Evelio José Rosero. 34 cuentos cortos y un gatopájaro
El cuento es una expresión estética que determina a sus lectores, que los transforma. En el cuento se encuentra la esencia del narrador y la maestría del escritor. En su más reciente obra, Evelio José Rosero, nos invita a repensarnos la cotidianidad que ha perdido el ritual como esencia de vida pero que mantiene la imaginación y la palabra como medios de resistencia ante la sospecha del fin de la historia.
Por: Felipe Paris
Docente de Literatura

En el mismo momento en el que le clave el ojo, a esa figura disforme que se incrustaba en aquel libro de formato mínimo, supe que algo iba a decirme. El título del libro me interesó por el primer componente: cuento corto: sin tapujos, sin miseria, sin más truculencia que la figura casi mitológica que aparece como segundo componente del título: gatopájaro: un ser contradictorio, así como usted o como yo.
Le di un par de vueltas en mis manos. Buscaba el límite que permite entrar a ese mundo maravilloso de lo desconocido. Lo abrí evitando descifrar las letras, concentrándome en la calidad del papel, en el dulce olor de la palabra nueva. Luego, lo volví a cerrar. Tomé la decisión de comprarlo al leer el nombre de su autor.
Minicuento, minificción, cuento corto, cuento mínimo, cuento extra corto, entre otros títulos se lee en las caratulas de los libros y entre las líneas de las revistas que escriben los académicos. Simplemente lo voy a llamar cuento porque cumple con las tres condiciones –que los expertos han decretado–: único tema, conflicto y brevedad.
Como se imagina, lector, el ejercicio de la construcción de un mundo posible es complejo y dispendioso. Se complica mucho más en la medida en que no puedes superar las 3 mil palabras. En máximo dos páginas tienes que construir un conflicto, presentar unos personajes, crear un ambiente y cerrar la historia. Un proceso que requiere de precisión y, sobretodo, de la capacidad creativa que hace parte indispensable en el quehacer literario; de allí que se diga que el cuento es uno de los géneros más complejos de la literatura.
Evelio José Rosero viene trabajando con la palabra y la imagen desde hace un par de décadas. Cuento y novela se enfrentan al ensayo y al teatro por el tiempo del escritor colombiano. La fantasía aparece con su obra infantil, sin dejar a un lado una crítica al conflicto armado, a esa desmedida condición de violencia que enfrenta el país. La fama le llegó gracias a la novela “Los Ejércitos” (2006) y desde allí no lo ha abandonado.
Durante la Feria del libro de Bogotá, del año 2013, se realizó el lanzamiento del libro, “34 cuentos cortos y un gatopájaro”, de la editorial Destiempos. En él se editó una colección de cuentos publicados por Rosero, entre 1978 y 1981, en diferentes periódicos y revistas de la ciudad de Bogotá. Aun cuando el autor había decidido no darle más espacio a éste género en su trabajo, la decisión de elaborar un nuevo título nos llena, a sus lectores más fervorosos, de satisfacción.

La obra carece de una estructuración específica y este asunto no es menor puesto que le quita la posibilidad de ser un libro fuerte. Algunos de los textos tienen la dificultad para ser llamados cuentos, pueden ser relatos, anécdotas o poemas en prosa. Este punto es interesante a la hora de las definiciones y de las teorías pero no le quita la magia que posee el buen escritor.
Entre las voces y las imágenes del libro se pasean Quiroga y Storni, Rulfo y García Márquez, Bioy Casares y Borges, Calvino y Rodari. Los ecos del surrealismo y la fantasía construyen las calles y las casas. Sin caer en contradicciones el rumor del mar de Tumaco y los desérticos sueños de la Capital aparecen de la mano del realismo. Los diálogos mezclan la vivencia personal y la genialidad de los niños. Las enumeraciones son constantes: objetos poetizados, cargados de nuevos valores. La preferencia por seres marginales no excluye que varios narradores sean niños y mujeres que pueden estar atrapados en el sentimiento o liberados por la esquizofrenia.
Lo abrí evitando descifrar las letras, concentrándome en la calidad del papel, en el dulce olor de la palabra nueva
Y si bien, la razón no es el afán último de la obra, el final de los cuentos trata de cerrar la historia, lo que les encamina a la explicación lógica desvirtuando la apuesta poética anterior. Este uso del final es una táctica que viene de los grandes maestros decimonónicos y que en ocasiones termina por desechar la innovación del cuento. De igual manera, el juego con las palabras, los personajes arquetípicos, las frases cortas que han caracterizado a los grandes cuentistas, se evidencian en el libro. Es una obra joven pensada con ímpetu y rebeldía pero con precisión y buen tono.
A lo largo de la obra se encuentran dos temáticas constantes. (Entre muchas otras que son importantes en la poética del colombiano: el erotismo, el amor, la violencia, la política). La existencia y la escritura. Ambas corren tras sus propios fantasmas, se detienen en sus cuestionamientos pero lo más interesante resulta cuando se conectan. Las preguntas que mueven el pensamiento filosófico aparecen una y otra y otra vez en varios personajes. Sus dudas son legítimas, propias, sin intenciones esnobistas. Así mismo, el quehacer del escritor se cuestiona. La truculencia a la que critica se manifiesta como parodia, permite la intervención del lector. Aspecto clave en toda obra narrativa que quiera ganarse los afectos y sobretodo que busque generar preguntas que puedan ir más allá de lo evidente.



