En la cámara de mis ojos: Festival Internacional de Cine de Cartagena
Edición N° 58
¿Qué nos muestran las producciones actuales?, ¿cómo se relacionan con la historia o el presente de un país? o ¿cómo posicionan al espectador respecto a aquellas películas que por su contenido se convierten en un documento histórico o establecen una verdad? Éstos y otros interrogantes se plantearon en el Salón Ficci, lugar de encuentro para los asistentes e invitados al Puro voltaje que encendió la ciudad amurallada en el Caribe.
Por: Ana Lorena Tulcán
Estudiante de Trabajo Social

Terminaba el segundo mes del año y Cartagena abría nuevamente el telón al festival que reúne lo nuevo del cine colombiano, esta vez acompañado del cine francés y español, y entrega la estatuilla de la India Catalina a las competencias de ficción, documental, cortometraje, cine colombiano, gemas y nuevos creadores. Treinta y tres largometrajes, treinta y un cortometrajes, de los que trece fueron estrenos mundiales y veinte iberoamericanos. De la lista se destacan, el Susurro del Jaguar y Piripkura, de Brasil y de Colombia, el documental The Smiling Lombana, los largometrajes Sal, Virus Tropical, La Torre y Matar a Jesús, la cual se llevó el premio del público.
El festival además de ser un encuentro transdisciplinario en el que confluyen productores, directores, guionistas, críticos de cine, docentes e investigadores en el campo audiovisual y medios de comunicación, es para muchos una congregación al cine, así lo refiere el director de Sal, William Vega, quien lo vive, lo respira, lo siente y lo conversa todos los días en las calles, entre otros idiomas y acentos; estamos frente a un oasis de películas, valiosas y necesarias para formar público e identidad. Para ello, el Puerto Ficci y el Salón Ficci brindan un espacio de autoformación enfocado en la intercambio de experiencias entre los miembros del sector cinematográfico.
El festival además de ser un encuentro transdisciplinario en el que confluyen productores, directores, guionistas, críticos de cine, docentes e investigadores en el campo audiovisual y medios de comunicación, es para muchos una congregación al cine, así lo refiere el director de Sal, William Vega, quien lo vive, lo respira, lo siente y lo conversa todos los días en las calles, entre otros idiomas y acentos; estamos frente a un oasis de películas, valiosas y necesarias para formar público e identidad
Con el apoyo de la Aecid — Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo—, el Consejo Nacional de las Artes y la Cultura, la Universidad Pontificia Javeriana y la Universidad Pontificia Bolivariana, el Puerto Ficci potencia aquellos proyectos audiovisuales que están en pleno desarrollo y requieran financiación para producción, rodaje, posproducción o distribución y puedan salir al mercado audiovisual, postulándose en la programación de otros festivales de cine. Mientras en el Salón Ficci, escenario donde se llevan a cabo ruedas de prensa, lanzamientos, conversatorios y clases magistrales con invitados especiales como Maribel Verdú, Tilda Swinton y Owen Wilson, el director de Colciencias Alejandro Oyala y la directora del Instituto Alexander Von Humboldt, Brigitte Baptiste, la historiadora Diana Uribe y directores de festivales de cine, como Cannes y Locarno.

Foto: Ana Lorena Tulcán
Ante la evolución inminente en la producción de nuevos contenidos audiovisuales para cine y la televisión, la academia y la industria dialogaron con el propósito de ampliar sus redes, fortalecer agremiaciones y abordaron entre otros temas, los logros de la Educación Audiovisual en Colombia, la producción de contenidos según el tipo de público y la respuesta de los medios de comunicación a la hora de difundirlos. Al respecto, Laura Mora directora de la carrera de cine de la Universidad de Magdalena, planteó que la academia debería aliarse un poco más con la televisión pública. Es el caso del canal regional Telecaribe, que por encima de los canales privados tuvo treinta y tres nominaciones a la estatuilla y ganó catorce gracias a la calidad de sus contenidos producidos por guionistas, editores y animadores que han logrado dar otra faceta al canal y que según Mora, asumen la necesidad de contar historias con un compromiso humano e intelectual no desde una demanda externa sino desde la misma región.
En cuanto a la producción de contenidos, en el conversatorio El artificio revelador de lo real con la cineasta Lucrecia Martel explicó que estamos en un momento donde la mayoría quiere encajar en el cine de autor, es decir en la categoría de intelectual, con una visión pobre de lo que representamos como continente de diversas pieles y tonalidades; si uno escudriña y observa, difícilmente voy a quedarme tranquila, pero, ¿estamos realmente atentos? Así, cuestionó la clase de la que proviene el cine y recalcó la desconexión que existe entre quien toma la cámara y el público, pero por otro lado, valora el intento de observación, autocritica y agudeza con la que se abordan las problemáticas de cada ciudad y sugiere saber a dónde apuntar y a quién: las películas deberían zafarse del libre mercado y encauzarse a la generación de diálogos y procesos con los sectores populares, sin exotizar la pobreza o la violencia imponiéndolas como una estética más. Sin embargo, al no vincular la cultura latinoamericana al pulso del cine caemos en expresiones de homogeneidad donde no las hay.
Con el apoyo de la Aecid —Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo—, el Consejo Nacional de las Artes y la Cultura, la Universidad Pontificia Javeriana y la Universidad Pontificia Bolivariana, el Puerto Ficci potencia aquellos proyectos audiovisuales que están en pleno desarrollo y requieran financiación para producción, rodaje, posproducciónodistribución y puedan salir al mercado audiovisual, postulándose en la programación de otros festivales de cine
Un aspecto clave que engrosa lo anterior es lo dicho en el panel Cóndores no entierran todos los días y el cine colombiano: ¿una cuestión de principios?, alrededor de la producción de esta película colombiana concebida en 1984 y recientemente restaurada en color y sonido. Francisco Norden, su director, señala que la literatura de los grandes temas colombianos aún adormece en el estante y pese a que ahora existen mejores opciones de financiamiento para producir una película, estamos viendo un cine inmediato a la realidad y no un cine que sirva para construir una identidad en términos históricos. En respuesta a esto, en el arte de tejer momentos históricos y volverlos cinematográficos, Ciro Guerra expresa que las películas de hoy necesitan abrir un camino de análisis entre los hechos de hoy con los del pasado para aprender a comprendernos un poco más, y puso de ejemplo, el escenario de las civilizaciones antiguas después de la invasión española como un periodo de la historia que apenas es estudiado desde la producción audiovisual.

Foto: Ana Lorena Tulcán
Siguiendo con esta imagen, en un tiempo de conquista, esclavitud y exterminio, los principales sitios turísticos de Cartagena como el Castillo de San Felipe de Barajas, el Palacio de la Inquisición o el convento de la Popa, valdrían como locaciones precisas para recrear la historia del puerto negrero más antiguo de América o la historia de la hija del Cacique Zamba que fue raptada a las nueve de años, evangelizada y luego usada como intérprete por Pedro de Heredia, el fundador de la ciudad, para colonizar a otros pueblos indígenas, ella, la india Catalina. Para que una película exista, como ya se sabe, hay que dar muchas batallas y mientras el olvido no extinga estas historias que reposan en silencio y merecen ser narradas visualmente, podremos implantar el cine como una fuente histórica o una herramienta pedagógica, en resumidas palabras, un arma infalible de conocimiento y cultura.
Ante la evolución inminente en la producción de nuevos contenidos audiovisuales para cine y la televisión, la academia y la industria dialogaron con el propósito de ampliar sus redes, fortalecer agremiaciones y abordaron entre otros temas, los logros de la Educación Audiovisual en Colombia, la producción de contenidos según el tipo de público y la respuesta de los medios de comunicación a la hora de difundirlos
Una muestra de que el cine es objeto de estudio, es el reconocimiento concedido a la historia de la realización audiovisual documental en Colombia con la serie documental Yuruparí, dirigida hace treinta y cinco años por la antropóloga Gloria Triana. En compañía de Proimágenes y Señal Memoria la directora compartió la reciente experiencia que tuvieron al regresar a los Cerros de Mavecure para proyectar uno de los capítulos grabados en este lugar. Gracias al acompañamiento del Museo Comunitario del Guainía, Gloria se reencontró con el territorio y pudo transmitir las expresiones culturales de la comunidad de ese entonces, como oficios, rituales y costumbres propias de una generación a otra. Agradecida por el recibimiento que le habían preparado, Gloria añadió que ésta es una forma de apropiación social del Patrimonio ante el pensamiento colonizador moderno, puesto que nos lleva a discutir sobre el país desconocido que aún carece de reconocimiento por las autoridades estatales.

Foto: Ana Lorena Tulcán
Finalmente, las empresas exhibidoras de cine como Cinecolombia, también fueron punto de debate, respecto al tiempo en el que las películas colombianas permanecen en cartelera, el cual es reducido a diferencia de las extranjeras; algunos directores de cine consideran que no se valora los costos y el tiempo que conlleva realizar una cinta que bien puede tardar meses o años según las condiciones de producción. De igual manera, la crítica estuvo dirigida a aquellos medios de comunicación que abordan los estrenos desde la inmediatez y la superficialidad sin apreciar el origen de la historia, el sentir de los actores, los dilemas a lo largo del rodaje o la trascendencia de los personajes, etc., de allí, la invitación al público, decodificador de imágenes por excelencia, en que se incline por historias que lo emocionen, lo inspiren, lo cambien o lo conmuevan, que sean capaces de despertar la conciencia y el sentimiento del todo.
Es claro que los cartageneros ven el Centro Histórico como un lugar de trabajo donde la principal actividad económica se debe al turismo. Pero si el festival se expandiera en función de la ciudad, abarcaría otros contextos y enriquecería el diálogo de saberes —con asociaciones comunitarias, colectivos juveniles, instituciones educativas, bibliotecas públicas, etc. — puesto que hay historias que ya están dadas, hay otras que no. Conocer es insertar algo en lo real, y por lo tanto deformar lo real, escribía Carlo Gadda y precisamente de eso se trata el cine
Aunque el festival cuenta con el programa Cine en los Barrios y desarrolla talleres comunitarios en algunas Instituciones educativas, la ruta Ficci está diseñada para recorrer el sector turístico de Cartagena y no incluye otros sectores en los que la ciudadanía esté involucrada. Es claro que los cartageneros ven el Centro Histórico como un lugar de trabajo donde la principal actividad económica se debe al turismo. Pero si el festival se expandiera en función de la ciudad, abarcaría otros contextos y enriquecería el diálogo de saberes —con asociaciones comunitarias, colectivos juveniles, instituciones educativas, bibliotecas públicas, etc. — puesto que hay historias que ya están dadas, hay otras que no. Conocer es insertar algo en lo real, y por lo tanto deformar lo real, escribía Carlo Gadda y precisamente de eso se trata el cine.



