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Pez de vidrio: diez olores del mar

Publicado en 1995, Pez de vidrio es el primer libro de cuentos de la autora puertorriqueña Mayra Santos-Febres, quien se propone enganchar al lector explorando un mundo de olores y recuerdos. 

Por: Víctor Morrón
Estudiante de Sociología, Univalle

Mayra Santos-Febres (1966), poeta, novelista, cuentista, ensayista y profesora universitaria puertorriqueña.
Foto: afrofeminas.com

Se escribe con un pie en el pasado y otro en el presente. Hurgando en los detalles a ver si le encontramos un sentido a los días, y así, quizás, aliviar estas soledades que le pertenecen a todos. El que escribe denuncia una vida cotidiana, donde el amor, la sexualidad, la tristeza, etc., enmascaran todo tipo de desigualdades y tragedias. La que escribe no solo se escribe así misma, sino también a la sociedad de su época.

La autora nos ofrece diez narraciones de mujeres anónimas, como Marina, un personaje recurrente que fácilmente podría ser cualquier mujer oprimida en la encrucijada social de los roles de género y el racismo manifiesto en Latinoamérica. Santos-Febres escribe desde los límites de la enunciación, dotando a los olores de sentimientos y al cuerpo de recuerdos, personas y lugares.      

 En Pez de vidrio, el erotismo destila como sudor porque los cuerpos hablan. Y más si se tiene la pista de baile en frente en una de esas noches horriblemente mágicas, donde los cuerpos eléctricos se atraen, enrarecido el ambiente con olores húmedos. En medio, la complicidad de la mirada y el encuentro de dos cuerpos, confrontados al saber, que fácilmente podrían ser uno. En Pez de vidrio, el cuerpo es metáfora de olores, sentimientos y calle.  

Envueltos en la tragedia de la escritora, los personajes de Pez de vidrio ponen en discusión los roles de género que le atribuyen a la madre el cuidado de los hijos, al tiempo que luchan por encontrar la palabra precisa, el camino al poema, la soledad adecuada. (…), se puede leer como un ejercicio de memoria y denuncia de la mujer negra que escribe con el cuerpo, en un mundo patriarcal y “blanqueado”.   

Es precisamente este último aspecto en el que Santos-Febres describe a algunos de sus personajes. Mujeres en espacios públicos históricamente negados. ¿Qué es la calle?, se preguntan sus personajes desbordados por el amor y el deseo, en una ciudad caótica.  Las respuestas están en el pasado, en los recuerdos de la infancia y en las tragedias presentes que se presentan como símbolos que descifran la vida. “La calle es un intestino…Si le miras bien las marcas, podrás adivinar el futuro”, dice uno de sus personajes, haciendo alusión a una lectura de la calle mediante prácticas religiosas de matriz africana.

De igual forma, el texto ahonda sobre el racismo, las desigualdades sociales y de género acentuadas en la mujer negra que vivencia situaciones de abuso y violencia en los espacios domésticos para, seguido, estallar en la cara de una familia “blanqueada” con olores que experimentan la tristeza, la soledad, el deseo y el dolor.  

Envueltos en la tragedia de la escritora, los personajes de Pez de vidrio ponen en discusión los roles de género que le atribuyen a la madre el cuidado de los hijos, al tiempo que luchan por encontrar la palabra precisa, el camino al poema, la soledad adecuada. En este sentido, Pez de vidrio se puede leer como un ejercicio de memoria y denuncia de la mujer negra que escribe con el cuerpo, en un mundo patriarcal y “blanqueado”. 

Foto: libros787.com

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