No todo el que puede hablar de un artista puede hablar con profundidad de su arte

Ya está promediando la época en que se llevará a cabo en Cali el festival de música jazz, bautizado sabiamente con el nombre de, Ajazzgo. Para esta versión, 2015, el jurado, conformado por el musicólogo Henry Fats Zuluaga, por el músico, compositor y arreglista José Aguirre y el director del festival, Diego Pombo, escogieron tres agrupaciones de la región que mostraran su arte en el festival internacional, y tendrán la responsabilidad de mostrar ante el selecto público caleño aficionado al jazz, sus creaciones y destrezas, también el nivel y desarrollo de este género musical, anclado en Cali desde ya hace muchas décadas. “Haga que pase, Ruda Jazz ensamble y Jazz Gambler” son las agrupaciones que desafían ese reto. Están conformadas por verdaderos maestros, estudiosos y diestros instrumentistas. Cada vez que los vemos en escena, su arte nos confirma que Cali no es, como a veces se ha querido decir: monotemática en el aspecto musical, y nos demuestra que en nuestra ciudad todas las expresiones de la música tienen público y artistas que la interpreten, y esa es una de las riquezas y el regusto de nuestra región. Por eso es nefasta para el desarrollo y madurez de la música las discusiones parcializadas que se suscitaron después del pasado Festival Petronio Álvarez. En esas discusiones, los apologistas y detractores de este festival hablaron de todo menos del tema del cual han debido de hablar: de música. En el tiempo que llevo en Cali, sólo a un señor llamado José Aguirre, le he escuchado referirse musicalmente sobre la “salsa”, en una conversación que hace un año, La palabra tuvo con él, le escuché hablar del diálogo de los instrumentos, habló de sus arreglos e interpretaciones, del diálogo del piano con el bajo, de la textura del sonido, de armonía, explicó en lenguaje musical el porqué la mezcla de los tonos mayores y menores nos conducen a sensaciones sentimentales líricas en ese género llamado salsa y en especial, en la música de Jairo Varela, y fue un gusto escuchar sus maneras, esa elocuencia proveniente de un creador, de un conocimiento del que sabe desentrañar un arte, porque a diferencia de otros comentadores, no habla parcializado, habla de lo que tiene que hablar un músico: de música.
Y es casi una paradoja caleña, porque si analizamos, en los últimos cuarenta años entre todas las expresiones del arte, fue la música la que adquirió más desarrollo, incluso más que el cine, arte que ya tiene excelentes directores pero que carece de buenos guionistas, y también más que la literatura, pero a diferencia de la música, la literatura formó verdaderos críticos literarios, personas especializadas en el análisis de novelas y cuentos, y la música, que tiene verdaderos exponentes de ese difícil arte, no ha sido capaz de crear una generación de musicólogos que nos hablen de ella en el desarrollo de nuestra ciudad.




