La salsa en tiempos de nieve
La conexión latina Cali-Nueva York (1975-2000)
Alejandro Ulloa Sanmiguel
Por: Carlos Jiménez

Alejandro Ulloa obtuvo un premio nacional de ensayo en el año 2021 con este libro, que se suma a la ya copiosa biografía existente tanto académica como literaria sobre “la salsa” y sus dimensiones culturales, musicales e incluso sociales. Y a la que él mismo ha contribuido con varios títulos, entre los que se destaca este porque se centra en las relaciones entre la salsa y la producción, el consumo y el tráfico internacional de la cocaína y los estilos de vida asociados a la misma. Para cumplir este propósito recurre a conceptos de su autoría como el de “memoria herida” y el de la “etnografía en caliente”, con los cuales compone una historia de dichas relaciones que se centra en los años 80 y 90 del siglo pasado, que fueron los del auge y esplendor tanto de la salsa como de la cocaína para todos aquellos que, como él, observaron dichos fenómenos desde Cali. La ciudad que todavía se considera a sí misma como “la capital mundial de la salsa” y que cree igualmente que Nueva York es la “capital del mundo”, tal y como lo proclama la canción Cali pachanguero, escrita por Jairo Varela, fundador del grupo Niche.
Esta historia, apoyada en abundante documentación y en numerosas entrevistas a protagonistas, participantes y testigos de aquella época, resulta convincente. Y concede respetabilidad académica a lo que ya era un secreto a voces: los vínculos entre el llamado “Cartel de Cali” y el auge de la tendencia musical que recibió el nombre de “Salsa” en Nueva York, gracias, ante todo, al empresario Jerry Masucci y su exitoso proyecto musical y discográfico: Fania All Stars. Esta historia no es, sin embargo, un mero relato; es, por el contrario, una historia articulada conceptualmente que se esfuerza por aclarar el sentido de dichos vínculos explorando y exponiendo su contexto y sus principales determinaciones económicas, sociales y culturales.
Tal y como lo repite el propio Ulloa, su libro trata de explicar por qué Cali cumplió en aquella época un papel protagónico en la producción y la exportación de la cocaína al mercado neoyorquino y por qué dicho protagonismo se asoció tan estrechamente al fenómeno de la salsa.
Entre las respuestas que él ofrece a estos interrogantes destaca, en primer lugar, la que atribuye una función muy importante a la colonia de caleños en Nueva York, muchos de cuyos integrantes de entonces se vincularon a los recorridos de ida y vuelta entre la metrópolis norteamericana y su ciudad de origen, tanto de la salsa como de la cocaína. Sin la existencia de esta nutrida colonia – cuyo notable incremento fue estimulado por una ley de inmigración aprobada en Estados Unidos en 1965, que amplió el acceso que antes estaba reservado a los portorriqueños – dichos flujos difícilmente habrían alcanzado el volumen y la intensidad que de hecho alcanzaron.
Las otras razones consideradas por Ulloa son sobre todo de índole cultural e incluye, en primer lugar, el sorprende espíritu empresarial que demostraron personajes de origen popular que levantaron, en un caso, y prácticamente de la nada, la formidable industria de la cocaína, y en el otro, la igualmente importante industria del entretenimiento salsero. En segundo lugar, cierta disposición favorable a las actividades al margen de la ley por parte de quienes en Cali y en Nueva York estaban asediados por la marginalidad y la pobreza. Así como por parte de otras capas y segmentos de la ciudadanía caleña, incluidos algunos de los más encumbrados, que se mostraron tolerantes con la bonanza coquera cuando no intentaron beneficiarse directamente de la misma.
Tal y como lo repite el propio Ulloa, su libro trata de explicar por qué Cali cumplió en aquella época un papel protagónico en la producción y la exportación de la cocaína al mercado neoyorquino y por qué dicho protagonismo se asoció tan estrechamente al fenómeno de la salsa.
La suma de estas actitudes estaría en la raíz del surgimiento de lo que Ulloa llama la “cultura traketa”, concebida por él como una transformación de la cultura popular pre existente que vendría a ser una secuela duradera del impacto social de la citada bonanza, luego que a la misma le pusiera fin el desmantelamiento de los carteles de Cali y del norte del Valle. El otro sería la estigmatización de la ciudad por su asociación con dichos carteles y de la que sus dirigentes y la misma ciudadanía han intentado librarse. En el catálogo de estas operaciones reactivas o profilácticas figura la negación de la experiencia vivida por quienes efectivamente la vivieron y que, por lo tanto, serían las víctimas o los portadores de una “memoria herida”. La misma que alentaría los esfuerzos colectivos por sepultar definitivamente ese pasado y acuñar una nueva imagen de la ciudad inmaculada o, por lo menos, congruente con la moral dominante.
Por último. Lamento que esta historia de las relaciones non santas entre la salsa y la cocaína no encuentre el lugar que merece “la guerra contra las drogas” declarada por el presidente norteamericano Richard Nixon en 1972. Sin dicha “guerra” jamás habría habido bonanza coquera ni se habrían podido formar las todopoderosas mafias, cuyas disputas por el control de la producción de la coca y de los distintos mercados internacionales de la misma, ensangrentaron a la ciudad y al resto del país. Y termino lamentando también que Ulloa hubiera dedicado tres capítulos del libro a la revisión pormenorizada de la bibliografía existente sobre temas como la memoria, la historia o la etnografía, que resulta indispensable en una tesis doctoral pero no en un ensayo destinado a un público amplio. Con las citas intercaladas, las notas de pie de página y la inclusión de una amplia bibliografía, habría bastado para demostrar que el autor tiene la suficiente competencia intelectual para abordar con seriedad y rigor los temas investigados y expuestos.

Foto: ntc-narrativa.blogspot.com



