Mayra Santos-Febres: una poetisa del Caribe surgida de las raíces de sus ancestros
Leer la poesía de Mayra Santos-Febres es transportarse al tiempo cuando las estrellas eran la guía para seguir los caminos que el alma recuerda; es adentrarse en un tiempo pasado ya olvidado por los afanes con que corre la vida; es volver a los viejos, lanzándoles palabras a través del viento para preguntarles quiénes somos o a qué hemos venido; es encontrarse con la fuerza y la sensibilidad de una mujer empoderada desde sus raíces.
Tengo algo roto dentro, abuela
y tú escoges olvidar
las recetas salvavidas.
Mayra Santos-Febres, Anamú y Manigua

Foto: metro.pr
Por: Alex Mauricio Villegas Tabares
Estudiante de Licenciatura en Ciencias Sociales, Univalle
Hacer un recorrido por la prolífica obra poética de la escritora puertorriqueña Mayra Santos-Febres, es transitar por los cuestionamientos sobre los orígenes e historias de épocas que han querido borrar. Memorias, costumbres y sensaciones que nos van llevando al ritmo de la prosa, la cual se armoniza con la respiración para ir descubriendo el vasto universo de conocimientos que encierran en sus letras.
Santos-Febres es sin duda una referente de la poesía del Caribe. Comenzó a publicar poemas en periódicos y revistas universitarias internacionales desde principios de los años 80, tocada por un contexto estremecido por grandes cambios culturales, políticos y sociales. Ha publicado varios poemarios, entre los que se encuentran: Anamú y manigua (1991),escrito cuando era una joven de 19 años, seleccionado como uno de los diez mejores del año según la crítica puertorriqueña; y El orden escapado (1991),ganador del primer premio para poesía de la revista Tríptico de Puerto Rico. Ambos poemarios fueron publicados el mismo año y atesoran la sabiduría ancestral, en los que evoca a su abuela y a sus ancestros para consultar su origen y, así, encontrar el néctar de las plantas que curan y liberan.
Las yerbas y los ríos son para mí,
para esta negra que nació en Carolina
que ha vivido en urbanizaciones
en satélites hermenéuticos
una avenida hacia la boca propia
hacia el líquido poema que se sueña
cada noche en mi cabeza.
Con las yerbas
un urgarme superficies canceladas
un temblor de pestaña entumecida
más allá de la memoria en el olfato
de la saliva memoriosa
buscando dimensión de ojos
dimensión de viento.
Es de resaltar el compromiso social y la sensibilidad que tiene esta escritora con las causas nobles, con la vida urbana, con los asuntos sociales, con la discriminación hacia las diferencias, con las luchas de sus “guerreras”, como se refiere a las mujeres que se va encontrando en el camino y que la inspiran
El tercer poemario publicado fue Tercer mundo (2000). Tiene la fuerza y la rabia de todo lo que ha sido la conquista de la raza, un desahogo que nos permite conocer algunas de las posturas más radicales que tiene la autora, un contenido donde descarga con gran potencia todas las cargas sociales de una época de contrastes políticos. Luego publica Boat People (2005),su cuarto poemario, donde hace un recorrido geográfico por su cuerpo, por el deseo, la pasión, el amor, los rincones y toda la magia que encierra un bolero. Todas estas obras anteriores fueron publicadas en la colección que reúne toda su poesía, titulada Instrumentos de medición (2010), una guía completa para viajar y hacer un recorrido a lo más profundo del cuerpo, de la feminidad, de su origen, de su espacio, de su gente.
mientras tanto
tú coses y descoses
sin conocer a Penélope
pero recordando entre enhebras
a la que perdió ojos
viento ovarios canción de siete esperas
pegada a una aguja de taller.
Es de resaltar el compromiso social y la sensibilidad que tiene esta escritora con las causas nobles, con la vida urbana, con los asuntos sociales, con la discriminación hacia las diferencias, con las luchas de sus “guerreras”, como se refiere a las mujeres que se va encontrando en el camino y que la inspiran. A todas aquellas personas que le dan el coraje para expresar esas historias que están ocultas en los rincones de las ciudades que visita, donde lo cotidiano es una constante amenaza de estabilidad y muerte.
Una invitación a dejarse atrapar por una poetisa que nos ubica en las realidades de un continente que se niega a rendirse en sus luchas, y que a cambio se reafirma más en sus múltiples identidades que nos habitan.
así no se puede caminar. no se puede una perder entre los cuerpos, entre las botellas rotas, entre las calles sin salida, entre goznes, cagarse una en la madre que lo parió, perderse, encontrarse una perdida, saberse una sin rumbo, ensayar uno por aquello de ensayar saber, saber, saber andar rota por la calle, rumbaida y sin color que destelle, sin sacos, sin latas, desposeída, a la intemperie, ver las cosas desde allí, encontrarse a los mejores.

Tres poemas de Mayra Santos-Febres
Espero mi pasado…
Espero mi pasado
al pie de la escalera.
La luz choca en mis hombros
crece y se regala
a mi intersección encogida.
Todos los polvos suaves
de todos los caminos se congregan en mis pupilas
para deliberar sobre mi caso desahuciado.
No hay órbitas, ni eclipses, ni palomas grises.
Sólo estoy yo
sentada al pie de la escalera
con el universo revertido en mi cintura,
con el sol hinchándome las axilas,
con la soledad mamándome del seno
Urbanizaciones
había que parar revoluciones
había que cortarle
la cabeza a las huelgas
a los atentados
que se sucedían como hongos
como bailarinas bacterias en pan verde.
los contratistas observaron
a las trabajadoras de la aguja.
se fueron a santurce a puerta de tierra
estudiaron a los muelleros
deliberaron.
hay que construir urbanizaciones
cada cual en su casita con su cajita
con su magia eléctrica westinjaus
y su plan para los dientes
construir y mientras tanto aplastar
a los que no quieren cemento
edificar jardines hermenéuticos
expandir el narcotráfico
de la equilibrada belleza.
cada cual en su casita con su cajita
y su magia auricular para la lengua.
urbanizaciones
y los que no caseríos.
bajo cemento todos.
que no oigan latir al tecato
a la nena violada pariendo
a la doña de ojos violetas
y de labios hinchados.
urbanizaciones
hay que construir la panacea
que borra toda guerra del semblante.
no tenemos territorios
es mentira la sal en nuestro plato.
todo ha sido repartido
mientras nosotras
ponchábamos el trabajo a dobletiempo.
estas nalgas tampoco son nuestras
es mentira la caricia sobre el muslo.
las yerbas, lo único poseíble
yacen aplastadas bajo asfalto.
no tenemos nada
ni palmas para la mano.
así es mejor.
la canción sudorosa
esa yegua pentagrámica
que nos arrima poco a poco
nos avisa la hora de romper valla
de llevarnos cubo tacón
barrigas sin velo
las tuercas
tirarles en la cara la Singer
y con su bombilla refulgente
cheques de desempleo.
esta canción abrazo y fuego
para los archivos
es la única casa habitable.
allí la palabra campea
y la conocemos bien,
clemencia.
susurran que llore una canción
carne de diablo
que recoja y doble mi desespero
lo restrigue con limón
para aromarlo a ropa limpia.
yo oigo;
medio inversa me pregunto
cómo cuándo y por dónde llegaron
los susurros a este plano de enfrente
en que se plantan y apuntan hacia el salto
hacia la esquina triste de su fuerza.
me dicen: la garganta es el punto
donde comienza la historia
la de la sal y las algas
la del sudor y astilla de pulpa ingrávida.
señalan hacia las sordas rutas
donde pájaros mueren y revientan
para recogerse en instantes de llegada:
mujeres resbalosas
reconociéndose la fruta
el anamú que las ensarta grano a grano
me dicen que llore una canción
carne de diablo.
seca
abro la boca
a ver qué montruos de párpado reverso
salen de la recóndita tripa
donde me late el grito.
Bolero #7
acerco mi dedo al instante
de tu cuello en mapa de alas,
poros, rincones
increíble distensión para la fruta.
acerco mi dedo al jolgorio de tu cuello
accesible a golpes marinos,
a gentíos enfrente de bares.
tu cuello-avenida del grito
que reconoce sectas hogareñas,
las más opíparas noches para piedra y fuego.
acerco el dedo:
la querencia sube desde esta desnudez
curada a palos, a la escapada
que a veces no deja ni abrir
las piernas de la sílaba
así.
acerco el dedo.
tocarte es revolú de puntillitas,
de hojas que nacen del ombligo
y chocan con el tuyo tan sonero.
como si fuese ayer,
cuando desconectadas las ecuaciones,
los rios superpoblados, coitos arbóreos
barro, ese
que es una de tus carnes largas;
multiplicada en savia, maíz,
funche dulce, en gofio.
acerco el dedo ensimismado en su travesía
toco puente, no llego
acerco en mi tu cuello a dedos
a tramos mios de muslos y extensiones,
se completa un ciclo lunar.
criatura de moluscos, hombre
líquidez es tu baile de artefactos
de cartílagos hasta tu esquina
criatura de nasas
me acerco
tu cuello es el eje.
así.
encontrarse con alguien
en las coordenadas de la desnudez
en las exactas coordenadas de la desnudez
en la mismita punta de un tramo que incide hacia abajo
hacia el punto más táctil de la desnudez.
allí encontrarse con un profundo extraño
desconocerlo aún más
reinventarlo en la sangre, en los jugos
que vienen hartos de estarse deslizando
bajo los sustos de las sílabas.
una quiere que la toquen
sin más complicaciones que el deseo
y de repente se encuentra con
ese otro lenguaje
más rotundo
que la misma desnudez.



