Movilizaciones sociales que reclaman la paz ¿La misma problemática de ayer, hoy y de siempre?
Por: Ana Lorena Tulcán
Estudiante de Trabajo Social

“Porque por cada indio muerto,otros miles nacerán. Totoroes y Paeces, Yanaconas y Guambianos. Coconucos, Siapidaras, todos indios colombianos. Pa” delante compañeros dispuestos, a resistir. Defender nuestros
Himno de la guardia Indígena
derechos, así nos toque morir”.
Hace unas semanas estaba en una de esas filas eternas en las que se escucha todo tipo de conversaciones y lo dejan a uno impresionado. En esa larga espera noté que adelante mío estaba un argentino y me causó extrañeza que en su opinión hacia los Acuerdos de paz, estuviera bien informado, tal vez hasta un poco más de los que estábamos ahí y quienes lo escuchábamos con atención.
Sin ser presuntuoso, al hablar del sistema de gobierno de su país y haciendo comparación con el nuestro vi que se necesitaba argumentos fuertes para justificar la crisis por la cual están pasando distintos sectores sociales del país, pues si regresamos un poco a las páginas de la historia nos daremos cuenta que no es más que la repetición de uno de los episodios más viejos de Colombia en el que lo único que ha cambiado son los actores, es decir nosotros.
Las marchas y los últimos paros reiteran el rechazo hacia la consecutiva violación de derechos civiles y étnicos de la población luego de diez meses de haberse firmarse la paz
Para lanzarse al debate cotidiano y hablar de lo que le pertenece al pueblo, vale hacer una crítica que aporte pequeños cambios y estar convencido de la necesidad de una paz urgente, porque es triste enterarse que después de la firma de los acuerdos de paz, los hechos de violencia no han hecho otra cosa que seguir creciendo con efervescencia en contra de los derechos de los pueblos indígenas y de la preservación del territorio, sobre todo contra aquellos que son considerados sagrados por sus comunidades.
Aquel hombre, abogado de profesión, amenizó nuestra espera y sin darse cuenta nos dejó con dudas acerca de la calidad de vida de los argentinos quienes cuentan con los suficientes recursos otorgados por el Estado para llevar una vida digna y que a diferencia de nosotros, quienes estamos siendo sometidos a un recorte cada vez más injusto del presupuesto que el Estado debe proporcionar a la sociedad en cuanto a salud, educación, vivienda y empleo. Las marchas y los últimos paros reiteran el rechazo hacia la consecutiva violación de derechos civiles y étnicos de la población luego de diez meses de haberse firmarse la paz.

Retomando uno de los capítulos más recientes, el pasado 24 de Mayo la carrera quinta de la ciudad de Cali fue la alfombra roja que recibió la gran marcha indígena “Por la protección de territorio, la vida y la dignidad de los pueblos” convocada por la Organización Nacional Indígena de Colombia y que contó con la participación de resguardos indígenas de todas las regiones, del Cauca, del Pacífico, del eje cafetero, del Magdalena y hasta del Amazonas. Todos acudiendo al llamado con 10 mil voces abanderadas de coraje para denunciar la represión y el abuso de grupos armados en sus territorios y las constantes amenazas y desalojos hechos por el ELN. Igualmente rechazaron la poca atención recibida por parte del Estado en cuanto al derecho de consulta previa presentado para participar en el debate de normas para la implementación de los acuerdos de paz. La consulta previa es la que garantiza su derecho a la participación, protegiendo su integridad cultural, social y económica y los faculta para que tomen medidas legislativas y administrativas cuando se van a realizar proyectos, obras o actividades dentro de sus territorios.
Es imposible hablar de paz cuando se está pasando por encima de la voz de las autoridades indígenas, implantando megaproyectos, instalando minerías legales e ilegales y explorando hidrocarburos sin ninguna aprobación en su territorio, ¿una paz de atropellos?
Sucede algo en el campo que en las ciudades no notamos y los medios tradicionales y tecnológicos de comunicación más frecuentados tampoco lo revelan completamente. Marchar este 24 de mayo me reafirmó la conexión que hay con un mismo espíritu que exige libertad y respeto por la Tierra y sus comunidades. Es imposible hablar de paz cuando se está pasando por encima de la voz de las autoridades indígenas, implantando megaproyectos, instalando minerías legales e ilegales y explorando hidrocarburos sin ninguna aprobación en su territorio, ¿una paz de atropellos?
Repetidas marchas como la del movimiento afrodescendiente en Buenaventura, la de maestros promovida por Fecode en todo el país y la gran marcha indígena demuestran la necesidad fervorosa de sacar a la luz las problemáticas que han sido ignoradas por décadas y que hoy en día siguen arraigadas a la población y al territorio como una enfermedad compleja de tratar.
No es lo mismo participar en esta coyuntura frente a un televisor o dando tweets y likes como dice María Paulina Baena en su videocolumna de El Espectador, pues la realidad de un suceso contado desde nuestros propios sentidos prevalecerá siempre ante el hecho contado desde la inmediatez de la noticia. Este día, éramos colombianos invitando a otros colombianos por las calles de Cali a aunar esfuerzos y expresar que no están solos y que ahora están más hermanados que nunca. Los relatos cortos de guerra que se escuchaba de los que habían llegado de muy lejos para apoyar la marcha estremecían el ambiente con las anécdotas de resistencia, no se trataba de un grupo de personas llamadas minorías sino de una gran multitud de movimientos indígenas, campesinos y populares empoderados gritando ¡no más mentiras señor presidente, exigimos la paz para todo el pueblo, no la paz para unos cuantos de corbata!
Si la paz sigue quedándose en los discursos y la realidad colombiana sigue agravándose, ¿qué efectos más va a causar la implementación de los acuerdos de paz a la población en general, sobre todo ahora cuando finalice la fase de entrega de armas de las FARC?. Es una lucha que no es sólo de indígenas y campesinos sino de todos y todas a los que nos duele el efecto de la guerra y no dejamos que la desidia adormezca el interés de construir una oportunidad de paz determinante para el futuro del país. Jairo Rivera, politólogo y activista social del movimiento Voces de Paz dice que “hay que seguirle exigiendo al gobierno y a la insurgencia el respeto por la palabra y el sagrado valor de cumplir lo pactado, pero además hay que meterle más pueblo a la implementación, debemos extirpar del país la idea de que la paz está hecha a la medida de la guerrilla o a la medida del gobierno”, ahora más que nunca.

El camino es trabajar por un destino de los acuerdos de Paz a favor nuestro. El pasado 9 de junio Boaventura de Sousa dijo en la VIII asamblea de estudiantes de la Universidad Autónoma Indígena Cultural del Cric, que la cuestión no es sólo democrática sino histórica porque en el contexto en el que estamos la paz democrática debería buscar resolver los problemas que dieron raíz a la primera lucha armada y así darle sentido y significado a lucha milenaria que mantuvieron estos pueblos que tienen una legitimidad anterior a la del Estado colonial, pero lo que pasa en Colombia es que “no se quiere tocar el modelo económico, estamos hablando de una paz neoliberal con una codicia muy grande por los recursos que el país tiene; sólo se está haciendo una pausa para el conflicto el cual va a seguir, de otras formas y con otros actores y eso significaría que las guerrillas salgan de sus territorios y entren las multinacionales a codiciar los recursos de la Naturaleza y ese es el modelo de paz que tienen en la cabeza de los gobernantes”.
¿Qué podemos proponer en ese momento de transición que apenas comienza y en el que abundan los modelos de pensar y no trascienden los modelos de hacer? Desde los dispositivos móviles por ejemplo, podemos interactuar a diario con la información que ofrecen los medios pero nos conformamos con titulares que sólo abarcan una parte de la noticia y omiten la otra.
Frente a ello, Olga Lucía Lozano y Susana Wappenstein lanzaron el año pasado el proyecto llamado en Modo Persona, en modo Pos, un paisaje sonoro que recopila las voces de los colombianos sobre lo que piensan acerca de este primer año de posconflicto. Mediante una aplicación móvil cada persona puede expresar la manera cómo afecta su vida cotidiana la firma de los Acuerdos de Paz. Una gran iniciativa periodística promovida por dos mujeres que buscan dar otro sentido a lo político y colectivo a través de los sentidos y de los sentimientos, “preguntamos por el significado que damos cotidianamente a lo que vivimos cada día, lo que pasa desde lo que sentimos y cómo esos sentimientos proveen un renovado sentido colectivo a lo que usualmente se asume como personal y privado pero que, en rigor, es público y compartido”.
Lo que pasa en Colombia es que “no se quiere tocar el modelo económico, estamos hablando de una paz neoliberal con una codicia muy grande por los recursos que el país tiene; sólo se está haciendo una pausa para el conflicto el cual va a seguir, de otras formas y con otros actores
Con esta plataforma virtual que reúne información verídica sobre el impacto de los acuerdos de paz, es posible reconsiderar el potencial de las redes virtuales para la construcción de espacios de paz de manera interactiva y además dar un uso diferente a las herramientas tecnológicas que habitualmente nos extraen de la realidad en lugar de acercarnos más a ella.



