Ubeimar Ríos: la poesía como forma de habitar la vida
Más que una conversación sobre cine, el conversatorio titulado En alfabeto del mundo se convirtió en una reflexión sobre la poesía, la docencia y el sentido de la creación artística. Ubeimar Ríos, protagonista de la película Un poeta, compartió con el público las experiencias que han marcado su trayectoria como profesor, escritor y actor, reivindicando la literatura como una forma de resistencia, de autoconocimiento y de encuentro con los otros.
Por: William Rosero
Estudiante de Licenciatura en Literatura, Univalle

En el conversatorio, organizado por la Red de Bibliotecas Públicas de Cali, el poeta, filósofo, docente y actor Ubeimar Ríos sostuvo un diálogo en el que confluyeron la literatura, el cine, la docencia y la reflexión sobre el lugar del arte en la sociedad contemporánea. El encuentro, atravesado por lecturas de poemas y anécdotas personales, permitió conocer no solo al protagonista de la película Un poeta, de Simón Mesa Soto, sino también al hombre que durante más de tres décadas dedicó su vida a la enseñanza de la filosofía y al cultivo de la palabra.
La conversación inició con un reconocimiento al trabajo de las bibliotecas públicas de Cali, cuya vocación comunitaria sorprendió gratamente al invitado. Ríos destacó que estos espacios trascienden la función tradicional del préstamo de libros para convertirse en escenarios de encuentro alrededor de la música, la ecología, la formación artística y el acompañamiento social. En ese sentido, invitó a la ciudadanía a apropiarse de las bibliotecas como bienes colectivos y lugares fundamentales para la construcción de comunidad.
Uno de los primeros temas abordados fue la relación entre poesía y música. Aunque insistió en definirse antes como poeta que como músico, Ríos compartió la experiencia de Poiesis, proyecto en el que la poesía dialoga con el rock mediante recitales musicalizados. Más que interpretar canciones, explicó, la agrupación convierte el poema en una experiencia escénica capaz de ampliar sus posibilidades expresivas.
El diálogo giró luego hacia Un poeta, película que transformó inesperadamente su vida. Ríos recordó que llegó al proyecto casi por azar, después de un largo proceso de selección que incluso creyó olvidado. Lo que comenzó como un casting terminó llevándolo a protagonizar una producción que recorrería festivales internacionales y lo convertiría en una figura reconocida dentro y fuera de Colombia. Con humor relató las circunstancias de aquel proceso, incluyendo el segundo casting realizado en su propia casa mientras se recuperaba de una cirugía.
Sin embargo, el reconocimiento público no ha modificado sustancialmente su manera de entender la vida. A pesar del éxito alcanzado, afirmó seguir siendo la misma persona, consciente de que la fama es pasajera. Las fotografías, las entrevistas y los viajes internacionales han cambiado el ritmo de sus días, pero no su manera de habitar el mundo. Esa actitud de sencillez atraviesa buena parte de sus respuestas y constituye uno de los rasgos más consistentes de su intervención.
Especial interés despertó la construcción del personaje de Óscar Restrepo, protagonista de Un poeta. Ríos explicó que el director permitió inicialmente un amplio margen de improvisación durante los ensayos, lo que hizo posible incorporar expresiones, gestos y matices surgidos del propio actor. Aunque reconoció las diferencias entre su vida y la del personaje, también identificó afinidades profundas: el amor por la poesía, la docencia filosófica, cierta vulnerabilidad y una obstinada fidelidad a las propias pasiones. Más que interpretar a Óscar, confesó haber intentado establecer un diálogo íntimo entre el personaje y su propia experiencia vital.
Interpelado sobre la responsabilidad social del poeta, rechazó la idea de convertirse en ejemplo o modelo moral. Considera que la principal responsabilidad consiste en permanecer fiel a uno mismo y dedicar la vida a aquello que verdaderamente despierta pasión. Desde esa perspectiva, el valor del arte no depende del reconocimiento ni de la fama, sino de la autenticidad con que se ejerce.
A lo largo del encuentro, la lectura de poemas ocupó un lugar central. Ríos compartió textos propios y de autores contemporáneos, entre ellos José Manuel Arango y Carlos Enrique Ortiz, abordando temas como el amor, la violencia, la muerte y la fragilidad humana. Estas lecturas no funcionaron como simples ilustraciones, sino como una prolongación natural de la conversación, confirmando que para él la poesía constituye una forma privilegiada de pensar el mundo.
Interpelado sobre la responsabilidad social del poeta, rechazó la idea de convertirse en ejemplo o modelo moral. Considera que la principal responsabilidad consiste en permanecer fiel a uno mismo y dedicar la vida a aquello que verdaderamente despierta pasión. Desde esa perspectiva, el valor del arte no depende del reconocimiento ni de la fama, sino de la autenticidad con que se ejerce.
También reflexionó sobre su experiencia como docente. Tras treinta y dos años de enseñanza, concluyó que su misión consistió en demostrar a sus estudiantes que es posible llegar a ser aquello que realmente se desea. Frente a la resignación que suele reducir la vida a lo meramente posible, defendió la importancia de orientar la existencia hacia las propias convicciones y vocaciones.
En el tramo final del conversatorio surgieron preguntas sobre el futuro de la cultura colombiana. Aunque manifestó preocupación por las políticas que podrían afectar el apoyo institucional a los procesos artísticos, expresó su confianza en la capacidad del arte para resistir incluso en contextos adversos. La creación, afirmó, siempre encuentra caminos para sobrevivir.
El encuentro concluyó con un poema dedicado a la amistad y al amor como fuerzas que permiten enfrentar la dureza de la realidad. Antes de despedirse, Ubeimar Ríos volvió a insistir en la importancia de las bibliotecas públicas, no solo como espacios de lectura, sino como lugares donde las comunidades pueden encontrarse consigo mismas y con los otros. Su invitación final sintetizó el espíritu de la jornada: visitar las bibliotecas, leer más y entender que toda verdadera experiencia artística comienza por la disposición a escuchar y a dejarse transformar por las palabras.



