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Relato de un psicópata

Problemas de comportamiento asociados con la niñez, elocuencia y encanto, tendencia a la mentira, conducta manipuladora y astuta, promiscuidad, un estilo de vida abusador, crueldad e insensibilidad y carencia de cualquier tipo de remordimiento, son algunas de las características que, según la ciencia, definen al psicópata criminal. Para quien lea Toño Ciruelo, el nuevo libro de Evelio José Rosero, sin duda les serán familiares.

Por: Jhon Gamboa
Estudiante de Comunicación Social y Periodismo

Portada del libro Toño Ciruelo, de Evelio José Rosero. Tusquets, 2017 - Foto: libropolis.com.co
Portada del libro Toño Ciruelo, de Evelio José Rosero. Tusquets, 2017 – Foto: libropolis.com.co

“… y las trincho por el cuello, no se asustan, me miran como si se tratara de un juego, así les gusta, y me gritan cerdo –como si quisieran que realmente lo sea”, es la confesión que Toño Ciruelo le comparte a Heriberto Salgado, su compañero de la infancia, en un libro que le dejará tras visitarlo con la amenaza de morir intoxicado, después de 20 años de ausencia.

Evelio hará uso de la fuerza de este encuentro para desentrañar, desde la perspectiva de Heriberto, la vida de Toño, no sin antes imponer en los primeros párrafos un aura de odio y repulsión que acompañará a este personaje en adelante, sirviéndose de una exageración en detalles físicos que dan cuenta del temor que impusieron su presencia y acciones desde su época de estudiante de colegio en Bogotá, y cuya cumbre será la confesión de un asesinato.

Lamentablemente, la novela falla al precipitar algunos elementos en su final. Dado que la construcción del personaje es argumento suficiente y las respuestas que da son oportunas para la historia, la arbitrariedad con la que parecen introducirse los últimos hechos deja un sabor agridulce en el lector, pues cuesta aceptarlos como verosímiles, más allá de cualquier licencia que conceda su poesía

Si bien en lo ocurrido durante tal lapso recaerá, valga decirlo, el primer interrogante que tendrá el lector, cobrará mayor importancia el misterio que rodea aquel asesinato, debido a la naturaleza de la novela.

De esta manera, se dará paso a su historia mostrando la cercanía de unos niños –Fagua, Heriberto y Toño– convocados por la literatura rusa, una relación en la cual la vida de Toño empezará a gravitar con mayor fuerza, una vez se pone de manifiesto su círculo privado. En él se revelarán las indecencias que practica con su hermana, la soledad y probable locura de su madre y el rencor que siente hacia su padre, un senador de la república. Estos, como principal justificación del carácter de Toño, serán cruciales; sin embargo, el autor se apurará a desligarlo de todos ellos, dejándolo libre de ataduras, para así empezar a esbozar su vida.

Evelio sabe que muchos de los relatos que componen la historia de sus personajes son, en apariencia, innecesarios para la novela, pero continua, restándole importancia, seguro de que esto ayudará a que las preguntas que surjan a futuro se concentren en Toño Ciruelo y el misterio que lo reviste.

Con ello en mente, contará el hambre que pasaron sus compañeros por culpa de este en un viaje a Barranquilla, el atrevimiento con las mujeres asistentes a una boda, la persecución por parte del “El Versificador”, la pelea en la procesión religiosa de personas incapacitadas en un pueblo llamado Secreto y la noche cuando fueron a un bar a tener sexo con prostitutas. En cada uno de estos episodios reluce Toño, bien sea por su nula consciencia frente a los otros, por su lenguaje –descrito en el libro como “los más ocres vocablos”-, por su autoridad ante Heriberto y Fagua, por el miedo que impone su presencia y el enigma que emana de sí, al punto de ser seguido a todas partes y en todas sus ideas, sin importar lo que esto signifique. Igualmente se dará cuenta de sus aventuras en Europa, donde Toño sirvió de alivio, después de evaluar con una dura mirada aquella realidad, a muchos exiliados y perseguidos políticos.

Este recuento, en la novela, se logra sin tentar al tedio al lector, pues Rosero procede con inteligencia, presentándolo mediante un diálogo entre sus compañeros, lo que impide olvidar el correspondiente hilo narrativo. Así pues, vagando entre el pasado y el presente, configurará a Toño Ciruelo, el “Ubicuo, Infaltable, Temadruga”, ya sea mediante episodios que lo tienen a él como protagonista o por medio de lo que terceros dicen al respecto.

La novela, tras lo anterior, volverá su atención sobre las preguntas que derivaron de la muerte de “La Oscurana” y lo sucedido en sus 20 años de desaparición.

El autor, entonces, presentará lo hecho por Toño una vez regresó a Colombia. Reunidos en La Risa de Dios, grupo al que Heriberto asiste durante sus años universitarios, se harán públicos los rumores de la supuesta autoría de su antiguo compañero en exposiciones que mostraban “el cuerpo de un niño encontrado en el hueco de un árbol”, “cabezas humanas en las almohadas, calaveras convertidas en platos, un corazón en una sartén, una bandeja de ojos que humean, un cráneo que sirve de cenicero”, “matronas desnudas, comadres sentadas en largas poltronas, muy tiesas, pechos caídos”; de fotografías de “mujeres vendiéndose en las esquinas, de locos y mendigos, de recicladores de escombros”; y de la creación de la “Granja de la libertad”.

Visto con detenimiento, esto es fiel testimonio de lo que quizá Evelio pretendió con este trabajo: mostrar la cara más eludida de Bogotá. Sólo mediante la presentación y construcción de un personaje como Toño, habrían sido creíbles estas actividades, tanta tendencia a lo grotesco.

Lamentablemente, la novela falla al precipitar algunos elementos en su final. Dado que la construcción del personaje es argumento suficiente y las respuestas que da son oportunas para la historia, la arbitrariedad con la que parecen introducirse los últimos hechos deja un sabor agridulce en el lector, pues cuesta aceptarlos como verosímiles, más allá de cualquier licencia que conceda su poesía.

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