Un intelectual palestino de Occidente
Representaciones del intelectual
Edward W. Said
Paidós, Barcelona, 1993
125 páginas
Por: Mateo Fajardo
Estudiante de Lic. en Literatura

Foto: https://www.casadellibro.com
Las seis conferencias de Edward W. Said que componen este libro, escritas cada una para ser leídas semanalmente en la BBC durante un espacio al aire de treinta minutos, ofrecen una descripción sistemática de lo que hasta el momento significaba la figura del intelectual. El autor fue invitado a iniciar el ciclo de las Reith Lectures para el año 1993, sumando su nombre al de los destacados pensadores y académicos que desde la inauguración del programa en 1948 a cargo de Bertrand Russell ocuparon anualmente las cabinas radiofónicas del medio de comunicación masivo público de Londres. Hoy se pueden descargar los audios originales de las emisiones en la página web de la BBC y escuchar la lectura de Said, como también las conferencias del historiador Arnold Toynbee o la voz del científico responsable de la primera bomba nuclear, Robert Oppenheimer, entre otros personajes ilustres del siglo XX.
Las seis conferencias de Edward W. Said que componen este libro, escritas cada una para ser leídas semanalmente en la BBC durante un espacio al aire de treinta minutos, ofrecen una descripción sistemática de lo que hasta el momento significaba la figura del intelectual. El autor fue invitado a iniciar el ciclo de las Reith Lectures para el año 1993, sumando su nombre al de los destacados pensadores y académicos que desde la inauguración del programa en 1948 a cargo de Bertrand Russell ocuparon anualmente las cabinas radiofónicas del medio de comunicación masivo público de Londres
Edward Wadie Said, palestino tempranamente emigrado a E.E.U.U., defendió siempre la causa de su pueblo, incluso mientras impartió cátedra de literatura comparada en la Universidad de Columbia, sin reparar en la estabilidad de su nombramiento como profesor que su postura política podía perjudicar. Su nombre adquirió más fama cuando un fotógrafo lo capturó arrojando piedras contra la frontera israelí en su tierra de origen. Sin embargo, su imagen no estuvo realmente asociada a ningún fanatismo político ni religioso, a pesar de los consabidos señalamientos y estigmatizaciones que suelen recibir todas las figuras contradictoras por parte del establishment y sus acólitos. Participó activamente en el debate político, sin neutralismos cómodos, pero declinó todas las invitaciones a detentar puestos de poder: “Rechacé todos los ofrecimientos que me hicieron para ocupar cargos oficiales; nunca me afilié a ningún partido o facción… Nunca pude creer completamente en los hombres y las mujeres -porque eso es lo que ellos eran después de todo, simplemente hombres y mujeres que mandaban ejércitos, dirigían partidos y países, ejercían una autoridad básicamente absoluta. El culto al héroe, e incluso la noción misma de heroísmo aplicada a la mayor parte de los dirigentes políticos, siempre me ha dejado frío” (pág. 112-113).

Foto: https://loff.it
El intelectual que describe Said está construido sobre la piedra angular de Sócrates, aunque en ningún momento de sus conferencias recurra directamente al legado griego. Reconoce la dificultad de expresarse en términos universales, pues “hablar hoy de los intelectuales significa hablar específicamente de las variaciones nacionales, religiosas e incluso continentales del tema, porque cada una de dichas variaciones parece requerir una consideración independiente” (pág. 40). Se trata de reivindicar valores de justicia y verdad universales sin sesgos nacionalistas ni dogmas incuestionables. La tan afamada “torre de marfil” en la que se concibe al hombre de pensamiento como una criatura ajena al mundo, ensimismada en la fantasía de su propia verdad incomunicable, es por completo extraña al intelectual de Said.
Sobre una extensión en promedio de 20 páginas por cada conferencia, los títulos de las mismas son los siguientes: I. Representaciones del intelectual; II. Manteniendo a raya a pueblos y tradiciones; III. Exilio intelectual: expatriados y marginales; IV. Profesionales y aficionados; V. Hablarle claro al poder; VI. Dioses que siempre defraudan. En la primera conferencia, que engloba a las demás, se confronta la concepción de intelectual que el italiano Antonio Gramsci desarrolla en su libro “Cuadernos de la cárcel” y la del francés Julien Benda consignada en el tratado “La trahison des clers” (La traición de los intelectuales). Gramsci extiende el término “intelectual” sobre un conjunto amplio de oficios remunerados y lo vincula con la estructura económica de una sociedad. Distingue entre intelectuales tradicionales (profesores, clérigos, administradores) que realizan una misma labor sin grandes variaciones, e intelectuales orgánicos (publicistas, expertos, industriales, economistas) que sirven a los intereses de un centro de poder político-económico.
El intelectual que describe Said está construido sobre la piedra angular de Sócrates, aunque en ningún momento de sus conferencias recurra directamente al legado griego. Reconoce la dificultad de expresarse en términos universales, pues “hablar hoy de los intelectuales significa hablar específicamente de las variaciones nacionales, religiosas e incluso continentales del tema, porque cada una de dichas variaciones parece requerir una consideración independiente
Benda, por el contrario, afirma que “Los auténticos intelectuales son aquellos cuya actividad no está esencialmente guiada por objetivos prácticos… ponen su gozo en la práctica de un arte, una ciencia o la especulación metafísica, o dicho más brevemente, en la posesión de ventajas no materiales…” (pág. 24-25). Said acepta la enorme atracción que ejerce la figura del “auténtico intelectual” propugnada por Julien Benda, en cuyos ejemplos se cita a Voltaire, Jesús, Spinoza… pero entiende que la concepción de Antonio Gramsci comprende mejor la realidad de la sociedad industrial moderna, en donde el intelectual desempeña unas determinadas funciones. No obstante, el autor se inclina más por el carácter corrosivo, “cáustico” como diría León de Greiff, y desestabilizador con que se representa al intelectual en novelas como “Padres e hijos” de Turgenev, “La educación sentimental” de Flaubert y “Retrato del artista adolescente” de Joyce: “La representaciones del intelectual, sus articulaciones de una causa o idea con vistas a la sociedad, no se orientan al fortalecimiento del yo o al encomio del status. Tampoco se las contempla como algo que ante todo está al servicio de poderosas burocracias y generosos empresarios que reparten empleo. Las representaciones intelectuales son la actividad misma, dependiente de un tipo de toma de conciencia que es escéptica, comprometida, inquebrantablemente consagrada a la investigación racional y al enjuiciamiento moral; y esto pone de relieve al individuo y lo interpela” (pág. 37).
En 2018 se cumplen 15 años de la muerte de Edward Wadie Said y sus ponderadas Reith Lectures no dejan de tener vigencia en la actualidad.



