El poder indomable de Boavita
Durante la proyección del documental La señorita María, la falda de la montaña en la Cinemateca de la Tertulia, conversamos con el director Rubén Mendoza acerca de la acogida que ha tenido su más reciente trabajo cinematográfico. Una ocasión fuera de lo cotidiano, en compañía de un cineasta, sensible y diestro con la cámara, que trajo a la luz la historia de una mujer campesina acostumbrada a vivir la vida en el cuerpo de un hombre.
Por: Ana Lorena Tulcán
Estudiante de Trabajo Social

Foto:Tomada de Proimágenes, Colombia
Bajo el ambiente de la noche, la música y el sonido de la calle conocimos al director de cine boyacense quien desde hace cinco años respira la brisa del Valle. Comenta que ya había venido antes a Cali en tiempos de su adolescencia, hoy, reafirma su gusto por las ciudades donde el clima no obliga al recogimiento sino que invitan a la calle, a la noche y a conocerse. Ya había una comunión grande con esta ciudad, un antes de venir aquí por los mitos de gente que yo admiraba mucho como Luis Ospina o Andrés Caicedo. Por un instante se queda en silencio y nombra a Amalia, su hija pequeña de tres años, el vínculo más importante que lo une a la ciudad y lo impulsa a hacer otro tipo de planes con ella.
Después de realizar largometrajes que lo llevaron a transitar por la ciudad de Bogotá con La Sociedad del semáforo; algunos municipios de Santander con Memorias del Calavero, y Armero, en El Valle sin sombras, Rubén reemprende el viaje a Boyacá para hacer un fino retrato de María Luisa Fuentes, una mujer que tuvo que lidiar toda su vida con el dedo inquisidor, señalándola por negarse al cuerpo masculino y considerarse una mujer por encima de todo. Al igual que en Tierra en la Lengua, una historia que partió del vínculo con su abuelo en tierras del Casanare, la curiosidad por María surgió cuando visitaba a su abuela y escuchó hablar de ella; ya familiarizado con la geografía del lugar, Rubén nos introduce en un viaje hacia la intimidad de ella mostrando su rostro desde lo profundidad de su ser.
Los momentos más intensos del documental son los que acompaña el lamento sinfónico de la Banda Juvenil de Boavita: esa música la llevo en las entrañas, desde muy niño me intrigaba mucho cómo celebraban ahí la semana santa, el olor a incienso, nunca fui practicante en realidad pero pasé muchas horas de mi vida oyendo los rosarios al lado de mi abuela. Hace diez años la conoció y desde entonces el tiempo no ha transcurrido en vano. Precisamente hace siete años María aceptaba contar su historia frente a la cámara del documentalista. Él, respetando su voluntad, la esperó con paciencia hasta cuando ella se sintiera preparada para sostener su historia ante cualquiera que quisiera cuestionarla. Del rodaje quedó la amistad cultivada entre la protagonista, el director, y la productora quienes lo destacan en los últimos conversatorios en los que han participado juntos después de proyectar el documental.
Mi curiosidad por el lado femenino desde tan niño está presente en casi todas mis películas, resalta Rubén, en ésta, por ejemplo, aprendió sutilmente a convertirse en la sombra de la señorita María y a registrarla en el esplendor de sus quehaceres que se extienden por la montaña. Ahora, en su siguiente trabajo cinematográfico Niña Errante, también está presente el contacto con el universo femenino; ahora que me doy cuenta, prácticamente las nuevas sinopsis que tengo tienen que ver con heroínas y antiheroínas.
El lenguaje audiovisual en el documental es contundente, el zoom in sobre la panorámica de Boavita, el travelling por las carreteras y el uso de planos medios enfocando los diálogos y testimonios que da algunos vecinos sobre ella, compenetran al espectador: las puestas de sol, el arcoíris atravesando el campo, el eclipse de luna sellando la amistad o el telón de nubes densas cubriendo lo alto de la montaña mientras ella va desenterrando el dolor que le ha causado el estigma de su propio pueblo y narra entre recuerdos, silencios y lágrimas acumuladas por 45 años de vida.
Más allá de abordar esta historia desde una perspectiva de género, nos encontramos ante la revelación de un ser que pese al rechazo llevado a cuestas, goza de un corazón noble, genuino y fiel a sus creencias y principios. Una fuerza espiritual incontenible que brota de ella con vehemencia desde que decidió aceptar la invitación de Rubén. Sencillamente es una historia que nos devuelve al principio de los discursos que llevamos adentro y nos lleva a resignificar los viejos prejuicios arraigados en una sociedad que todavía recrimina la libertad de decidir por su sexo. Ahora la señorita María camina de otra manera, mueve su cabello frente a la cámara con confianza y responde con una fuerza indomable parecida a una especie de rayo de luz que emana resistencia, dignidad y fortaleza hacia aquellos que nos escudamos con las ideologías del momento.
Desde que este filme despegó a principios del 2017 en la edición 57 del FICCI, llevándose el premio de Mejor director, los aplausos, las críticas y los reconocimientos no dejan de llegar. Mientras Rubén atiende los mensajes de su teléfono se contenta porque dice que no la pasaba algo parecido desde el estreno de La Sociedad del semáforo. Entre proyecciones, entrevistas y conversatorios, el público le pregunta si se siente atiborrado pero luego de dar una respuesta él dice: mi papá me decía que uno tiene que responderle a todo el mundo como la primera vez y procuro honrarlo.



