El mundo visto desde una mecedora. Las novelas de Flannery O´Connor
Título: Sangre sabia (Wise blood)
Autora: Flannery O´Connor
Lumen, 2011
238 páginas
Por: Edgard Collazos Córdoba
Escritor
Decir que Flannery O´Connor fue una narradora sureña es casi una redundancia, ya que en el sur de los Estados Unidos narrar historias es un ejercicio generalizado de la población. Al igual que Erskine Caldwell, Flannery O´Connor nació en Georgia, Estados Unidos. El hecho ocurrió en el sur, el 25 de marzo de 1925, en Savannah, en el seno de una familia de ascendencia irlandesa. Con el ánimo de estudiar, muy pronto se trasladó a Iowa y luego pasó un largo tiempo en Nueva York, donde debido al lupus, enfermedad que la persiguió desde antes de nacer (su padre había padecido la misma enfermedad), se desanimó y regresó al sur, donde vivió con su madre en la granja Andalucía.
Su verdadero nombre era Mary Flannery O´Connor, nombre que decidió ocultar y llamarse solo Flannery, y ante la objeción de muchas personas que le señalaron que Flannery era un nombre masculino, ella respondía con alguna ferocidad, puede que sí, pero prefiero Flannery O´Connor a Mary O´Connor, “¿porque quién va a comprar los libros de una lavandera irlandesa?”
No bien había regresado a su tierra, se impuso una dura rutina a la que fue fiel hasta el último día de su vida. Vestía siempre blue jeans viejos y camisa de tela escocesa. Escribía a diario en el mismo lugar y a la misma hora, y luego, como ella misma decía, hacía vida de campo desde una mecedora. Desde ahí no solo veía los pavos reales que criaba y ocupaban el jardín y el porche, también observaba a muchas de las personas que luego fueron los personajes de sus cuentos.
Como G.K. Chesterton, fue una católica de sólidas convicciones. Perteneció a lo que en su país se ha llamado “Bible Belt” o Cinturón bíblico, un término utilizado para referirse a una dogmática religión de los Estado Unidos, donde el cristianismo evangélico tiene un profundo arraigo. Su experiencia vital (si es que puede ser vital alguien enfermo) y su mundo imaginario, están traspasadas por la idea de la caída, pero sin el óbice de la redención, por el contrario, al igual que en las tragedias de Shakespeare, a quien leía como se lee el evangelio, no hay redención ni futuro.
Hacia mil novecientos cincuenta y tres pasó por los estados del sur quien sería su único amor; un danés vendedor de biblias con quien solía dar paseos por el campo. En esa época ya el lupus había estragado su cuerpo; se encontraba con la piel ardida, hinchada por la cortisona y con los músculos fláccidos. Al regresar de uno de los paseos, donde el danés le dio un beso, este declaró: fue como besar a un esqueleto y desapareció de su vida. Viajó a Europa donde se casó con otra, dejando a Flannery hundida en el sufrimiento y la desolación, pero también inspirada para escribir uno de sus mejores cuentos: Esa buena gente del campo.
Al igual que Caldwell y Carson M´Cullers, a quien detestó, sus personajes son bizarros, pero hay algo particular que la diferencia, y es el recurso de la maldad, elemento que le permite la actitud despiadada hacia ellos, tal vez porque pensaba que su misión no era tener piedad sino crear una visión del mundo que heredó y le tocó vivir. Ese mundo sureño que hacia 1865 había perdido la guerra, arrojó a las calles y al campo una colección de personajes dignos de novelar, como los encontramos en las narraciones de Flannery: criminales, falsos profetas, ancianos perversos, asesinos nihilistas, seres alucinados, orates que deliran, todos ignorantes de su destino, caminando sin remedio hacia la perdición.

Flanney O’Connor viendo el mundo desde su mecedora.
Foto: https://www.milwaukeemag.com/flannery-oconnor-documentary-airs-pbs-milwaukee/
Una pregunta paradojal nace del análisis del estudio de su estilo literario: ¿cómo un fiel católico puede ejercer la maldad? Podemos responder que esas paradojas se dan en la creación artística. Recordemos, como ya se ha dicho, que narraciones como Su fuego nunca se apaga, de May Sinclair, La casa de los deseos de Kipling y los mejores relatos sobrenaturales son creaciones de artistas que negaban lo sobrenatural, y que los mejores relatos policiales no fueron escritos por policías, tal vez porque escribiendo desde el lado de las convicciones no es el mejor camino para logar la creación literaria. En el caso de Flannery, la violencia puede ser una alegoría de la redención llevada a cabo por su profunda religiosidad y su existencia espiritual, donde sintió que el único mandato al que debía obedecer era escribir bien, y eso la justificaba ante la divinidad. Buscó entonces la realidad en ese mundo literario que había inaugurado Mark Twain, quien había escrito quince años antes de que Flannery viera la luz. Por eso los personajes que hozan en sus narraciones son personajes sueltos, vagando por los caminos del sur (the Deep south).
Se sabe que escribía pensando en la obra de Faulkner (Mientras agonizo), tratando de olvidarlo para no permitir ser agobiada por su peso narrativo. Ese peso lo encontramos en esta novela (Wise Blood) publicada recientemente por la editorial Lumen. el argumento, al igual que los de Kafka, son sencillos pero intensos. Kafka era devoto de Pascal y de Kierkegaard, ella de Kafka y de Dios y esa devoción la obligó a resultados estéticos similares. En la producción de esa tragedia apocalíptica, agregó dos elementos más: la corrosión y el pesimismo, elementos que componen una visión esquizofrénica del mundo. Quien lee Sangre sabia no puede sustraerse a la fatal historia de Hazel Motes, hijo de un padre evangelista, cuya obsesión por Dios lo hace huir de él en busca de un destino que encuentra en la muerte. Este personaje desea encontrar la paz y la salvación en una religión creada por él, “La iglesia sin Cristo”. Nos asombra el delirante viaje de Hazel hacia la salvación y nos aterra la tortura a la que se somete (se rodea el cuerpo con alambres, llena sus botas de piedras, y se ciega con cal viva). Los otros personajes son grotescos; un falso predicador con una falsa ceguera y su solitaria hija, un hombre disfrazado de gorila, Hoover Shoptes un intrigante y tramposo, están enfermos de religión, tienen conciencia de ser pecadores y esa conciencia los arroja al abismo de la culpa y el arrepentimiento y luego a la penitencia.
Fue admiradora de Martín Luther King, y anti racista, por eso, pese a ser implacable con el destino de sus personajes, en sus páginas se siente un respeto por la raza negra. Así que no se entiende que, cuando James Baldwin, escritor y activista de los derechos humanos y autor de “No soy tu negro” la visitó en su granja, Flannery se negó a recibirlo.
El tres de agosto de 1964 no se puso los blue jeans ni la camisa escocesa, y esa buena gente del campo que a diario pasaba por la granja Andalucía vieron la mecedora vacía. El torrente enfermo que corría por sus venas la había matado, pero como todo en ella era paradoja, también por las venas corría el talento artístico de la creación, con el que logró la redención y la eternidad en las letras americanas.
Nota: aconsejamos la biografía escrita por Brad Gooch

Foto: https://elpais.com/cultura/2016/08/16/babelia/1471344794_406827.html




