Las Palabras nuevas, una novela parida desde el distrito de Aguablanca
La escritora, dramaturga y profesora Ana Yuli Mosquera Becerra ganó el Premio Jorge Isaacs en la Colección de Autores Vallecaucanos del 2021 con su libro Las Palabras nuevas, narrado desde las entrañas de María del Carmen, una adolescente que crece en un barrio del distrito de Aguablanca.
Título: Las Palabras nuevas
Autora: Ana Yuli Mosquera
172 páginas
Por: Yenniffer Cuenú Caicedo
Estudiante de Licenciatura en Literatura, Univalle

Foto: Tomada de las redes sociales de Ana Yuli Mosquera.
“Oigo sonar el guasá con sonidos incitantes, y siento un clamor en el cuerpo que me recorre hasta el alma, cuando me llaman de adentro, de las profundas entrañas, los gritos de mis ancestros formando tempestades en mi corazón y en mi sangre…”,dice Mary Grueso en su poema “Naufragios de tambores”. Este clamor que te recorre hasta el alma se parece al reconocimiento; sucede cuando un personaje se integra en tus vivencias pasadas o presentes y tienes conciencia de que hay muchas Marías del Carmen (así se llama la protagonista y narradora de los diarios íntimos de la novela Las Palabras nuevas de la dramaturga y profesora Ana Yuli Mosquera), criadas en el distrito de Aguablanca, que se identificaran con su historia de reconocimientos, soledades y búsquedas.
Hay también mucho de María del Carmen en su propia autora, sobre todo, recalcan ella misma, por esa capacidad de soñar y de penetrar en los temas más humanos. El amor, el dolor, la identidad, la familia, la evocación, entre otros. Ana Yuli Mosquera Becerra nació en la ciudad de Bogotá, pero creció en la ciudad de Cali, rodeada de su padre chocoano, su madre huilense y sus siete hermanos. Estudió Arte dramático en el Instituto Departamental de Bellas Artes y Licenciatura en Literatura en la Universidad del Valle. Dos pasiones que mezcla en su experiencia docente. Durante varios años perteneció al grupo Teatro Diez y allí participó en el montaje de una obra que recreaba el gran universo de Gabriel García Márquez, titulada Daguerrotipo, personificando a Úrsula Iguarán. Años después, funda Trenza Teatro con el propósito de resignificar la cultura afro y el papel de la mujer negra en Colombia.
“Alguien debe escribir”, son las últimas palabras que resuenan en mi mente luego de leer la novela Las Palabras nuevas. Alguien debe escribir para humanizar, para comprender y para nombrar. Alguien debía escribir Las Palabras nuevas. Qué bueno que Ana Yuli Mosquera se haya atrevido a parir una obra que tiene la edad de uno de sus dos hijos: 25 años para trenzar suspensos, componer versos, significar vivencias y, sobre todo, para narrar poéticamente al distrito de Aguablanca.
María del Carmen escribe en soledad. Su esfuerzo por descifrar el amor y el afecto de otros es también una búsqueda de sí misma para enfrentar su orfandad, aunque en ocasiones su madre le peine el cabello como si estuviera dando caricias o su hermano la haga reír y su amiga la escuche, como una verdadera confidente.
No puedo dejar de pensar en el Pacífico, específicamente en Buenaventura, en el Chocó, en Tumaco, en Nariño, en Guapi, etc., y recuerdo a mi abuela advirtiendo sobre lo que se avecinaba. Decía que era un dolor en el pecho que se intensificaba al ritmo de las olas del río, como si rugieran. “Era la guerra”, recuerda. Los incrédulos lo siguen negando, hasta que deben empacar unas cuantas mudas y huir. ¿A dónde llegan los que huyen del desplazamiento? A la periferia. El distrito de Aguablanca es una de esas periferias que narra María del Carmen. Un lugar que te desdobla o te abraza, pero te obliga a ampliar la perspectiva y a cumplir lo que te dicen dentro o fuera del barrio: “Mija, estudie para que sea alguien en la vida”.
Las Palabras nuevas está llena de detalles narrados en todos los sueños, los miedos y las ausencias de María del Carmen. “Alguien debe escribir que la muerte se pasea por las calles”, escribe María del Carmen en su diario. Alguien que escriba que en el distrito hay fronteras invisibles, pero también ollas comunitarias; que hay curanderas y no brujas, que hay jóvenes que lloran y otros que ríen. Que el futuro tiene sueños, piensa María del Carmen; sueños y palabras que narran el territorio. Sueños para soltar las armas y creer en la Paz. Sueños para alzar la voz y luchar por tus derechos. Sueños para amar y valorar de dónde vienes y a dónde irás. Sueños para comprender lo disímil. Que un dios, dos, varios, o ninguno, no nos distancian. Hay muchos sueños para derribar los prejuicios y los estereotipos.
María del Carmen escribe en soledad. Su esfuerzo por descifrar el amor y el afecto de otros es también una búsqueda de sí misma para enfrentar su orfandad, aunque en ocasiones su madre le peine el cabello como si estuviera dando caricias o su hermano la haga reír y su amiga la escuche, como una verdadera confidente. Un amor al que le hacían falta palabras porque nadie había sido capaz de soltar un “te quiero”. Sueños para decir lo que se piensa y nunca callar lo que se siente.
Las Palabras nuevas es una novela de sueños y ensueños. Intensa en el ritmo de la narración, en la prosa y en la evocación de memorias colectivas. Una narración desde el interior de una adolescente que desea sembrar sueños en aquellos que dejaron de soñar porque están cansados, como su mamá, que se pasó la vida trabajando sin condiciones laborales; o para convencer a su hermano Luis y a su novio Javier que estudiar es importante. Sueños para su hermano Augusto, que decidió irse por el “mal camino”. Sueños para escapar del peligro de la noche que susurra a balazos. Hay anhelos de hallar las palabras precisas para narrar por qué en el distrito de Aguablanca pasa lo que pasa, aunque solo encuentres un “montón de suspiros”.
“Alguien debe escribir que en el Oriente también se ríe”, señala María del Carmen en su penúltima consigna del diario. Las palabras son sus aliadas para convertir cada verso en rostros, con muchas caras felices, tristes, cansadas, adormecidas, soñadoras, y, en su mayoría, “… gente negra venida de Chocó, Buenaventura, Guapi, Tumaco y Cauca” que todavía resiste. Gente que todavía tiene muchos sueños y sigue esperando por más novelas acogedoras como Las Palabras nuevas.



