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Relatos cortos para humanos ailurófilos

Un gato ha entrado en mi sueño (2022) es el último libro del escritor caleño Fabio Martínez. Una colección de cuentos acerca de las vidas y pilatunas de sus nueve gatos, seres sensibles e inteligentes que nos hacen notar lo que muchas veces es imperceptible para el ojo humano.

Editorial: Sial Pigmalión
Páginas: 100
Año: 2022

Por: Sofía Londoño Galeano

Foto: sialpigmalion.es

Aquí manda el gato. Este es el mensaje que reza en la placa de cobre que El Tigre y Madame Emily tienen en la puerta de la casa para demostrar que en su hogar ellos no toman las decisiones; por lo menos, no las importantes. Los gatos les susurran las respuestas, les corrigen los textos y les expresan necesidades y deseos con sus contoneos.

El profesor Fabio Martínez (Cali, 1955), escritor de más de quince libros y ganador del Premio Escriduende (2018) y del Premio Internacional Rubén Darío (2019) en los últimos años, es el autor de Un gato ha entrado en mi ventana. Esta compilación de dieciocho historias cortas describe las vidas de sus nueve gatos de una forma pintoresca, pero cargada de simbolismos, en los que florecen sus personalidades, gustos y talentos. Para Martínez, los gatos no son meros animales de compañía, y su belleza va más allá de la mirada estética simplista con la que cualquiera puede deleitarse al ver a estos felinos. Los gatos, al igual que las personas, cargan con un campo de representación complejo. Ellos nos observan y, con esa misma mirada calificadora, juzgan nuestro actuar, un actuar que hemos basado en la superioridad a la que nos suscribimos como raza humana. Según los nueve gatos de El Tigre — Katia, Duquesa, Lolita González, La Negra, Tita, Moro, Teo, Toby y Lupita —, así como nosotros nos formamos una imagen de ellos, estos a su vez construyen un concepto de nosotros. Felinos juzgadores de carácter, silenciosos microcosmos paseantes. 

La narración reflexiva y asequible de Martínez permea todo el texto. Se refiere a la diosa Bastet, protectora de la fertilidad, del hogar y los secretos femeninos, para señalar el carácter sagrado que los gatos tienen en Egipto, donde son venerados por los humanos y tratados con distinción. En cambio, en la mayor parte del resto del mundo, la especie humana se ha consolidado como el gran perseguidor de estos animales que han sido benevolentes, incluso cuando seguimos desterrándolos, abandonándolos y hasta envenenándolos. Y es que históricamente también hemos perseguido con miras a obtener una ventaja. De persecución en persecución es que se han formado guerras, se ha colonizado y se han destruido las tierras, mares y ríos. 

El autor se autodenomina El Tigre, aun siendo su esposa Madame Emily la verdadera jefa de la manada humana y gatuna. Las historias, que apelan a la dinámica de un hogar que gira en torno a los requerimientos felinos, trata a cada gato como un ser integral de cuerpo y espíritu, y al escritor como un gato más, sedentario y territorial. Sin embargo, así como el humano tiene algo de animal, los gatos contienen algo de humanidad. En el segundo relato titulado “Así manda el gato”, se observa un paralelo en cuanto al riesgo de la urbe nocturna, tanto para la gata hermosa y oronda, como para la mujer. La calle despiadada es motivo de preocupación en ambos casos, donde las féminas son acechadas por acosadores a los que deben hacer frente incesantemente. Otra semejanza la encontramos en el carácter tinieblo de los machos y hembras gatunos y humanos, tal y como es descrito en “Toby, el tinieblo”. En este relato, el gato amante de la noche regresa solo hasta la madrugada para comer, después de haber pasado de rumba en rumba en los tejados vecinos.

Esta compilación de dieciocho historias cortas describe las vidas de sus nueve gatos de una forma pintoresca, pero cargada de simbolismos, en los que florecen sus personalidades, gustos y talentos. Para Martínez, los gatos no son meros animales de compañía, y su belleza va más allá de la mirada estética simplista con la que cualquiera puede deleitarse al ver a estos felinos.

La representación de la caleñidad dota de colorido a las narraciones por medio de los espacios, la herencia de Hernando Tejada, los Farallones y la salsa. Es Lupita González la gata que encarna el sentimiento vivaracho de melodías como el currulao, la guaracha o el guaguancó, y que lleva en su pecho un cartel que sostiene Escuela para gatos salseros. Por su parte, Lolita González es quizás la gata de mayor importancia. Nacida en la Biblioteca Departamental Jorge Garcés Borrero, de padres cazadores de ratones salvajes, más no de ratones de biblioteca, se convierte en la correctora de pruebas para El Tigre. Lectora eterna y amante de la musicalidad del teclado al tacto de la mano humana, Lolita corrige sin descanso, supliendo a El Tigre de una de las habilidades esenciales del escritor: la corrección. 

Como filósofos, los otros gatos meditan sobre la lectura como forma de divertimento para el espíritu, los ruidos del mundo que opacan los sonidos, la eutanasia, la idea profiláctica de adoptar gatos en vez de concebir hijos, y acerca de esa capacidad particular que conservan los felinos: hacernos ver lo que no queremos ver.

Finalmente, queda resaltar que el libro logra lo que pocos consiguen: adaptarse a los lectores de todas las edades. Esto se alcanza gracias al estilo sencillo de Martínez, que no le resta complejidad al carácter reflexivo del texto. El sexto sentido de estos seres intuitivos es venerado, para dar paso a su sabiduría ancestral. Quizás adoptando esta visión felina de las siete vidas, podremos dar paso como especie a una mejor existencia humana.

Fabio Martínez, escritor y profesor de la Escuela de Estudios Literarios de la Universidad del Valle.
Foto: Tomada del Facebook de Fabio Martínez.

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