y por la inventiva con que el arte los sostiene de principio a fin. Es decir, la autenticidad compartida de contar las propias historias como si fueran de otros, y las de otros como si fueran propias. Sin embargo, queda la pregunta en el aire: ¿somos franceses solo dos semanas del año?

Los lazos que nos unen  evidencia que las ausencias revelan más ausencias. La película comienza cuando Cécile muere al dar a luz a su hija: Lucile. En ese momento asistimos a la mojigatería y el lío emocional del viudo Alex, la orfandad del primer hijo de Cecile: Elliot y la maternidad de Sandra, una mujer feminista, librera y libre. Todo esto se acompaña de un telón de fondo: el sistema de salud en Francia y las convenciones sociales sobre el cuidado, la familia, el casamiento y las infancias. El fantasma de Cécile se hace presente en toda la película para poner en crisis a toda una sociedad.

Foto: medicina.uach.cl
Foto: medicina.uach.cl

Junto a los clásicos, la programación incluyó cine colombiano como La sociedad del semáforo, Litigante, Mateo y Jericó, y un programa de cortometrajes, en alianza con Bogoshorts, que este año sumó piezas de Cali. El festival también incluyó conversatorios en Bogotá. En la apertura de la exposición fotográfica Cariño, ¿qué peinado?, Phalonne Pierre Louis y Wilfrid Massamba, director del Quibdó Film Festival, lideraron un conversatorio sobre la belleza, el cabello y la identidad afrodíaspórica. Franco Lolli dio una masterclass con base en su trayectoria entre Colombia y Francia, con su corto Como todo el mundo y referencias a Gente de bien y Litigante. Y la agenda se completó con la exposición Sintonías de lo político, los gestos del archivo, una propuesta expositiva que exploró las confluencias de la memoria histórica y el uso del archivo visual entre París y Bogotá.

Al final las emociones también son conmociones. Mirar hacía dentro desde afuera, salir de la sala de cine con una incómoda cercanía que nos interpela para asumir que esas historias llevan mucho tiempo en nosotros. Esa conexión transatlántica va de la mano con la consigna gráfica de los realizadores de los afiches del evento: “Queríamos representar la diversidad de emociones que el cine francés ha sembrado en Colombia durante este cuarto de siglo.” Veinticinco años después comprendemos que esa semilla tenía información de todo el ecosistema en que surge y hoy sigue creciendo en nosotros en comunidad, porque el tiempo en el cine es el secreto para la transformación.

Foto: imdb.com
Foto: imdb.com

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