Crítica

Señal Literaria: los libros como la vida

Erick Duncan lidera este proyecto de Señal Colombia desde hace casi dos años. Señal Literaria es el único programa dedicado exclusivamente a la literatura en toda la programación nacional. Su impacto en la circulación de la cultura local y el fortalecimiento de la memoria del país le ha valido su continuidad. Señal Literaria se ha transformado en un referente para los lectores anónimos a los que va dirigido y para la comunidad literaria a la que le ha abierto un espacio de amenidad y comprensión.

Por: William Rosero
Estudiante de Licenciatura en Literatura, Univalle

Piedad Bonnet y Erick Duncan en Señal Literaria. Foto: RTVC.
Piedad Bonnet y Erick Duncan en Señal Literaria. Foto: RTVC.

Erick Duncan, la cara visible de este programa, es un escritor y periodista caribeño de aspecto juvenil y charla amena. Según afirma, creció entre libros, lo que acabó por conducirlo al oficio de la escritura. Sus textos y crónicas han sido publicados en distintos medios del país, como El Espectador, El Heraldo o la revista Semana. Hace dos años publicó Soñé que nadie moría en la víspera (2024), una antología de sus crónicas en la que aborda el pasado reciente con mirada exhaustiva y espíritu comprometido.

Hollman Morris y María Paula Fonseca, gerente y subgerente de RTVC, respectivamente, fueron los responsables de llevar este proyecto adelante. El propósito inicial fue el de recuperar un espacio en la televisión nacional y destinarlo al cultivo de nuestra enorme tradición literaria. Este “vacío literario”, como lo denomina Duncan, vino a ser ocupado por Señal Literaria, que, además de su vocación más evidente, también tiene el objetivo de devolver la literatura a la intimidad de los hogares y estimular la discusión y el pensamiento de los colombianos.

Señal Literaria cuenta con el respaldo de Señal Memoria, el archivo audiovisual y sonoro de RTVC, por lo que todos los episodios están provistos de una breve cápsula del tiempo con la que el espectador puede realizar un viaje al pasado de la mano de grandes personalidades de la literatura universal.  Asimismo, dado el profundo vínculo que une el programa con diferentes instituciones, bibliotecas y librerías, durante cada episodio se le destina un apartado a la difusión o reconocimiento de alguna entidad o librero que con su labor haya contribuido al enriquecimiento de la cultura literaria.

El primer episodio se estrenó el 25 de junio de 2024, y tuvo como invitada especial a la poeta y novelista colombiana Piedad Bonnett. El estilo informal, al menos en apariencia, de la charla, aunado a la personalidad serena del propio Duncan, le confiere un aura de intimidad y sencillez al programa que podría explicar su inesperado éxito, dada la propensión general por consumir contenido modelado por los algoritmos corporativos. Esta apuesta por una “temporalidad” alternativa, dilatada, lenta, fue justamente uno de los principios que orientaron la creación del programa.

El propósito inicial fue el de recuperar un espacio en la televisión nacional y destinarlo al cultivo de nuestra enorme tradición literaria. Este “vacío literario” vino a ser ocupado por Señal Literaria, que, además de su vocación más evidente, también tiene el objetivo de devolver la literatura a la intimidad de los hogares y estimular la discusión y el pensamiento de los colombianos.

El rechazo a la espectacularidad de los formatos rosa y la atención preferencial que recibe el trabajo de cada invitado ha convencido de participar a escritores tan escurridizos como Evelio Rosero, a quien no se le ve con frecuencia en compañía de periodistas o enmarcado por una cámara de televisión. Este acercamiento, de naturaleza más bien personal, solo responde a un interés genuino, honesto, y esto es lo que transforma cualquier conversación sobre libros en una discusión por los asuntos más elementales de la vida. Señal Literaria le devuelve al país una franja de silencio compartido, el silencio que solo se llena con las palabras de la literatura, para que se detenga sobre sí mismo y pueda desandar el camino automático de la cotidianidad. Duncan se ha convertido en el catalizador perfecto de esta búsqueda, pues solo se puede transmitir pasión desde la pasión, y eso es lo que buscan los televidentes que siguen el programa desde sus respectivas casas o en los festivales donde han hecho acto de presencia.

Cada programa cierra con la invitación a que el escritor lea un fragmento de su obra. Bonnett, por ejemplo, leyó algunas líneas de su afamado libro Lo que no tiene nombre. La encarnación de las palabras en la voz de quien les dio forma es siempre un fenómeno, cuanto menos, curioso. No hace falta ser un lector compulsivo, un ratón de biblioteca o un acomplejado esnob para saber apreciar el valor de un momento como este. Señal Literaria le devuelve la materialidad al objeto literario, más allá del libro mismo, y revitaliza la importancia de reconocer al artífice que hay detrás de ellos sin apelar a adjetivos provocadores o frases hechas. Razón tenía Duncan cuando dijo que este proyecto “dejará un invaluable documento histórico que dará cuenta de lo que se escribía en nuestro país”.

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