Editorial

El Petronio Álvarez

Hace 20 años, el destacado historiador y antropólogo Germán Patiño Ossa, apasionado defensor de las culturas populares, entendió el aporte negro a la vigorosa diversidad cultural de la región y creó el Festival de Música del Pacífico Petronio Álvarez. Ese poderoso aporte ya lo había avizorado Jorge Isaacs en María, con la historia de Nay y Sinar, sonsacados a la fuerza de su Gambia natal.

Varios factores facilitaron este visionario emprendimiento cultural: la concentración en Cali de las comunidades del Pacífico de origen africano – Chocó, Valle, Cauca y Nariño -, más de un millón, que la erigen como la capital del Pacífico colombiano; la existencia de una élite intelectual, cultural y artística negra en Cali, especie de avanzada para la conformación de un sensorium favorable a las expresiones de los millones de esclavos que llegaron a las Américas y dejaron su impronta creativa en la música, la gastronomía, la religión, la lengua, la literatura y las tradiciones orales que aún acompañan la vida de las comunidades, periféricas y poco reconocidas pese a su vigor, que convergieron en la ciudad y encontraron su escenario en el Petronio Álvarez; los antecedentes en los años 60s con las músicas de Peregoyo y su combo Vacaná, el Brujo Córdoba y Caballito Garcés, las danzas de Mercedes Montaño, la recuperación del folclor de Teófilo Potes, de Estebán Cabezas Rher y Leonor González Mina, de los hermanos Zapata Olivella, Delia y Manuel, en el Instituto Popular de Cultura de Cali, la divulgación de las delicias de la cocina de Maura Caldas, y luego la explosión de una salsa con sabor Pacífico en los 80s en las creaciones de Jairo Varela y el grupo Niche, seguido de Guayacán y el éxito parisino de Yury Buenaventura; estos factores se conjugaron para el nacimiento del Petronio con un factor decisivo: el apoyo de la gobernación de Germán Villegas, que bajo la dirección cultural de Germán Patiño supo interpretar el proceso cultural representado por las comunidades del Pacífico en Cali y sus íntimas relaciones con la región.

La irrupción de los aires al son de la marimba, los violines, el cununo y el guasá en el Pacífico Sur y las chirimías del Pacífico Norte, el Chocó, entraron a dialogar y abrirse espacio en medio del universo sonoro de las músicas mulatas del Cari- be – el son, la rumba, el guaguancó, la bomba, la plena, el merengue, el porro y la cumbia – aires hermanados por un riquísimo cuadro de ritmos de base africanos que tendrían su más compleja fusión con la salsa, expresión urbana de las comunidades latinas, primero en Nueva York desde donde irradiaron para sus países de origen y para el mundo entero. En el Pacífico colombiano avivaron el surgimiento de una salsa con inflexión propia, y animaron a que las músicas raizales también bregaran por su reconocimiento y espacio, dando origen a un evento como el Petronio Álvarez, que además de visibilizar las músicas tradicionales ha propiciado en la categoría de modalidad libre todo tipo de fusiones con el jazz, la salsa, el Hi hop, la cumbia y el samba, conservando como base los ritmos de la música tradicional, como ha ocurrido con el African Pop.

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