Editorial Mayo 2015

Desde luego, todas estas obras pertenecen a una gran civilización, ¿Pero cómo es que no veo a ninguna persona civilizada?
W.H. Auden
No se está mintiendo si se dice que Cali fue una ciudad más culta hace cuarenta años. El personaje moderno, herido en su orgullo caleño, objetará que eso es falso, porque ahora los medios de comunicación llegan masivamente, nos dirá que hoy hay más escritores, músicos, pintores y artistas; que los instrumentistas de nuestra ciudad hoy manejan técnicas no conocidas ni aplicadas en aquella época, que existen más universidades porque en los años setenta sólo existían la Universidad del Valle y la Santiago de Cali, recordará que ahora hay más escenarios, editoriales, más eventos en la ciudad, enrostrará que hoy existen investigaciones científicas, nos recordará que en esa época no había Festival Petronio Álvarez, ni festival de jazz, tampoco mundial de salsa, ni el festival de Incolballet, pero esas verdades enumeradas se pueden paliar diciendo que aun así, en esa pequeña ciudad, que llegó a ser la ciudad del poeta (el sueño de la generación de los setenta) la gente tenía más sensibilidad artística y cultural, en todas sus manifestaciones y que la cultura no era banal, no formaba parte del mundo del espectáculo como si fuese un partido de fútbol o una corrida de toros.
El poeta y ensayista W.H. Auden pensaba que ni una sola de las obras maestras de la literatura griega posee la estatura de la Divina Comedia, pensó que en aquella tradición de hombres ilustres del periodo ático, ninguno creó una obra completa como la de William Shakespeare, pero que si un griego del siglo V llegará a Londres y tuviese oportunidad de ver ese mundo de ópera, de teatro, de ciencia y arte, lanzaría el atónito comentario: desde luego, estas obras sólo pueden corresponder a una gran civilización, pero ¿cómo es que no veo a ninguna persona civilizada?
Y es verdad, no porque exista una sociedad del espectáculo o escritores, artistas, médicos en una ciudad, esta es una ciudad culta, la cultura se mide por el sentimiento y la disponible sensibilidad de la comunidad no sólo hacia el arte, también hacia cada una de las manifestaciones producidas en su interior. La gente de Cali de los años setenta, nuestros padres, tenían esa disponibilidad, era algo que se irradiaba en la ciudad, se traducía en el cuidado de los árboles, los paraderos de los buses, en las filas para entrar a los espectáculos, al cine, al teatro e incluso al estadio de fútbol y era tenido en cuenta por los que dirigían los destinos de la ciudad.
Llenar ese vacío es uno de los objetivos de nuestro periódico La Palabra, esperamos que la información de los espacios creados por nuestros periodistas este supliendo en cada uno de los hogares donde se lee, las carencias de una época donde la gente está dedicada a vencer la pobreza en torno a las miserables tentaciones del lujo y del lucro.
Era una comunidad con más sensibilidad artística.
Algunos críticos han pensado que la literatura griega comparada con la inglesa parece primitiva, porque la poesía primitiva dice cosas sencillas pero enmarañadaslas formas lingüistas de aquella época tienden a ser más enrevesadas y directas, mientras que la poesía moderna busca decir cosas complejas de la manera más directa posible



