I Seminario Nacional sobre Género, Acoso Sexual y Derecho a la Diversidad. La política de género en la Universidad del Valle
Conversación con la profesora Alba Nubia Rodríguez Pizarro
Entre el 5 y el 9 de marzo se realizó en la Universidad del Valle el I Seminario Nacional sobre Género, Acoso Sexual y Derecho a la Diversidad, organizado por la Escuela de Estudios Literarios y el Centro de Estudios de Género, Mujer y Sociedad. Hablamos con su directora, Alba Nubia Rodríguez Pizarro, quien nos habló sobre la realización del evento y las políticas que se están promoviendo dentro del Campus.
Por: Carolina González
Estudiante de Lic. en Filosofía

Foto: Oscar Hembert Moreno Leyva
La profesora Alba Nubia ha trabajado con el Centro de Estudios desde 1995, como directora designada desde marzo del 2017, y su cargo fue formalizado el 10 de mayo del 2017. Su pregrado fue en antropología, su maestría y doctorado en sociología; actualmente es profesora de la Escuela de Trabajo Social y Desarrollo Humano.
La Palabra: ¿A qué necesidades responde el lanzamiento de este primer seminario?
Alba Nubia Rodríguez Pizarro: La necesidad se debe ubicar en tres contextos: en el contexto mundial, donde se ha puesto sobre la mesa la violencia de género, el acoso hacia las mujeres y que ha llamado la atención sobre la necesidad de desnormalizar ciertos comportamientos, ciertos tipos de relaciones que se han considerado naturales; pero que están generando violencia, están generando malestar. El otro contexto es el regional, que va por la misma línea, y es la abrumadora violencia contra las mujeres; tanto en el nivel nacional como en el nivel regional. Ya en lo local, tenemos que hablar de Cali que es una de las ciudades, desafortunadamente, con un índice alto de violencia de género. Por supuesto, también aquellos que suceden en la universidad, que no debieran ser.
La necesidad de este seminario se debe ubicar en tres contextos: en el contexto mundial, donde se ha puesto sobre la mesa la violencia de género y el acoso hacia las mujeres; en el contexto regional y la abrumadora violencia contra las mujeres; y en el contexto local, pues Cali es una de las ciudades, desafortunadamente, con un índice alto de violencia de género
En ese orden de ideas, era fundamental hacer un evento que permitiera el ejercicio de desnaturalizar esos comportamientos, permitirnos pensar que no es normal el acoso, no es normal la violencia; que hay comportamientos muy arraigados culturalmente, que es necesario reflexionar sobre ellos, comprender qué sucede y qué están generando en las mujeres, en las diversidades, en los distintos actores que confluyen en los ámbitos educativos.
LP: ¿Cómo fue la selección de los ponentes?
ANRP: Con la profesora Cristina Valcke, desde el mes de octubre comenzamos a reunirnos para ponernos de acuerdo en esos tres ejes que nos parecían fundamentales: género, que era la gran sombrilla de qué entendemos por eso, qué implica esta discusión. El segundo muy sentido a nivel mundial, nacional y regional, que era el de acoso sexual. Por último, el derecho a la diversidad. Inicialmente, acordamos en esos tres ejes del seminario, posteriormente, comenzamos a ver quiénes podrían estar. Nos pareció que como era un seminario nacional, debían estar personas de talla nacional; pero también nos interesó visibilizar el gran trabajo y la cantidad de personas que trabajan en la Universidad del Valle sobre el tema. Estos dos fueron los temas para invitar a las personas expertas, no sólo desde la academia, sino personas de las organizaciones sociales, que están atendiendo los casos de violencias basadas en género y que tienen una amplia trayectoria en el hacer.
LP: En este tipo de eventos se piensan que siempre van los mismos de siempre, que son personas que han sido víctimas de este tipo de violencias. ¿Qué estrategias hay, entonces, para educar al agresor, que es un poco receloso de ir a este tipo de escenarios?
ANRP: Cuando se hace un seminario, que fue tan bien recibido, yo creo que no sólo estuvieron las personas víctimas, creo que también algo le llega a los agresores. Si bien no es un trabajo directo, si es un trabajo que está brindado información, sobre todo, en desnaturalizar algunas actitudes y algunos comportamientos que se consideran naturales. Te doy un ejemplo, en el evento se planteaban cosas como: “¿O sea que ya no podemos decir piropos? ¿Cómo me doy cuenta que un piropo puede ser agresión? ¿Hasta dónde es el límite? ¿Cómo construir el límite?”. Porque a veces nos parece, y tenemos la idea de que los agresores son personas enfermas, por fuera de la sociedad; pero resulta que no. Si tu miras las cifras de las personas que han sido agresores, de las personas que han ejercido violencias basadas en género, son personas de la cotidianidad. Entonces, pueden ser los mismos estudiantes, los trabajadores, los y las profesores, los mismos amigos que sin tener intencionalidad, por el asunto de naturalización; por eso yo diría que ahí logramos llegar.
También había expresiones como: “En este seminario he aprendido mucho”. Vuelvo al punto, en el proceso que nosotros hemos venido haciendo con la política de género, que implica reuniones con profesores y profesoras, con estudiantes, con personal administrativo, con los vigilantes, encontramos expresiones muy interesantes, nos dicen: “Vea, profesora, ayúdeme que de eso no sé. Puedo incurrir en ciertas faltas no porque yo quiera incurrir, sino porque no conozco, porque no sé”. En el personal de vigilancia nos dicen: “Profesora, ¿cómo tratamos a las personas con orientación sexual diversa, con identidad sexual diversa?”. Fíjate que hay una sensibilidad importante frente al tema, que también nos permite llegar, si bien no a todos los agresores, a potenciales agresores, o a personas que han incurrido en acciones violentas, aunque esa no haya sido su intencionalidad.

Foto: http://www.univalle.edu.co
LP: Frente a la pedagogización que se ha hecho con los diferentes estamentos de la universidad, más allá de decirles qué es violencia de género, ¿se le ha dicho cómo prevenirla? ¿Cuál sería la ruta de atención para las víctimas? ¿Cómo se está enseñando a tratar a la víctima y a quien agrede?
ANRP: Tenemos una propuesta de ruta. Y la misma universidad tiene instancias que atienden este tipo de situaciones. Para los profesores nombrados tenemos que ir al Comité de Asuntos Disciplinarios. Si algún profesor o profesora incurre en un hecho de acoso o de violencia basadas en género, el estudiante debe recurrir, en primera instancia, a su director de programa. Éste llama a las dos partes, para oficiar, si el caso lo amerita, a control disciplinario. Finalmente, son ellos quienes inician el proceso. En el caso de los trabajadores, es la Secretaría General de la universidad; y en el caso de los estudiantes es en el Comité de Asuntos Estudiantiles. Nosotros (el Centro de Estudios de Género) tenemos asiento en el Comité de Asuntos Estudiantiles, es decir, cuando hay este tipo de casos, nos llaman para contribuir a que no haya procesos de revictimización y sea un proceso más ágil. Además, que se pueda entender, por lo naturalizadas que están las violencias basadas en género, que efectivamente hay violencia de género.
¿Dónde establecemos el puente entre la academia y lo de afuera? Cuando nosotros planteamos una política institucional de género y proponemos que no haya un sólo egresado de la Universidad del Valle sin formación en género; allí estamos impactando fuertemente. No es lo mismo una persona formada en el área de la salud con perspectiva de género, a una persona de esta misma área que no tenga ni idea de perspectiva de género. No es igual un maestro formado en la Universidad del Valle que haya tenido en su eje de formación general, formación en género, a un maestro sin ella
La universidad tiene estas instancias y opera. ¿Dónde tenemos el cuello de botella? En que los procesos son muy lentos, y mientras la persona pone la queja o hace la denuncia, hay un cuello de botella en que se queda sola, en el que es revictimizada. Muchas veces esa persona que denuncia, incluso, sufre agresiones de sus pares; porque denunció, porque se quejó, porque para qué lo hizo. Por eso ahí tenemos un cuello de botella, tanto en las instancias que estamos funcionando, como en la ruta de atención que estamos construyendo; porque necesitaríamos una red de apoyo. En el caso de algunos estudiantes que han denunciado, tras esta situación viene la entrevista, que plantea lo que pasó, etc.; en esto la persona se va quedando sola, y empieza a preguntarse “¿Para qué denuncié? ¿Por qué lo hice? Vienen agresiones, miedos. Estamos tratando de solucionarlo, estamos tratando de establecer puentes con entidades del gobierno local, para que mientras nosotros logramos resolver ese cuello de botella, podamos remitir a esa persona que necesita apoyo, para que no se quede sola.

LP: El trabajo que se está haciendo dentro de la universidad es importante, porque es la primera instancia en que debemos actuar, porque es donde estamos. Ahora, a las personas que estamos dedicadas a la academia se nos suele criticar que nos centramos en lo académico. ¿Hay políticas para salir de la universidad, ir a enfrentarnos a las personas que están fuera de este medio, que de pronto no tienen oportunidad de ver más allá de los medios de comunicación o del internet, qué sería esto de violencia de género?
ANRP: La universidad por su razón de ser es un asunto primordial. Igual el Centro de Estudios está preocupado en lo que tu planteas. Y efectivamente tienes razón, dedicarnos a hacer investigaciones, a hacer consultorías es todo lo que tenemos, que es muy importante, pero nos hace falta mirar más allá: ver qué está pasando dentro de la universidad, así siga siendo academia.
¿Dónde establecemos el puente entre la academia y lo de afuera? Cuando nosotros planteamos una política institucional de género y proponemos que no haya un sólo egresado de la Universidad del Valle sin formación en género; allí estamos impactando fuertemente. No es lo mismo una persona formada en el área de la salud con perspectiva de género, a una persona de esta misma área que no tenga ni idea de perspectiva de género. No es igual un maestro formado en la Universidad del Valle que haya tenido en su eje de formación general, formación en género, a un maestro sin ella. Ahí está este puente, porque para tu ver las violencias basadas en género, para tu ver la inequidad de género, necesitas tomar formación en perspectiva de género.
La experiencia que tuvimos con estudiantes de San Fernando fue muy interesante. Una chica de enfermería nos dijo: “Profesora, yo no sé ustedes por qué vienen aquí, si nosotros no tenemos problemas de violencia de género. La carrera que yo hago está totalmente feminizada, y admiro a mis profesoras, ellas son unas eminencias. Aquí no tenemos esos problemas que ustedes ponen ahí: de violencias basadas en género, de inequidad de género”. Entonces le dijimos: “¿Por qué crees que estás en una carrera tan profundamente feminizada?” Cuando comenzamos a transitar y la chica se puso las gafas de género, comenzó a decir “Claro profe. Aquí han ocurrido casos de acoso; ahora caigo en cuenta de un profe que me invitaba. Pero sólo ahorita caigo en cuenta, porque a mí me parecía normal que yo le gustara a un profesor y él me invitara”. Fíjate cómo ella no tenía en cuenta que las relaciones entre profesor o profesora y estudiante, son asimétricas, que son relaciones de poder; por lo tanto, no hay ninguna invitación que debe mediar. Entonces, me parece que eso que llamamos lo académico, que creemos que se queda aquí adentro, no es tan cierto.
Si nosotros logramos que éste sea un ethos de la universidad: la formación en género, estamos aportando a la formación de una sociedad distinta, porque al menos ya se están desnaturalizando estos comportamientos. Hoy los estudiantes de la Universidad del Valle, al menos dicen: “¿Hasta dónde puedo llegar? Esto no es natural, esto no es normal. No es cierto que cuando una chica me dice que no, me está diciendo que sí”.



