Crónica

Historias en Yo Mayor. Los cuentos de mis abuelos

Amaneció lloviendo. Yo, sinceramente, hubiera preferido quedarme entre cobijas, pero llegué por trabajo. Ellos llegaron por gusto, a la Biblioteca del Deporte. El rocío no se desprendió de las paredes del estadio Pascual Guerrero antes de que llegaran todos a clase. Entre nueve y diez de la mañana, una caravana de gafas gruesas, zapatos de material y zapatillas, bastones, sandalias, blusas de flores, camisas de cuadros, chales, canas orgullosas y una unánime buena voluntad, me recordaron que nuestros viejos son los expertos en elegancia, puntualidad y berraquera para emprender.

Por: Pierrot
Estudiante de Lic. en Literatura

Historias en Yo Mayor, Laboratorio de Memoria - Fotos: Alejandro Salazar
Historias en Yo Mayor, Laboratorio de Memoria – Fotos: Alejandro Salazar
Era una niña inquieta, lo había sido desde su más tierna edad, cuando jugaba desnudita a perseguir las gallinas entre polvaredas, en ese caserío pobre y árido al norte de Colombia —olvidado de Dios y de los hombres— que parecía salido de un relato debajo de las piedras de la soledad.
(Fragmento de "La hija del Jaguar" de Inés Elvira Rivas. Cuento ganador modalidad escrita de Historias en Yo Mayor 2015).

¿Qué es un laboratorio de memoria? ¿Acaso este lugar repleto de libros al costado del Pascual, con techo escalerado en declive y la maravilla moderna del aire acondicionado? No. Yo apostaría por los treinta abuelos sentados en media luna, expectantes a las enseñanzas de la joven Jenny Alzate, una de sus guías en el mundo de las letras. Ella les brinda técnicas de escritura, corrige el estilo de sus cuentos y les muestra ejemplos de otros escritores. Les pasa una hojita para lectura grupal, pero no alcanza a darle a todos; contaba sólo con veinte participantes este día. El grupo creció. Con la mano en la boina, Nelson García, un hombre jovial, propone salomónicamente partir las hojas a la mitad. El grupo ríe.

Carolina Trujillo y Luis Fernando Berkowitz.
Carolina Trujillo y Luis Fernando Berkowitz.

La otra profesora es Carolina Trujillo Peña. Me aparta de la clase para comenzar la entrevista. Este plan tiene año y medio en Cali, en diferentes bibliotecas públicas. Comenzó en el 2012 gracias a la Fundación Fahrenheit 451, como un proyecto para el adulto mayor y fue patrocinado por la Fundación Saldarriaga Concha; con el tiempo ha llegado a todas las bibliotecas públicas del país. Los laboratorios, talleres y concursos tienen el objetivo paternal de establecer grupos de adultos mayores autónomos que en algún momento dejen de depender de Yo Mayor para seguir por ellos mismos. También existe otra modalidad de taller con énfasis en Oralidad, la cual en Cali es dictada en la biblioteca de Desepaz por la instructora Alelí Mesa. En el pasado concurso nacional Historias en Yo Mayor, Cali ganó siete premios, entre ellos los primeros lugares de las dos modalidades.

Este plan tiene año y medio en Cali, en diferentes bibliotecas públicas. Comenzó en el 2012 gracias a la Fundación Farenheit 451, como un proyecto para el adulto mayor y fue patrocinado por la Fundación Saldarriaga Concha, con el tiempo ha llegado a todas las bibliotecas públicas del país. Los laboratorios, talleres y concursos tienen el objetivo paternal de establecer grupos de adultos mayores autónomos que en algún momento dejen de depender de Yo Mayor para seguir por ellos mismos

—Este es el Laboratorio de Escritura —dice Carolina—, muchas personas llegan con muchos conocimientos porque, imagínate, tienen más de sesenta años con todo un bagaje. Queremos que la gente pueda mostrar su forma, su cultura, su región y que todos podamos entenderla y aprender de ellos a su manera. Tenemos una visión del adulto mayor de total valor y respeto, de capacidad autónoma, que no digan “yo ya me encerré en la casa” sino “puedo funcionar en ese sentido”. Uno de los puntos importantes de Historias en Yo Mayor está en Palenque, se recoge toda la tradición oral y ancestral. Ellos tienen tanto para contar, cosas que en las ciudades ya estamos tan occidentalizados que las olvidamos, pero allá tienen ritos especiales y muy mágicos para todo.

Ahora algunos testimonios.

Luis Fernando Berkowitz (64 años), el atleta. Jubilado de la Policía. Cuatro hijos, nueve nietos. Zapatos deportivos y reloj cronómetro.

—Cuando me retiré ya era deportista. Practico atletismo de alto rendimiento. Ahora me entró el bicho de escribir. Nunca pensé en escribir porque tengo una ortografía pésima, pero como Google ahora corrige todo, me tiré al ruedo. Un día salí a correr y alguien dijo “ve, la luna no se ha acostado, la luna está trasnochada, entonces ¿por qué amaneció trasnochada la luna? Porque el sol había llorado toda la noche…” y ahí nace una historia, de ese hecho tan simple.

Zulma Agudelo y Alba Giraldo
Zulma Agudelo y Alba Giraldo

Zulma Agudelo (68 primaveras). Antigua secretaria, con sueldo. Ama de casa, sin sueldo. Trabajadora de Cali a Caracas.

—Me gusta leer, pero nunca había intentado escribir. Los cuentos no me salen larguísimos, sino más bien cortos. Me gusta disfrutar con las historias de mis compañeros y adquiero conocimientos sobre cómo hacer mis historias interesantes. El grupo es muy compacto, nos hemos integrado, somos como una familia. Todavía no sé de qué voy a escribir, pero uno tiene vivencias y de alguna de ellas algo saldrá.

Alba Giraldo (80 años). La mayor de trece hermanos que ayudó a criar. Quinto de primaria. Modista experta. Un marido, cuatro hijos con carrera. Actual pintora. Dueña de su casa.

—No tuve estudio cuando estaba jovencita y ahora me entretengo pintando. Me encanta no estar en la casa sino salir a compartir con las personas. He escrito los pasajes de mi infancia y lo que he obtenido en la vida en estos ochenta añitos, o bueno, añotes.

Quiero terminar recordando que siempre hay tiempo cuando se tiene presente y darle la opinión que prometí a Inés Elvira Rivas: tu cuento es muy bello, valió la pena que esperara tanto tiempo adentro de ti. Espero leer más.

Publicaciones relacionadas

Botón volver arriba