Cali se seca
El fenómeno del Niño azotó con fuerza a la ciudad. Los numerosos planes de contingencia formulados por EMCALI en las últimas semanas han fallado infructuosamente. Mientras tanto, los caleños siguen sufriendo de altas temperaturas y una escasez inaudita de agua.
Por: Luisa María Rodríguez
Estudiante de Psicología

Ayer a las 4 p.m. no había agua, los grifos de las casas eran abiertos y ni una gota salía mientras el calor incesante que ataca desde hace semanas a Cali amenazaba con derretir a quien osase salir a la calle. Las ventanillas de los autos dejaban entrever rostros sudorosos que aún con el tope del aire acondicionado funcionando, se asaban. Ayer, a las 4 p.m. no había agua en varios de los barrios de la ciudad y nadie dijo nada. No dijeron nada porque el racionamiento hace parte del abanico de medidas que han comenzado a tomarse a raíz de la ola de calor. Más que eso, del grave problema con el manejo de las aguas en la ciudad. Sino es que en todo el país.
El problema del agua no es nuevo, desde hace casi 10 años EMCALI ha tenido que implementar planes de contingencia respecto al tratamiento y abastecimiento de distintas zonas de la ciudad cuando la ola de calor llega, ya por allá en el 2006 las noticias sobre la escasez de agua en los periodos de calor eran desalentadoras, los dirigentes y las entidades encargadas del manejo del agua hablaban de la necesidad de tomar medidas para que la sequía no se convirtiese en algo recurrente en la ciudad y el caudal de los ríos no disminuyese en gran medida en las épocas de menor presencia de lluvias. Sin embargo, los bajos niveles de este año de los ríos Cali y Meléndez son nuevos en la historia.
El problema del agua no es nuevo, desde hace casi 10 años EMCALI ha tenido que implementar planes de contingencia respecto al tratamiento y abastecimiento de distintas zonas de la ciudad cuando la ola de calor llega, ya por allá en el 2006 las noticias sobre la escasez de agua en los periodos de calor eran desalentadoras
En palabras de Hernando Díez – presidente de la Asociación de Acueductos Rurales de la Cuenca del Río Cali – debemos ver el problema como el resultado de un descuido prolongado de nuestros ríos, a lo largo de las décadas hemos dejado de lado los ríos que tanto han dado por la ciudad, se enfermaron paulatinamente, poco a poco y entonces llegó El Niño y los cogió débiles. Las Bocatomas se encuentran secas y el agua, que antes abastecía a casi dos millones de habitantes de la ciudad, no alcanza a llegar a todos los rincones de la urbe caleña. Pero no se trata sólo del fenómeno de El Niño, que según expertos tiene una duración aproximada de 12 meses – en periodos extremos, de hasta 18 meses – sino de un conjunto de malos manejos por parte de las entidades correspondientes, según datos ofrecidos por el último Informe Nacional del Agua, Cali es la tercera ciudad del país con mayor riesgo debido al mal manejo de los recursos hídricos.
Hemos sido afortunados de tener seis ríos que han alimentado el crecimiento de ésta ciudad, más el Río Cauca, que nos rodea con majestuosidad. Todos hablan de Cali como la ciudad de los siete ríos, pero esos ríos están secos, dice con tristeza Hernando Díez. Los ríos que por siglos han asistido al crecimiento de Cali se han visto gravemente afectados por el abandono de las entidades gubernamentales que deberían de velar por ellos y más aún, se han visto vulnerados por los mismos caleños, creyendo siempre que los ríos son una fuente inagotable de agua. Que estarán siempre a disposición nuestra, cuando la realidad es que están muriendo. Más aterrador aún, estamos dejando que mueran.

La sequía de los ríos Meléndez y Cali, es el factor más preocupante del panorama actual, lo que afecta directamente a casi 600.000 habitantes, aproximadamente el 30% de la población caleña, que debe acomodarse a las jornadas de racionamiento del líquido o incluso, pasar días enteros sin el mismo. Doña Alejandra, una comerciante del barrio San Nicolás habla indignada de como el agua no llega al segundo piso de su establecimiento porque el agua no tiene la suficiente presión y la respuesta de EMCALI es que todo es producto del bajo nivel de agua que se recoge a diario en la planta de San Antonio. Son también los alarmantes niveles de contaminación de los recursos hídricos, lo que es la otra cara del problema.
La mayor parte de la ciudad se abastece del río Cauca y sin embargo, las alarmas no se encienden esta vez por los bajos niveles del caudal sino por los altos índices de contaminación hídrica que se le adjudican debido al mal manejo de desechos y por los residuos de la minería ilegal. El CINARA de la Universidad del Valle viene reconociendo la riqueza de los recursos hídricos desde diversos esfuerzos y propuestas, como la construcción de pozos de reserva a lo largo del río Cauca, lo que permitiría tener un plan de contingencia menos costoso que el reavivamiento del río Pichindé o el traslado de agua de ríos ajenos a la región, que implicaría un costo sumamente alto a EMCALI y las entidades reguladoras.

Doña Ana está haciendo fila desde hace dos horas para llenar tres baldes de agua con la que debe cocinar, bañarse ella y sus hijos, y con lo que reste, lavar ropa y platos. El carrotanque llega cada dos días al barrio, así que mientras sus hijos están en el colegio, ella hace fila para llenar los baldes y poder hacer el almuerzo. Tengo que repartirlo en todas las necesidades de la casa por dos días, algunas veces alcanzo a llenar hasta seis baldes, otras, sólo uno o dos. Todos necesitamos agua; enuncia ella mientras carga uno de los baldes hasta la entrada de su casa, seis cuadras más allá de donde se encuentra el carrotanque, para luego correr a hacer la fila de nuevo. Como ella, todos los habitantes de las comunas 18 y 20 de Cali pasan largas horas, o hasta días, sin agua. EMCALI ha construido hidrantes quefuncionarán a tiempo completo y tendrán la labor de alimentar a los carrotanques que son enviados a los barrios más afectado, todo como una medida para asegurar un poco del vital líquido, pero la demanda sigue siendo demasiado alta.
Cali se seguirá secando mientras casi el 50% del agua potable se pierde debido al mal estado de las tuberías y los acueductos en palabras de voceros de EMCALI. Debido también al mal uso del agua en labores cotidianas por gran parte de la población caleña, que gasta en promedio 16,83 m3, sólo menos que Bucaramanga a nivel nacional. Eso ha obligado a imponer de nuevo la medida del año 2010, donde se establece un tope en la cantidad de agua por vivienda que pueden ser consumidos: 26 metros cúbicos. Pero los caleños parecen no aprender, pues los niveles de consumo siguen siendo elevados, sobre todo en las temporadas de calor, como la que se vive actualmente. Toda vivienda que exceda el consumo máximo deberá pagar por ello. De la misma manera, la resolución 763 de 2012 del DAGMA sanciona el uso inadecuado del agua con multas: mal uso del agua en la jardinería y la limpieza son parte de los comportamientos que serán sancionados.
Hemos sido afortunados de tener seis ríos que han alimentado el crecimiento de ésta ciudad, más el Río Cauca, que nos rodea con majestuosidad. Todos hablan de Cali como la ciudad de los siete ríos, pero esos ríos están secos
Sumándose al mal manejo de los recursos, encontramos uno de los fenómenos humanos que mayor incidencia ha tenido en el deterioro de los caudales de los ríos y es que según un informe publicado por Parques Nacionales, son aproximadamente 600 hectáreas de bosque las que se han visto afectadas por la Minería Ilegal y no sólo las zonas de bosque sino el desvío de los ríos Pichindé, San Cayetano, Pance, Meléndez, Felidia y Río Cali. Uno de los casos más graves de eso fue el desvío de la quebrada del Roble hacia el Pacífico, lo que afectó en gran medida al río Felidia y por ende, al Río Cali.
A nivel regional la situación es incluso peor. Diversas veredas cercanas a la ciudad se encuentran sin el suministro del agua, como es el caso de Pance, donde pocas de las casas tienen planta de tratamiento o embalses caseros y las que no lo tienen no cuentan con el líquido por días. Acuavalle, entidad que opera los acueductos de 33 municipios, 35 corregimientos y 58 veredas del departamento, ha implementado el racionamiento de seis municipios: Ansermanuevo, Restrepo, San Pedro, Sevilla, Toro y Vijes, lo que ha afectado a casi 30.000 habitantes del Valle del Cauca, miles de cultivos y múltiples hectáreas de bosque, y debido al paso de leve a moderado de El Niño, la situación puede empeorar.

Don Manuel es un campesino de la zona alta de los Farallones que se levantó muy temprano para jalar una manguera negra hasta su cultivo de café, el cual está en riesgo de perderse debido a la baja presencia de lluvias. La manguera no ha sido autorizada por ninguna entidad oficial, él simplemente ha seguido el ejemplo de muchos otros campesinos que han desviado un poco del agua hacia sus cultivos y casas.



