Editorial

Arde el Amazonas

Francisco Alves Mendes Filho, más conocido también como Chico Mendes (1944 – 1988) sindicalista y activista ambiental brasileño. Foto: https://blog.nwf.org/2014/04/chico-vive-chico-mendes-and-grassroots-environmentalism/
Francisco Alves Mendes Filho, más conocido también como Chico Mendes (1944 – 1988) sindicalista y activista ambiental brasileño.
Foto: https://blog.nwf.org/2014/04/chico-vive-chico-mendes-and-grassroots-environmentalism/

“La Amazonía está ardiendo, y es un bien común de la humanidad. No es de Brasil. Brasil tiene la gestión pero la tierra, el oxígeno, es un bien común de la humanidad. Si los franceses quisieran quemar todas las obras de arte del Louvre todos protestarían. El Louvre es de Francia, pero el arte es de toda la humanidad. Hay que llevar a Bolsonaro a la la Corte suprema de los crímenes contra la humanidad”, remarcó el filósofo Leonardo Boff, autor de más de 60 libros en las áreas de teología, espiritualidad, filosofía, antropología y mística, y uno de los que colaboró activamente en la encíclica Laudato Si del papa Francisco. En su autorizada opinión, “Bolsonaro debería ser juzgado por la Corte suprema de los crímenes contra la humanidad. El Amazonas es de la humanidad, la gestión la tiene Brasil, pero la tierra, la diversidad y el oxígeno son de la humanidad”.

Esta catastrófe ambiental, que viene desde hace décadas y ahora se recrudece ante los apetitos de las multinacionales y grandes latifundistas vinculados a las agroexportaciones, fue anunciada por el líder ecologista asesinado en 1988, Chico Mendes, hijo de la selva y profundamente identificado con ella. Frenta a los incendios, como los actuales en la Amazonas brasileña – 74.155 focos afectando 10.627 km2 – Chico Mendes propuso en nombre de los pueblos de la selva la creación de reservas extractivistas, aceptadas por el Gobierno brasileño en 1987. Aceptaba que la Amazonía no se podía convertir en un santuario intocable, clamando por un desarrollo que preservará este pulmón de la humanidad, la única forma de garantizar la vida de los pueblos del planeta.

Los pueblos indígenas que por miles llegaron a Brasilia, a reclamar por su vida, el respeto de sus territorios y la preservación de la selva Amazónica, revivieron el espíritu de Chico Mendes. Este tiene eco en la indignación mundial y en la reacción de muchos miembros del G7, liderados por E. Macron, presidente de Francia, contra la devastación irracional promovida por el Presidente Jaior Bolsonaro.

La Amazonía es un Bien Común de la Humanidad. El desarrollo depredador del modelo neoliberal y sus grandes megaproyectos apenas produce riquezas para unos pocos a costa de la selva y de la miseria de sus pueblos.
Para Leonardo Boff: “Bolsonaro tiene responsabilidad directa. Desmanteló todas las organizaciones que protegían la Amazonía, se presentaba como el presidente motosierra. Hizo un pacto con Trump para explotar la minería y la ganadería, especialmente en las tierras indígenas, que son muy ricas en eso. Dejó un campo libre al agronegocio para seguir deforestando y expandiendo sus negocios”.

La humanidad tiene que ser solidaria con la población indígena que ha salido a luchar por un territorio donde habita apenas el 5% de la población mundial y protegen el 82% de la biodiversidad del mundo. Lo que está en juego es la sobrevivencia de las futuras generaciones. Con clarividencia el poeta amazonense Thiago de Melo, en su poema “Los estatutos del hombre”, anunciaba una utopía posible y necesaria: “Queda decretado que el dinero no podrá nunca más comprar el sol de las mañanas venideras”.

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