Yuruparí: rostros que narran país
¡Ay! Josefina, Josefina/prenda de mi corazón
¡Ay! Josefina, Josefina/prenda de mi corazón
Echame la tierra encima/No me des tanto pizon
Echame la tierra encima/No me des tanto pizon
Juan Lara y Catalino Parra, Gaiteros de San Jacinto, Bolívar
Por: Víctor Morrón
Estudiante de Sociología, Univalle

Mientras era profesora en la UNAL, Gloria Triana se interesaba por la imagen y el aporte que esta podía tener en un ejercicio etnográfico. Después de 42 años, su interés por comprender las prácticas cotidianas de una comunidad resulta valioso si se quiere saber qué significa ser colombiano. Entre sus tantas caras de dolor, pobreza, hambre, pero también de alegría, lucha y resistencia.
Yuruparí es una serie documental de la cual se emitieron 64 capítulos entre los años 1983-1987, y narra las diferentes fiestas tradicionales a lo largo de Colombia, resaltando los contextos de sus comunidades y relatos de vida como el de José Torres, un maestro e intérprete de la marimba quien transmite su arte a las nuevas generaciones a la orilla del río Guapi, en el departamento del Cauca. “A los hijos míos les he enseñado, pero yo no aprendí con mi papá, como le dije, vivo enseñándoles a mis hijos todavía, porque todavía no me saben bien, ellos ya figuran, pero me les hace falta, para tocar, para hacer cosas bien hechas, que después no se las rechacen”.
De igual manera, se encuentran rostros como el del artesano Miguel Ángel, conocido como Ñango, quien ayudó a construir una de las carrozas que circuló en las festividades de San Pacho, celebradas en Quibdó (Chocó). Desde entonces, las comunidades ya denunciaban el abandono estatal del Pacífico colombiano, habitado principalmente por población afrodescendiente, y la negligencia de los políticos locales de la época.
José, Ñango y María de Jesús Hernández son esos rostros negros, indígenas y mestizos que se narran en Yuruparí, sugiriendo la diversidad étnica que conforma este pedazo de tierra sufrida, y los rezagos de una herencia colonial, cristiana, africana y patriarcal manifiesta en muchas de sus festividades. En Yuruparí cada rostro narra una historia y da cuenta de las distintas tradiciones que conforman lo que sea que signifique ser colombiano.

José Torres, maestro e intérprete de la marimba, transmitiendo su arte a las nuevas generaciones a la orilla del río Guapi, en el departamento del Cauca.
En medio de la multitud y el ritmo de la chirimía, surge una carroza con la silueta de un hombre afro; tiene en sus manos un plato vacío y una cuchara, mientras exclama: “Si muere tu pueblo, acuérdate de ti, soy la plegaria de tu pueblo, no tengo nada que pedir, ya que tú ni miras”.
María de Jesús Hernández muele el carbón, lo malpa con sus manos envejecidas, lo huele a ver si está húmedo. Durante 50 años ha preparado la pintura de los cachaceros (o negros) en las festividades de los cuadrillero,s celebrada desde la época colonial en San Martin (Meta). En este caso, y como en muchas festividades nacionales, su rol de mujer anciana la limita a labores domésticas o privadas como moler y embadurnar de carbón a los hombres que se mimetizan como guerreros en los conflictos coloniales entre etnias. María de Jesús ríe y muestra sus manos tiznadas por una mezcla de carbón y miel; la fiesta está por comenzar.
José, Ñango y María de Jesús Hernández son esos rostros negros, indígenas y mestizos que se narran en Yuruparí, sugiriendo la diversidad étnica que conforma este pedazo de tierra sufrida, y los rezagos de una herencia colonial, cristiana, africana y patriarcal manifiesta en muchas de sus festividades. En Yuruparí cada rostro narra una historia y da cuenta de las distintas tradiciones que conforman lo que sea que signifique ser colombiano.

Foto: rtvcplay.co



